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Subjetividad biomédica y superyó contemporáneo

por González, Ana Cecilia

1- El papel de la subjetividad en la biopolítica foucaultiana

En 1976, en el primer tomo de Historia de la sexualidad y como corolario de una extensa reflexión en torno al poder, Michel Foucault acuñó el término “biopolítica” y la definió como “(…) lo que hace entrar a la vida y sus mecanismos en el dominio de los cálculos explícitos y convierte al poder-saber en un agente de transformación de la vida humana” (Foucault, 2008, 135), lo cual habría tenido lugar a partir del siglo XVIII. Desde entonces, y de modo progresivo, vida y los fenómenos biológicos pasaron a ocupar el centro de las luchas políticas, y el poder, o más precisamente el “biopoder” se organiza de acuerdo con la célebre máxima foucoultiana “hacer vivir, dejar morir”.

Cuarenta años más tarde, el término “biopolítica” designa un rico y complejo campo de investigación. En ese contexto, poniendo el énfasis en la noción de vida, Giorgio Agamben ha postulado que la “inclusión de la nuda vida en el reino de la política constituye el núcleo originario –aunque históricamente escondido– del poder soberano” (Agamben, 1998, 6). Es decir, que la gestión de cuerpo biopolítico es la actividad constitutiva del cuerpo soberano, y no desde el siglo XVIII como planteaba Foucault, sino todo a lo largo de la historia. Lo característico de nuestro tiempo sería entonces la creciente importancia que adquiere una noción en particular, la de “nuda vida” – o “zoé” – que reduce la esencia de la vida al funcionamiento biomecánico del cuerpo viviente.

El inconveniente que supone la conceptualización de Agamben es que enfatizando la articulación entre nuda vida y poder soberano, deja en segundo plano otro aspecto fundamental de la caracterización foucaultiana de la biopolítica, como es la conformación de la subjetividad en el marco de un determinado paradigma del poder. De hecho, la teorización de Foucault se cuenta entre las diversas teorías que en el siglo XX han destacado la relevancia política fundamental de la subjetividad, entendida “como condición, efecto o destino de las prácticas de poder (de sujeción) y como palanca para su transformación” (Ema, 2014, 387). En el edificio teórico del pensador francés la noción de subjetividad es una pieza central porque que designa el punto en que el poder deja ser meramente represivo y/o disciplinario, para convertirse en un poder productivo, es decir, que positiviza determinadas formas de subjetivación.

Sin embargo, justamente en este punto, como plantea Judith Butler –una de sus lectoras más atentas e incisivas– , la teorización de Foucault resulta insuficiente. Si bien en el último tramo de su vida y su obra, el filósofo prestó una atención creciente a las “tecnologías del yo” y las técnicas de gobernabilidad, su propuesta no logra explicar los modos específicos en que las subjetividades se conforman. En opinión de la teórica queer, hay una “(...) insuficiencia en la teoría foucaultiana del sujeto en la medida en que se basa en la noción conductista del comportamiento reproducido mecánicamente o en un noción sociológica de ‘internalización’(...)” (Butler, 2000, 157). Y para salvar esta insuficiencia, Butler recurre nada más y nada menos que al psicoanálisis, ya que considera que “[d]ebe haber un modo de someter al psicoanálisis a una redescripción foucaultiana, aun cuando Foucault negara tal posibilidad” (Butler, 2002, 48). Bajo esta consigna la teórica del género performativo explora los “mecanismos psíquicos del poder” – en inglés, “the psychic life of power”– con el propósito de describir las operaciones que dan cuenta del rechazo constitutivo de la homosexualidad, ubicándolo como correlativo de la ley de prohibición del incesto.

Teniendo en cuenta los antecedentes hasta aquí reseñados, en lo que sigue pretendo ensayar un breve recorrido teórico que conjuga los postulados otro lector destacado de Foucault, Nikolas Rose, con determinados aportes conceptuales del psicoanálisis que resultan útiles para dar cuenta de algunos rasgos de la “subjetividad biopolítica” contemporánea en relación con los efectos de la biomedicina. Aunque retomo de Butler la necesidad de poner a dialogar lo teorizado por Foucault con el psicoanálisis, no se trata aquí de realizar ninguna clase de forzamiento que someta una teoría a la otra, ni de traducir de un vocabulario disciplinar al otro. Sino de ensayar, con las herramientas teóricas y metodológicas del psicoanálisis, una lectura que permita revelar el reverso inconsciente del discurso vertebrador de la biomedicina en el siglo XXI, y sus efectos subjetivos.

2- La biomedicina del XXI y sus creencias

Nikolas Rose integra el Departamento de las Ciencias Sociales, Salud y Medicina del King’s College de Londres. Esta pertenencia permite anticipar el ángulo desde el cual se aproxima a la obra de Foucault, procurando trasladar sus hipótesis acerca de la biopolítica a un “trabajo de campo”. En sus palabras: “La cuestión de nuestra biopolítica es la creación de vida, la conformación de vida, su optimización. No es una thanatopolitica, no es una biopolítica de la muerte – aunque la muerte está implicada– sino que es esencialmente una política de la vida” (Rose, 2013, 21). Por lo tanto su enfoque se distancia del de Agamben y se orienta a investigar el modo en que la biomedicina y la neurociencia están transformando las creencias sobre nuestra identidad y los lenguajes que usamos para autointerpretarnos o juzgarnos. Es decir que la cuestión de la subjetivación y los modos de (auto)gobierno están en el centro de su planteamiento, y justamente por eso resulta un autor interesante para abrir un diálogo con el psicoanálisis.

Rose señala que el problema de la noción “medicalización” con el que a menudo se ha caracterizado a la biopolítica es que da por sentado que sabemos qué es lamedicina. Por esta razón su trabajo procura ofrecer una caracterización de la biomedicina contemporánea, ubicando cinco rasgos vertebradores: molecularización, optimización, subjetivación, expertización y bioeconomía.

De entrada resulta útil advertir que estos rasgos tienen diversos estatutos. Dos de ellos se refieren al modo de organización y el marco en que se ejerce la medicina en la actualidad: su condición de negocio a gran escala, que permite incluso hablar de “bioeconomía global”, y el complejo aparato de control y regulación al que está sometida la práctica de la curación. Los otros rasgos característicos de la medicina del siglo XXI descritos por Rose se sostienen en una serie de creencias, lo cual indica que entramos en el terreno de la subjetividad y su relación con el poder, que es lo que aquí nos interesa. Desde la perspectiva del psicoanálisis, lo que Rose ofrece es un fino análisis que permite vislumbrar al articulación entre el ideal y el superyó en el marco de una cultura contemporánea fuertemente organizada en torno a la biomedicina, lo cual equivale a decir que esta opera como significante amo. Así, la caracterización que este autor ofrece permite perfilar algo del síntoma contemporáneo y deducir una cierta versión del Otro.

La primera de las creencias de la biomedicina actual es que la práctica médica debe basar su efectividad en una compresión de la biología del cuerpo humano, y esto nos parece tan evidente que recordar que no ha sido siempre así, ni lo es actualmente para algunas prácticas curativas alternativas. Desde esta perspectiva, la vida deja ser un misterio, y no cabe hablar de ningún élan o principio vital. Por el contrario, se sostiene la creencia de que cualquier proceso vital puede ser explicado en base a la propiedades físicas de los componentes y sus interacciones, como quien desarma y para un auto o un electrodoméstico. La “molecularización”, primer rasgo descrito por Rose, designa el cambio acaecido en la escala de la representación del cuerpo, que pasa del nivel molar al nivel molecular. De este modo lo que se privilegia es una determinada concepción del cuerpo, la del paradigma mecanicista cartesiano. Al respecto, es interesante intercalar aquí una reflexión de Jacques Lacan en cuanto a la operación de Descartes sobre el cuerpo. El psicoanalista francés sostiene –en el seminario dedicado al acto psicoanalítico– que reducir o arrojar el cuerpo a la extensión es justamente “el acto del cogito”, y que este rechazo del cuerpo fuera del pensamiento es la gran Verwerfung de Descartes. Y enseguida añade: “Es imposible que una máquina sea cuerpo, es por esto que el saber lo prueba cada vez más poniéndolo en piezas sueltas”. Y de piezas sueltas se trata efectivamente en la molecularización de la biomedicina contemporánea, en la que la vida y se convierte en algo susceptible de ingeniería mediante la combinación de piezas moleculares, como ocurre en la denominada “biología sintética” [1]. De allí otro rasgo de la biomedicina actual, el alto grado de “expertización” que requiere de parte de quienes la practican. Y de allí también que la biomedicina sea potencialmente capaz de proporcionar la base para una tercera revolución industrial, según señala Rose. Puesto el cuerpo y la vida que pueden ser dividido en piezas sueltas pasibles de reingeniería, la vida puede entenderse como algo que contiene un superávit que puede ser extraído, capitalizado, almacenado, intercambiado, vendido y adquirido en forma de mercancía en el marco de lo que el autor llama “bioeconomía global”.

Otro rasgo destacable es la “optimización”, basada en un desplazamiento desde la práctica de la curación a la práctica del control, de modo de optimizar los procesos vitales. Se trata entonces de una biología imbuida de una preocupación por el futuro, y que sostiene la creencia de esté puede ser gestionable y optimizable. Y esta idea se sostiene a su vez en otra creencia: deseamos nuestra salud y prolongar nuestra vida cuanto sea posible, lo cual se condensa en la consigna “salud para todos” –parafraseando el viejo slogan de la OMS [2]. Resulta evidente que entramos así en el terreno del ideal y la búsqueda del Bien [3], y por tanto en la dimensión ética. Como es habitual, le toca al psicoanálisis hacer de mensajero de las malas noticias; desde lo teórico, recordando el descubrimiento freudiano de la compulsión de repetición y a pulsión de muerte; y desde la práctica clínica, atestiguando cotidianamente los impasses subjetivos en la búsqueda del bien, allí donde incluso el más “elevado” ideal muestra su faz mórbida. El propio Rose no deja de advertirlo, cuando señala que esta preocupación por el futuro y su optimización culmina con la obligación de intentar predecir y gestionar el riesgo potencial que recae sobre cada uno de nosotros, procurando optimizar nuestra salud futura. Vivimos en la era de la responsabilidad biológica, dice Rose, y ello implica que es responsabilidad de cada quien gestionar y controlar su vida y existencia. Se afianza así toda una gama de obligaciones entorno al control de nuestro propio cuerpo, de modo que la búsqueda del ideal de la salud para todos deviene mandato superyoico, que exige renuncias, dietas, ejercicios y cuidados de todo tipo con tal de garantizar un futuro óptimo. Como señala Rose poniendo de manifiesto la raigambre ética del planteo, las preguntas kantianas, qué puedo hacer, qué debo hacer, qué me está permitido esperar, hoy en día han adoptado, al menos en parte, un cariz somático.

Por fin, el quinto aspecto fundamental que caracteriza a la medicina contemporánea es lo que Rose, siguiendo a Foucault, denomina “subjetivación” que ya se ha ido perfilando en los rasgos anteriores: “nuestro propio soma, nuestro propio cuerpo ha devenido la característica constitutiva de nuestra subjetividad” (Rose, 2013, 28). Esto significa que somos “individualidades somáticas” en la medida en que “somos” nuestro cuerpo entendido como dato biológico. El corolario es que la biomedicina acaba proporcionando el lenguaje y la forma conocimiento y juicio sobre nosotros mismo, y es incluso capaz de organizar el lazo social, cuando en la actualidad los individuos se reúnen y organizan en torno a la reivindicación de los derechos biológicos o biomédicos. Además, y este cambio es fundamental, la biología del cuerpo que somos ya no es entendida desde el fatalismo genético de hace un par de décadas que pretendía que todo estuviera escrito en los genes. Por el contrario, a partir del desarrollo de la epigenética [4] nuestra biología es oportunidad y esperanza. Y por tanto, cuanto más sepamos más podremos actuar, y cuanto más podamos actuar, más deberíamos actuar, dice Rose, y allí asoma nuevamente la matriz superyoica de la subjetividad biomédica contemporánea.

Entonces, el análisis de Rose en conjunción con lo aportado por el psicoanálisis en cuanto a la constitución del superyó y sus paradojas éticas, nos permite formular algunas hipótesis de peso en cuanto a la subjetividad contemporánea, organizada en torno a al significante amo de la medicina. En primer lugar, que la reducción de la subjetividad al cuerpo biológico que cada quien está obligado a cuidar, gestionar y optimizar es sin duda uno de los rostros contemporáneos del superyó. Y me refiero aquí al superyó descrito por Lacan en matriz contemporánea como imperativo obsceno –¡Goza! – que lejos de regular o prohibir el goce lo comanda.

Podría pensarse que la incidencia del superyó sería un rasgo secundario, un mero detalle psicologizante de lo que en verdad son procesos de orden social, económico y político más complejo. Sin embargo lo que sostengo es lo contario: se trata de entender de qué modo la bioeconomía se sostiene y es conducida por lo que Rose llama una “economía política de la esperanza”, lo cual significa que la fuerza del capitalismo tardío reside en la ferocidad superyoica, en la capacidad para movilizar esos ideales y mandatos como formas de gobierno de sí. Para verificarlo e ilustrarlo analizaré a continuación una secuencia del documental de Michael Moore.

3- El superyó contemporáneo: breve apunto en torno a Sicko

De manera altamente sugestiva, Rose sostiene que la economía ético-somática que acabamos de describir tiene una “afinidad electiva” –al decir de Max Weber– con el biocapital. Incluso más: el biocapital puede afianzarse en nuestra economía de la esperanza por que porque la vida ha adquirido una importancia ética tan evidente como eficaz.

La referencia a Max Weber y su clásico tratado sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo no sólo no es ingenua, sino que resulta fundamental y sirve como pie para pasar a la lectura de algunas secuencias de Sicko (2007), un film sobre las atrocidades del sistema de salud de Estados Unidos, basado exclusivamente desde inicios de lo años ´70 – y hasta el reciente Obamacare, o lo que quede de él– en compañías aseguradoras privadas. En efecto, en el país donde impera la ética protestante de la que habla Weber es donde la vertiente superyoica del biocapital se presenta casi al desnudo, como muestra el film de Michael Moore. Cabe aquí mencionar que el documental sin duda presenta varios aspectos criticables, y posiciones ideológicas que merecerían ser analizadas y deconstruidas con detenimiento. Pero aquí sólo me limitaré a señalar lo que en el film resuena de lo elaborado por Rose, con el fin de poner a prueba la hipótesis de la matriz superyoica de la biomedicina y la bioeconomía contemporáneas.

El film de Moore pone el énfasis principalmente en el aspecto económico de la gestión contemporánea de la salud, en particular en lo que se ha descrito como “mercantilización” de la salud según los valores del neoberalismo a ultranza, en el que alguien puede llegar a perder un dedo seccionado en una accidente laboral porque no puede pagar el costo implante. Además, el director ofrece varios casos aberrantes de estafa y atropello a los derechos, dejando al descubierto que en la nación norteamericana la fórmula foucaultiana muy a menudo y de modo trágicamente literal cae del lado de “dejar morir”, mientras que el “hacer vivir” recae sobre los prisioneros de la cárcel Guantánamo. Además, Moore se regodea en comparar este sistema despiadado con el de países en los que la salud es un derecho universal, garantizado por el estado para toda la población, como ocurre en Canada, Francia, Inglaterra y Cuba (por mencionar los casos presentados en la película) que además presenta una esperanza de vida mayor que la de los estadounidenses. De hecho, el guión del film parece estar pensado para instalar en la cabeza de los espectadores americanos la pregunta de por qué pagan tanto por un servicio tan malo cuando otros países lo gestionan de mejor modo, por lo que no escapa a la lógica mercantilista neoliberal – orientada por supuesta calidad del servicio – por mucho que se plante ante un busto de Marx. Pero la pregunta que como espectadora se me impone una y otra vez ante despliegue argumental y comparativo orquestado por Moore, es la que sigue: ¿qué clase de subjetividades produce esta configuración del poder de modo que llegan defender un sistema de esta índole?

La clave de la estructura superyoica en la que se funda el sistema de salud americano hay que buscarla, a mi entender, en una de las primeras secuencias, en la que conocemos a Larry y Donna Smith, una pareja de quincuagenarios, que tras el cáncer de ella y los paros cardíacos de él han acabado perdiéndolo todo, su vida y su casa, hundidos bajo facturas médicas a pesar de que contaban con seguro médico. Moore nos muestra la escena en la que se trasladan con lo poco que les queda en un coche, y llegan a vivir en la sala de estar de una de sus hijas. Que no son el todo bienvenidos queda claro cuando nos enseñan la habitación que les está destinada, abarrotada de objetos, al punto que no hay lugar para ellos. Pero además a poco de llegar, su hijo Danny les pregunta en tono de reproche: “¿Que hacemos con gente como ustedes?” (6’08), y se queja de tener que haberlos ayudado a mudarse, a lo cual su madre responde al borde del llanto que nada ha salido como esperaban, que esto no es lo que ellos tenían planeado. Lejos de un análisis en clave psicologizante sobre los lazos familiares de los Smith, lo que importa extraer de esta secuencia es el carácter absoluto de la responsabilidad por el propio destino que sostienen los implicados, punto en el cual el análisis de Weber sobre la ética protestante y su resonancia con el capitalismo resulta vigente (a pesar de las críticas que ha recibido). En ese punto se engarza el mandato superyoico descrito por Rose, que en base al ideal “salud para todos” convierte la optimización de la vida en el futuro en obligación. Ergo, si todo ha ido mal, eres el único y absoluto responsable, y por tanto un desecho social destinado a ocupar un lugar entre los cachivaches que acumula tu hija. “Los perdedores son los pobres” (32’00) dice la voz en off de Moore, explicando que son quienes deben posponer la ayuda necesitada hasta que ya es demasiado tarde. Pero tomada de modo literal la frase revela el costado ideológico más duro de la sociedad americana que ha forjado – e incluso exportado– la categoría de “loser” (perdedor) para referirse a aquel que no se aviene al paradigma de exitismo imperante.

Entonces, cabe afirmar que los estragos del sistema de seguros privados de salud que el documental de Moore enumera, tienen por correlato una modalidad de subjetivación que rentabiliza – literalmente– la estructura mortificante del superyó como mecanismo psíquico del poder. De allí que podamos afirmar, para concluir, que el biocapital contemporáneo “gozará de buena salud”, a menos que un acto pueda poner freno a la maquinaria superyoica que reproduce el goce sin cesar. Lamentablemente, a la luz de las enormes resistencias que el Obamacare ha tenido que enfrentar, no parece que la pregunta que Moore acaba por lanzar ¡¿quienes somos?! haya tenido valor de rectificación subjetiva.

Referencias

Agamben, G. (1998) Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida. Pre-textos, Barcelona

Butler, J. (2001): Mecanismos psíquicos del poder. Teorías de la sujeción. Madrid: Ediciones Cátedra.

Butler, J., Laclau, E. & Žižek, S. (2000): Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda. Buenos Aires: Fondo de cultura económica.

Ema, José Enrique (2013): “Apunte sobre psicoanálisis y política. De la impotencia a la imposibilidad” en Constelaciones, Revista de Teoría Crítica, Vol. 5 (2013), pp. 387-393

Foucault, M. (2002): Historia de la sexualidad. Volumen I “La voluntad de saber”. Buenos Aires: Siglo XXI. Traducción de U. Guiñazú.

Lacan, J. (2009): El Seminario. Libro 7. La ética del psicoanálisis (1959-1960) Buenos Aires: Paidós. Traducción de D. Rabinovich.

Lacan, J. Seminario 15, El acto psicoanalítico (1967-1968). Clase del 10 de enero de 1968. Inédito.

Quintanas, A. (Ed.) (2013): El trasfondo biopolítico de la bioética. Girona: Documenta Universitaria.

Rose, N. (2013): “Las políticas de la vida en el siglo XXI” en Quintanas, A. (Ed.) El trasfondo biopolítico de la bioética. Girona: Documenta Universitaria.

Rose, N (2006): The Politics of Life Itself: Biomedicine, Power and Subjectivity in the Twenty-First Century. Princeton University Press



NOTAS

[1El ejemplo que ofrece Rose es el de la creación de un “bicho” que pueda vivir a una temperatura de 200 grados, que emita un brillo rojizo ante determinado agente contaminante y que pueda ingerir y digerir ese agente. La biología sintética se basa en la combinación de cadenas de ADN para obtener resultados como ese.

[2En el año 1978, la Organización Mundial de la Salud organizó la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de la Salud Alma- Ata, en al que lanzó esta estrategia de atención bajo la consigna “Salud Para Todos en año 2000”.

[3Para un análisis exhaustivo acerca de los debates filosóficos y los efectos subjetivos de la búsqueda del Bien, remitirse al seminario 7 de Jacques Lacan, titulado La ética del Psicoanálisis.

[4Esta disciplina estudios todos los factores no genéticos que intervienen en el desarrollo del organismo, dando una nueva relevancia al factor ambiental ya que es capaz de intervenir en la regulación de lo heredado genéticamente Para un estudio de las implicancias filosóficas de esta disciplina, véanse los trabajos de Catherine Malabou.





COMENTARIOS

Mensaje de   » 31 de octubre de 2014 »  

Muy interesantes tus comentarios acerca de esta pelicula documental que permite ver las cuestiones del sistema medico estadounidense. Muy claro el trabajo y profundo, te felicito.



Mensaje de Lucia  » 31 de octubre de 2014 » luciasanhuezao@gmail.com 

De acuerdo a la biomedicina del XXI, se desprenden dos situaciones a mi entender, por un lado el desarrollo tecnológico que sucumbe la subjetividad, su velocidad no da tiempo para ajustar las problemáticas éticas y morales singulares.

Así también de estas mismas se desprenden un apego y obligación a códigos, leyes, que impiden decisiones medicas particulares, acepciones en el caso a caso. Se busca, promueve y obliga alojarse bajo el manto jurídico, a modo de resguardo, y esto se debe a que el poder jurídico «produce» irremediablemente lo que afirma sólo representar.

No hay jurisprudencia profesional, esta es la segunda situación que me parece relevante, esto se convierte en una cuestión políticamente problemática porque en todas las sociedades existen mecanismos de manipulación cultural en este caso no sería la excepción.



Mensaje de Víctor Michelon  » 25 de octubre de 2014 » vmichelon@psi.uba.ar 

Estimada M. Fernanda:
Creo que la ética se desprende de un sustrato estructural más amplio.
Como citó Pablo Neruda en su Libro de las Preguntas… ¿A quién le puedo preguntar qué vine a hacer en este mundo? … porque la pregunta ¿Quiénes somos? que se formula Michael Moore es de índole filosófica, del orden del ser y ya que la pregunta por la invención del sistema médico imperante en Estados Unidos pertenece al campo más amplio de la economía invito a reconocer lo que hemos andado según Joseph Stiglitz: … “Hemos ido por un sendero alternativo – creando una sociedad en que el materialismo domina al compromiso moral, en que el rápido crecimiento que hemos alcanzado no es sostenible ambiental o socialmente, en que no actuamos juntos como comunidad para encarar nuestras necesidades comunes, en parte porque un fuerte individualismo y fundamentalismo de mercado han erosionado cualquier sentido de comunidad y ha llevado a la desenfrenada explotación de individuos no advertidos ni protegidos y a una creciente división social...” FREEFALL: Free Markets and the Sinking of the Global Economy. Joseph Stiglitz, 2010.



Mensaje de M. Fernanda Bustamante  » 19 de octubre de 2014 » mfer74ar@yahoo.com 

Muy interesante la propuesta de análisis sobre la significación subjetiva del superyó contemporáneo en relación a la bioeconomía.

El director Michael Moore se realiza una serie de preguntas en ese sentido en varias escenas a lo largo del film, como por ejemplo:
1. “¿Cómo llegamos al punto de que los médicos de los seguros sanitarios son en realidad los responsables de la muerte de los pacientes?” Y aquí cabe el análisis subjetivo del juramento hipocrático y su cuestionado devenir a lo largo de la vida profesional del médico.
2. “¿Quién invento este sistema?” y la última por supuesto,
3. “!¿Quiénes somos?¡”

La significación del superyó basada en la ética protestantista pone de relieve que el enriquecimiento y búsqueda del capital es individualista en tal medida, que en el caso presentado por el matrimonio Smith se vive en la propia familia como problema de responsabilidad final de los padres sin la menor contención por parte de sus hijos ni en el agradecimiento de lo que hicieron por ellos cuando eran niños. El individualismo capitalista es vivido no sólo entre extraños sino inclusive entre familiares que llevan la misma sangre.

En uno de sus intentos de buscar respuestas, por ejemplo en Francia entrevistando al Dr. Jaques Milliez éste le responde: “Se basa en un principio de solidaridad, los que tienen más recursos pagan por los que tienen menos, pagas según tus posibilidades y recibes según tus necesidades…” Sus palabras me recordaron que precisamente en estos últimos años se ha presentado el principio de la solidaridad global (sostenido en América por países latinoamericanos) y su injerencia en la biopolítica a tal punto que dicho principio se está postulando con la misma importancia en bioética que los otros cuatro que ya conocemos: Autonomía, Beneficencia, No maleficencia y Justicia). Dicha relevancia está fundamentada entre otros por autores como Amartya Sen en “La idea de Justicia”, 2009.

Y también me queda resonando al final de la película porqué aún no ha podido realizarse una resignificación subjetiva de la economía en algunos países en relación a la medicina, y porqué sí lo pudieron “resolver” en otros países. Coincido con Ana Cecilia que aparentemente habría subjetividades muy arraigadas en el colectivo general de un país…que sostendrían dicha mecánica de poder.

Por otro lado creo que existen “subjetividades” diferentes en distintas regiones del mundo que aún no han sido globalizadas, como sí creo que lo están, la bioeconomía contemporánea y sus creencias.



Mensaje de Víctor  » 30 de agosto de 2014 » vmichelon@psi.uba.ar 

En youtube hay un video de 1,20 minutos bajo el título "Hacen bien en creer que van a morir" donde se puede observar a un Lacan enfático que pronuncia el post que finaliza "¿acaso podrían soportar esta historia?”



Mensaje de Ana Cecilia González  » 29 de agosto de 2014 » anaceciliagon@hotmail.com 

Efectivamente, esa afirmación de Lacan sirve de contrapunto frente a la exigencia superyoica de vivir saludable, joven y feliz el máximo tiempo posible, consigna que puede hacer de la vida algo realmente insoportable



Mensaje de Víctor  » 27 de agosto de 2014 »  

“La muerte entra en el dominio de la fe. Hacen bien en creer que van a morir, por supuesto. Eso les da fuerzas. Si no lo creyeran así, ¿podrían soportar la vida que llevan?. Si no estuvieran sólidamente apoyados en la certeza de que hay un fin, ¿acaso podrían soportar esta historia?”
Jacques-Marie Émile Lacan (París, 13 de abril de 1901 - 9 de septiembre de 1981).



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Película:Sicko

Titulo Original:Sicko

Director: Michael Moore

Año: 2007

Pais: Estados Unidos

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