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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

2º PARCIAL DOMICILIARIO
Materia: Psicología, Ética y Derechos Humanos
Cátedra I: Juan Jorge Michel Fariña
Profesor: Carlos Fraiman
Alumnas: Alejandra Pozzer L.U.: 33.509.7780
Josefina Mallimaci L.U.: 33.621.1710
Comisión Nº: 13

Segundo Cuatrimestre
Año 2009

Prohibido suicidarse en primavera
Los hechos transcurren en el “Hogar del suicida”, institución creada por el Dr. Ariel con la apariencia de ser un lugar que ofrece todas las “comodidades” para un suicidio pero que en realidad encubre otros fines.
A este establecimiento arriba por accidente una pareja extraviada, Chole y Fernando, periodistas que desbordan alegría y vida desentonando en aquel curioso lugar. En el transcurso de la obra logran averiguar los verdaderos objetivos del hogar y aceptan quedarse en él como ayudantes del Dr. Roda, actual director de la institución.
El personaje seleccionado para el trabajo es Juan, un huésped de este hogar al que llega acongojado por estar siempre a la sombra de su hermano. El hospicio resulta ser su último recurso ya que prefiere matarse antes que cometer un homicidio.
El punto de encuentro entre estos personajes se da cuando se logra averiguar que en realidad Juan y Fernando son hermanos. A partir de este momento y viendo la felicidad que la pareja transmite, puede notarse en Juan un incremento de angustia, enojo y rencor ya que no sólo la envidia hacia su hermano estaba en juego, sino también el amor secreto que Juan profesaba por su cuñada. A todo esto, cabe aclarar que ni Fernando ni Chole estaban al tanto de los sentimientos de Juan.
Cuando la situación se vuelve insostenible, Chole confronta a Juan preguntándole por qué era tan esquivo con su hermano y por qué siempre parecía estar escondiendo algo. Siendo éstas las circunstancias se desarrolla el siguiente diálogo entre Juan y Chole:
CHOLE. — ¿Por qué te escondes de tu hermano? Desde que estamos aquí no ha conseguido verte ni una vez. Si te hablo de él...
JUAN. — ¡Basta, Chole! Háblame de ti o del mundo... o calla. ¡Deja ya a Fernando!
CHOLE. —Es tu hermano.
JUAN. — ¿Y para qué lo ha sido? ¡Para que se viera más mi miseria a su lado! El nació sano y fuerte; yo nací enfermo (…) mientras era la infancia y estas pequeñas cosas, nada significaba. Pero es que esta angustia ha ido creciendo conmigo hasta envenenarme toda la vida. Tú sabes cómo he querido yo a mi madre: la he adorado de rodillas; he pasado mis años de niño contemplándola en silencio como una cosa sagrada. Pero ella no podía quererme a mí del mismo modo. Estaba Fernando entre los dos, y donde él estaba todo era para él... Cuando se puso grave y los médicos pidieron una transfusión de sangre, yo fui el primero en ofrecer la mía. Pero los médicos la rechazaron. No servía... ¡No he servido nunca!
CHOLE. —Pero Juan...
JUAN. — ¡La de Fernando sí sirvió! ¿Por qué? ¿No éramos hermanos? ¡Por qué había de tener él una sangre mejor que la mía!... Y después... yo la velé semanas y semanas. Él seguía jugando feliz en los jardines. No llegó hasta el último momento. ¡Y sin embargo..., mi madre murió vuelta hacia él!
CHOLE. —No recuerdes ahora esas cosas. No eres justo.
JUAN. — ¿Yo? ¡Yo soy el que no es justo! ¡La vida sí lo ha sido!, ¿verdad? Y Fernando también. ¡Y tú!
CHOLE. — ¿Yo?
JUAN. — ¡Tú!... Pero, ¿es que no lo has visto? ¿Es que no sabes que, después de mi madre, no ha existido en mi vida otra mujer que tú?
CHOLE. — ¡Juan!
JUAN. — ¿Es que no sabes que has sido para mí tan ciega como todos? ¿Que te he querido lo mismo que a ella, que te he contemplado de rodillas lo mismo que a ella... y que tampoco he sabido decírtelo?
(…)
CHOLE (Con un grito desesperado). — ¡Calla! ¡Por el recuerdo de tu madre, Juan!...
JUAN. — ¡No callo más! Ya he callado toda la vida. Ahora quiero que me conozcas entero. Que sepas todo lo desesperadamente que te quiero, todo lo que has sido para mí..., ¡todo lo que estás ayudando a desgarrarme, sin saberlo, cuando ríes con él, cuando le besas a él!
CHOLE (Suplicante). — ¡Por lo que más quieras! ¿No ves que es odioso lo que estás diciendo? ¿Que te estás destrozando a ti mismo, y estás haciendo imposible nuestra felicidad?
JUAN —…Chole, te he hecho sufrir, pero tenía que decírtelo. Se me estaba pudriendo aquí dentro. Él no lo sabrá nunca... Perdóname.
CHOLE. —Perdónanos tú, Juan. Perdónanos a los dos... Pero, déjame.
JUAN. —Adiós, Chole...
Luego de mantener este diálogo, Chole reflexiona por unos momentos y decide suicidarse tirándose a un lago. Los sucesos siguientes son:
ALICIA . — ¡Doctor, doctor..., Fernando!
DOCTOR. — ¿Qué ocurre?
ALICIA. —Ha sido la señorita Chole... ¡En el lago!
FERNANDO. — ¿Chole?
DOCTOR. — ¿Cómo? ¿Qué quieres decir? ¿Qué significa esto, Hans?
(Se oye dentro la voz de Juan llamando angustiado.)
JUAN. — ¡Chole!... ¡Chole!... (Entra, trayéndola en brazos, húmedos los vestidos de los dos. La conduce desmayada hasta un asiento. Hans queda en el umbral.) ¡Pronto, doctor..., pronto!
DOCTOR. — ¿Qué ha sido?
JUAN. —No tiene pulso... no la oigo respirar... ¡Doctor!
(El Doctor la examina.)
FERNANDO. —Pero ¿qué ha sido?
JUAN. —La vi caer. No sé si he llegado a tiempo.
FERNANDO (Al Doctor). — ¿Vive?
DOCTOR. —Silencio... (Pausa. Chole entreabre los labios con un gemido.) Está salvada.
A partir de estos fragmentos, intentaremos identificar los tiempos del circuito de la responsabilidad desde el personaje de Juan, conjeturando también dos hipótesis clínicas.
Se puede definir el primer tiempo como: “…donde se realiza una acción determinada en concordancia con el universo de discurso en que el sujeto se halla inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada…” . En nuestro caso particular, dicho tiempo se puede encontrar en la confesión de Juan a Chole, en la que le reprocha no tenerlo en cuenta y relegarlo siempre a un segundo plano. Esta declaración responde, según Juan, al único propósito de descomprimir su pecho y dar una respuesta a la primer intervención de Chole. Él mismo lo expresa diciendo: “Chole, te he hecho sufrir, pero tenía que decírtelo. Se me estaba pudriendo aquí dentro”.
El segundo momento es “… donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo.” . En este tiempo surge algo de la singularidad del sujeto que nos permite conjeturar una hipótesis clínica, gracias a la cual se resignifica el primer tiempo.
Chole decide suicidarse tirándose al lago y Juan termina por salvarla. Podemos ver en ese acto un segundo tiempo del que también podemos extraer una hipótesis clínica: Juan en realidad tenía el deseo de salvar a su madre en Chole. Es posible inferirlo si tenemos en cuenta que en la conversación con Chole Juan habló primero de su madre expresando que se sintió frustrado al no poder salvarla e inmediatamente después puso a Chole en ese lugar: “JUAN. — ¿Es que no sabes que has sido para mí tan ciega como todos? ¿Que te he querido lo mismo que a ella, que te he contemplado de rodillas lo mismo que a ella...“
Entonces, a partir de aquí podemos resignificar el primer tiempo: Juan no sólo expresó sus sentimientos para que dejen de oprimirlo sino que, teniendo en cuenta que se encontraban en un hogar de suicidas donde todo estaba facilitado e incitaba a la muerte, lo hizo para empujar a Chole al acto y por fin poder ser él el héroe y no su hermano, pasando de esa manera al primer plano.
Otra hipótesis posible es que si consideramos a Juan un neurótico obsesivo, en sus dichos estaba poniendo en juego el deseo de muerte del Otro, que muestra la ambivalencia de la que Chole fue presa: el amor que Juan sentía por ella se vio infiltrado por el odio, expresándose en ese deseo de muerte. Como indicio confirmador de esta segunda hipótesis situamos una escena de la que pudimos inferir culpa. Dicha escena transcurre entre Chole y el Dr. Roda, cuando éste va a entregarle un ramo de flores y le comenta cómo se comportó Juan la noche siguiente al intento de suicidio: “DOCTOR. —No se ha atrevido a traérselas él mismo. Pobre muchacho; toda la noche la ha pasado detrás de su puerta, temblando como un niño, escuchando su aliento. ¿Respira usted ya bien?”
En la vergüenza y la preocupación podemos vislumbrar formas de la culpa producto de la interpelación que los sucesos del Tiempo 2 generaron en el sujeto. Siguiendo a Oscar D’Amore: “…la interpelación es en términos económicos, lo que genera deuda, culpa en sentido lato … La interpelación ‘implica’ ya una deuda por la que hay que responder” Es en este sentido que podemos decir que la culpa es el reverso de la responsabilidad, es decir, donde hay culpa es porque el sujeto se vio interpelado por un acto que lo obliga a responder, hacerse responsable.
La responsabilidad se asume en un Tiempo 3, diluyendo la culpa cuando el sujeto se hace cargo de su deseo. Tiene lugar el efecto sujeto, como sujeto dividido por ese deseo y producto de un acto ético. No encontramos este tiempo en la obra sino que Juan se limita a sentir culpa y queda estancado en el Tiempo 2.
Por último, para referirnos brevemente a las categorías de azar y necesidad, podemos ubicar el azar en la coincidencia de la llegada de Juan al lugar donde Chole y Fernando se hallaban colaborando. La necesidad, por otro lado, estaría dada cuando Chole pone a Juan entre la espada y la pared para que declare cuáles son sus sentimientos y por qué es tan esquivo con su hermano.

Bibliografía
http://www.pdf-search-engine.com/prohibido-suicidarse-en-primavera-pdf.html
• Mazzuca, R.; Schjetman, F. & Godoy, C.: Cizalla del cuerpo y del alma (la neurosis de Freud a Lacan), Berggasse 19, Buenos Aires, 2009.
• Salomone, G. & Domínguez, M. E.: “La transmisión de la ética, clínica y deontología”, Letra Viva, Buenos Aires, 2008



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