por 

UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

Psicología Ética y Derechos Humanos

Cátedra: I

Profesor Titular: Fariña, Juan Jorge Michel

Profesor de Comisión: Pérez Ferretti, Fernando

Alumnos: Falcón, Mónica Graciela LU: 24639691/4
Schemper, Alejandro Daniel LU: 21538223/0

Curso de verano
Comisión 2
Segundo parcial
28/2/2011

DESTINO, MALDICIÓN, DESHONRA, VENGANZA, TRAGEDIA

Elegimos para el trabajo el argumento de la ópera trágica “Rigoletto”, con música de Giuseppe Verdi y libreto de Francesco María Piave, basada en la novela francesa “El rey se divierte” de Víctor Hugo. La ópera se estrenó en el teatro La Fenice de Venecia en 1853).
Síntesis argumental
Es la historia de un bufón –Rigoletto- de la corte del duque de Mantua (la acción transcurre en el siglo XVI) que se burla de todos los hombres, cortesanos o no, cuyas hijas, esposas o amantes son seducidas por el duque, resultando de ello la deshonra de las familias y la consecuente ruina del futuro matrimonial de las hijas por la pérdida de la virginidad. En un momento dado, Rigoletto escarnece al Conde de Monterone y a su hija, obscenamente y en público, por lo que éste maldice al bufón, hecho que perturba severamente la estabilidad psíquica de Rigoletto. Los cortesanos deciden vengarse de él y raptan a su hija, que entregan al duque, quien poco antes había tratado de seducirla con engaños. Cuando el bufón se entera decide matarlo, y para eso contrata a un asesino a sueldo. Su hija (Gilda), enamorada del duque, ruega a su padre que lo perdone, pero éste le demuestra que es un casanova haciéndola testigo del intento de seducción del duque hacia la persona de Magdalena, hermana del asesino (Sparafucile). Esta última, seducida por el duque, implora a su hermano que mate a otro en su lugar, y Sparafucile accede a ultimar a cualquier mendigo que pase fortuitamente por ahí, y entregar al bufón su cadáver. Aunque Gilda acepta la verdad acerca del duque, al oir esto decide inmolarse para salvar la vida de aquel y limpiar a la vez su deshonra, haciéndose pasar por un mendigo. Cuando Rigoletto descubre los hechos adjudica lo acaecido a la obra de la maldición de Monterone.
Características de Rigoletto (personaje que tomamos para el análisis del circuito de la responsabilidad subjetiva)
Es un hombre pequeño, anciano, algo rengo y deforme, dueño de una prominente joroba que lo distingue así como su locuacidad, lucidez, ironía, ocurrencias y gracia, que le valen los favores especiales del duque de Mantua. Trabaja como bufón burlándose de los hombres cuyas hijas, amantes o esposas son raptadas por el duque; colabora dando ideas para realizar los raptos y hasta participa en ellos. Además le oculta a Gilda su –para él- desgraciada y ruin ocupación. Se compara con un homicida a sueldo y sostiene que, como el otro, mata, aunque con la diferencia de que lo hace con su lengua (y también a sueldo, y “por deporte”, agregamos nosotros).

El Circuito de la Responsabilidad respecto de Necesidad y Azar

Nosotros pensamos que tanto las burlas y escarnios del bufón a los poderosos cuanto su participación en hechos delictivos, como raptos de mujeres y doncellas, como así también su obsesión por mantener oculta a su hija y no permitirle salir salvo a la iglesia; su posición subjetiva frente a la vida, hacia sí mismo y a su condición social, como la de un ser disminuido por causa del destino a quien todos denigran y están prontos a dañar, pero que esconde en realidad la potencia de un gran ser; su actitud suplicante cuando el damnificado es él; la decisión de vengarse del duque por el agravio sufrido por éste, que, dicho sea de paso, se trata de una decisión en sentido fuerte, ya que se encuentra imposibilitado de obtener justicia dado lo encumbrado de la posición del duque y el absolutismo reinante en esa época, lo cual le resta soberanamente –valga la equivocidad- la posibilidad de opción o de elección, reduciéndolo a la incierta y vil posición de la complicidad, por lo cual dicha decisión de vengarse provoca una paradoja esencial: al mismo tiempo que sería una forma de obtener resarcimiento moral (el conocido aforismo de “hacer justicia por mano propia”) -en vista de la ausencia de garantías desde el derecho y la ley moral, entonces suspendidas-, estaría transgrediendo la ley moral tal como lo venía haciendo con su sevicia inveterada y, yendo aún más allá, lesionando el universal-singular simbólico de la humanidad por el particularismo de su pensar y accionar, el que se reduce a intentar calmar su dolor moral, resentimiento y envidia desmesurados, como así también la ansiedad, la angustia y el miedo paranoide que lo acompañan como su sombra en su oscura existencia. Todo lo expuesto, como también todas las disposiciones para consumar el fin propuesto de su venganza (la demostración a su hija de otra faceta del duque, el trato con el asesino a sueldo, la orden a Gilda de que parta en atuendos masculinos hacia Verona, etc.), pertenecen al orden de la necesidad, ya que está subsumido en la lógica de la causalidad, y tomarán su lugar en el circuito de la responsabilidad como tiempo uno del mismo, luego de los momentos de interpelación subjetiva que los resignificarán retroactivamente a posteriori. A diferencia del hecho de encontrarse con los captores de su hija y ayudarlos a perpetrar su delito bajo engaño (en el plano consciente, ya que en el inconsciente se darían otras determinaciones que más abajo analizaremos); como así también el haberse topado camino a su casa con Sparafucile, o que su hija se hubiera enamorado del duque y que tomara la determinación de desobedecer a su padre; o también que Magdalena convenciera a su hermano de dejar vivir al duque y de matar a otro en su lugar; o de que Gilda decidiera ser quien muriera en vez del duque; todos sucesos que podríamos adjudicar a la intervención del azar, algunos de los cuales podrían considerarse lo suficientemente significativos como para interpelar a Rigoletto acerca de la responsabilidad que le cabe como sujeto del deseo en la hiancia que se abre entre necesidad y azar. La mayoría de estos hechos, aunque azarosos, forman parte del desarrollo de las acciones del tiempo uno del circuito, característico de la lógica combinación de ambas categorías. Pero algunos otros se revelan como puntos de inflexión que producen un quiebre esencial en el devenir causal predeterminado del sujeto y lo interpelan acerca del mismo, constituyendo un tiempo dos del circuito de la responsabilidad. A partir de estos momentos el sujeto es convocado sí o sí a responder, por tanto dicha interpelación es del orden de lo universal-singular y puede tratarse tanto de un movimiento en el registro de lo simbólico, como cuando el bufón recibe la maldición, cuanto de un encuentro con lo real, como cuando su hija es raptada o ultimada (homicidio-suicidio). Estos hitos cruciales pueden tener dos destinos diferentes: o bien abren la posibilidad de un acto ético, revelando la aparición de un sujeto responsable que produce una torsión de su destino mediante un acto creativo ético (A. Ariel, 1994) en la soledad de su saber-hacer-ser-ahí-con los elementos de su estructura, trascendiendo entonces el universo cerrado de lo particular con la inauguración de un tiempo tres en lo universal-singular; o bien repite automáticamente lo cristalizado y acendrado en su ser desvaneciendo así al sujeto de la responsabilidad. Esto último conduce al cierre del circuito en el eje de lo particular reintegrando lo acaecido en el tiempo dos al devenir causal del tiempo uno, respondiendo (porque siempre se responde) con las clásicas figuras de la culpa: sentimiento de culpa, racionalización, negación, proyección y formaciones de síntomas. Reconocemos como los tres posibles tiempos dos del circuito los siguientes: el momento de la maldición de Monterone; el momento del rapto de Gilda, y el del descubrimiento del cuerpo agonizante de la misma. En nuestro desarrollo nos explayaremos especialmente en el último de ellos.

Hipótesis Clínica y Figuras de la Culpa
Primer momento de interpelación subjetiva: la maldición de Monterone. En esta oportunidad, en la que tras sus burlas y remedos Monterone le espeta a Rigoletto: “Y tú, serpiente, tú que te ríes del dolor de un padre, ¡maldito seas!”, el bufón abre los ojos ante la frivolidad, maldad y perversidad que lo rodea y de la cual él hasta ese momento fue cómplice. Se da cuenta de que no es tan favorito del duque como para estar exento de sus agravios, y de que hasta entonces fue cómplice de las acciones disvaliosas que ahora se ciernen, ante su horror, sobre su persona. Aquí el efecto particularista se aparecería en que, aún temiendo por su integridad moral y física, no escatima esfuerzos para participar en el secuestro de la Condesa de Ceprano, vale decir, que las normas morales sólo tienen valor cuando el damnificado puede ser él. Rigoletto responde a la interpelación cerrando el circuito de la responsabilidad con una de las figuras de la culpa, en este caso, la negación maníaca.
Segundo momento de interpelación: el rapto y la deshonra de Gilda. Rigoletto le adjudica la culpa a la maldición de Monterone y no se hace responsable de nada. Corre al palacio a reclamar la restitución de su hija, y para eso pide perdón y piedad por sus ofensas a los cortesanos, suplicando que se la devuelvan. Aquí reconoce su mal proceder causante de tantos daños a otros, por lo que pide perdón, pero cerrando el circuito con nuevas figuras de la culpa. En esta oportunidad con sentimiento de culpa y arrepentimiento. Al recuperar a Gilda se alegra, pero en cuanto se entera de la deshonra acaecida, toma la decisión de vengarse; y en sus dichos podría conjeturarse nuevamente el efecto particularista a partir de escuchar sólo sus sentimientos y no los de Gilda, como si fuera el único sujeto damnificado, por cuanto consideraría a su hija como un objeto de su propiedad (habría figuras de sexismo, abuso de la patria potestad, etc.), lo que lo conduce a obrar sólo en su beneficio. En ese preciso momento es él mismo quien lanza su propia maldición contra el duque: proyección imaginaria de la maldición sufrida. Por un lado, el sentimiento de culpa y el temor sintomático, lo lleva a mandar lejos del antro de perdición a su hija y, por otro lado, la confesión sintomática de su plan homicida a Gilda así como la declaración de venganza sobre la persona del duque, su amado, estaría destinada a involucrarla y ponerla en peligro, ya que ella sería (a nivel inconsciente) el objeto con el que pagaría la deuda.
Tercer momento de interpelación: el descubrimiento de Gilda moribunda, o también, el pago por el homicidio de su hija. Para desarrollar este punto comenzaremos formulándonos algunas preguntas. ¿Qué interpela a Rigoletto sobre sus acciones realizadas cuando descubre que en lugar del duque está su amada hija moribunda (tiempo dos)? El tiempo uno sería el momento en el que decide vengarse del duque, contratando en secreto a un asesino para que lo mate. Cabe aclarar que los que tienen conocimiento de dicho plan son: el asesino, la hermana del asesino y Gilda. ¿Acaso Rigoletto no se dio cuenta de que Gilda podía hacer algo para impedir la muerte de su enamorado? ¿Un padre deja morir a un hijo? Pero a partir de aquí no se produce en el bufón un acto responsable, un cambio en su posición subjetiva que inaugure el tercer tiempo del circuito, sino que el mismo se cierra con la aparición de figuras de la culpa: la negación de su implicación en los hechos, es decir de que esté su hija moribunda y en lugar del duque; la proyección de la culpa sobre Gilda por su “amor puro” y la deshonra sufrida, y, nuevamente, la culpa adjudicada a la maldición recibida de Monterone. Entonces consideramos que el circuito se habría cerrado en cada una de las tres situaciones de interpelación por nosotros recortadas, siempre con las figuras de la culpa. Por lo tanto no vislumbramos el surgimiento de un acto ético en ningún momento en Rigoletto. Con dichas respuestas algo de lo logrado del deseo lo paga con culpa (D´Amore). Se trata de una culpa sintomática para evitar la responsabilidad. El sentimiento de culpa, lo lleva a mandar lejos a su hija, ya que por la culpa de él ella padeció las consecuencias. ¿Qué verdad enuncia el deseo de venganza, de muerte al duque? Rigoletto no descubre nada del orden de lo no sabido. Creemos que en el fantasma de la venganza se filtra algo del deseo inconsciente de Rigoletto de preferir que su hija muera para lavar la deshonra de él. Se escapa de la verdad que habita en él, de sus deseos, de su saber no sabido, como huye siempre de la gente que maltrata y lo persigue. A todo lo largo de la trama argumental se muestra inflexible en su designio, lo que mostraría el aciago destino trágico para él determinado, ya que no es capaz de reposicionarse respondiendo desde una posición ética más allá de la moral legal y social (a la que toma en cuenta sólo por el oprobio propio) y de todo particularismo mezquino, producto de su arrogancia sobrecompensadora de su profundo complejo de inferioridad que lo resiente y lo hace sufrir tanto; parece que vive huyendo de la gente a la que daña porque temería a sus posibles represalias. Podría leerse al cabo del tercer momento de interpelación cómo Rigoletto insiste en sostener su posición hasta el final: Cuando Sparafucile le pregunta cuál es el nombre de la víctima, responde “delito”, y cuando lo hace por el de “quién paga”, responde “castigo”; lo cual indicaría la posición justiciera “seudolegítima” asumida por su subjetividad alterada, otra prueba de su particularismo acérrimo, cuya expresión más acabada se halla en la figura de la venganza. Además, Rigoletto se muestra obstinado en tirar al río personalmente el cadáver del duque, para coronar su venganza, consumando de esta manera el anhelo de despreciar, burlar y profanar su cuerpo. Columbramos que de esta forma impediría la realización del rito funerario al duque que tanto odia, ya que, al desaparecer, el duque y su iniquidad quedarían borrados de su memoria. Asimismo podríamos ver, una vez consumado “el pago por el homicidio de su hija” (lectura retroactiva, ya que concientemente es no querido), la mezcla de desolación por quedarse solo y de resignación amarga por la maldición predestinada e imposible por tanto de evitar, lo cual, en una lectura un tanto más profunda, nos llevaría a conjeturar –atando los hilos que se fueron desplegando hasta ahora- que Rigoletto siente y sabe que debe pagar por su culpa, y que la misma implica pagar con la vida de su hija, como acontecimiento de purificación, lo cual sería un indicador de su deseo inconciente ante el cual el sujeto estaría convocado a responder. Rigoletto querría cobrarse los agravios recibidos mediante la muerte del duque, una acción particularista, transgresora de la moral y por eso mismo perteneciendo al eje de lo particular, y al mismo tiempo con la vida de su hija pagar la deuda que reconoce propia.

BIBLIOGRAFÍA
- Ariel, A.: (1994). Moral y Ética. Una poética del estilo. En “El estilo y el acto”. Ediciones Manantial. Buenos Aires.
- D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Díaz, Esther: La leyenda del vengador. Art. Publicado en Suplemento Ñ de Clarín. Febrero 2011.
- Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.

- Pahlen, Kurt: Rigoletto. Giuseppe Verdi. En “La Ópera en el Mundo”. Javier Vergara Editor. Buenos Aires. 1991.
- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

Película:

Titulo Original:

Director:

Año:

Pais:

Otros comentarios del mismo autor: