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Universidad de Buenos Aires

Facultad de Psicología.

Psicología, ética y derechos humanos.

Cátedra: Prof. J.J.M Fariña

Segundo Cuatrimestre 2009

Segundo parcial

Película: “No country for old men” (Sin lugar para los debiles)

Docente trabajos prácticos: Corinaldesi Ana

Docente de teóricos: Fariña J.J.M

Alumna: Villar, Tatiana Sol

DNI: 34.382.489

Dirección de correo electrónico: tatianavillar89@hotmail.com

Comisión: 23

Título original: No country for old men
Título en español: Sin lugar para los débiles
Género: Thriller
País: Estados Unidos
Año: 2007
Director: Joel Coen e Ethan Coen

No country for old men, la cual fue traducida al español como: “Sin lugar para los débiles” , es la película elegida para realizar el análisis.
El lector podrá notar, que he sido bastante rigurosa al describir las primeras escenas de la película. Esta descripción, lejos de ser caprichosa, obedece a los requerimientos del análisis que realizare a continuación.
Sin más aclaraciones, presento la sinopsis realizada a fin de familiarizar al lector con la trama del film:

Las escenas transcurren en Texas, en un lugar muy cercano a la frontera de México. El espectador puede notar la soledad y la desolación en las primeras imágenes. El paisaje es desértico e inclemente.
Pocos minutos después, aparece en escena uno de los personajes principales: Llewellyn Moss, quien se encuentra con su rifle cazando antílopes al borde de una colina. Llewellyn, de aspecto rudo e impasible, encuentra en su camino de regreso algo que capta su atención: sangre en medio del desierto. Luego de indagar los alrededores nota que la sangre pertenece a un perro herido. El perro es de raza, lo cual extraña aun más a nuestro personaje. Luego de recorrer los alrededores el hombre nota la presencia de camionetas detenidas y un reguero de cadáveres alrededor de ellas. La escena nos permite vislumbrar que se ha producido un tiroteo, del cual aparentemente nadie ha salido vivo. Llewellyn inspecciona el lugar cautelosamente, hasta que en una de las camionetas encuentra vivo a un hombre de origen mexicano. El hombre agonizante le pide “agua”. Nuestro personaje, por toda respuesta, quita cuidadosamente todas las armas que el mexicano tiene a mano. “No tengo ningún agua “ finalmente le responde en un extraño castellano.
Luego de eso Llewellyn se dirige hacia la parte de atrás de la camioneta donde encuentra un frondoso cargamento de droga. Al momento regresa al lugar en donde yace el mexicano malherido y rápidamente le pregunta: “¿Dónde esta el ultimo hombre?, el ultimo que quedo, debió de haber alguno…¿Dónde fue?”. Ante la falta de respuesta de su interlocutor, medita en voz alta: “Calculo que debo regresar por donde vine…”con lo cual se dispone a marcharse. “cierra la puerta, hay lobos..” escucha la suplica del mexicano. El personaje hace caso omiso al ruego: “no hay ningún lobo” responde, y se marcha.
Sin embargo a pocos metros del lugar encuentra lo que buscaba: el último hombre, por el cual había preguntado, yace muerto bajo un árbol, con un maletín cercano a su cuerpo. El maletín esta cargado de dinero. Puede notarse que es una enorme cantidad. Llewellyn parece dudar unos segundos. Finalmente lo carga consigo y vuelve por donde vino.
El maletín es celosamente guardado en un escondite en el pequeño trailer en el cual vive con su joven esposa. Aquí se da un breve interrogatorio en el cual ésta última indaga por el día de su marido, quien, paradójicamente, responde a todas sus preguntas globalmente con la verdad de los hechos que han acontecido. Su naturalidad al responder es tal, que su esposa opta porque le esta tomando el pelo. Finalmente ambos se sientan a mirar televisión como si nada hubiera pasado.
A la mitad de la noche, notamos que nuestro personaje esta inquieto. Algo parece molestarlo. “ok” dice finalmente. Se levanta de la cama, carga un bidón con agua y se dirige en su camioneta hacia el lugar de la masacre. Busca al mexicano agonizante, sin embargo nota que éste ha sido asesinado. Alguien más ha estado ahí luego de que el se fuera. Inmediatamente nota luces provenientes de dos camionetas. Lo han visto y comienzan a dispararle. Llewelyn corre para salvar su vida, hasta que finalmente logra escapar.
En este punto detendré la narración de los acontecimientos. Basta decir con que luego de este último hecho el personaje es perseguido, no solo por los hombres de las camionetas, sino también por un hombre bastante peculiar: Anton Chighur. Antón es un sicario, que va tras el dinero robado y no tiene límites. Esta serie de persecuciones llevan a una serie de eventos desafortunados que culminan de forma trágica.

Trabajaré en un principio con las cuestiones de necesidad y azar. La necesidad puede ser ubicada como un sinónimo de “Destino” y gobierna determinados acontecimientos que escapan a la conciencia. Se rige por un orden causa-efecto, es decir que siempre tiene una explicación. El azar, por el contrario, no se rige bajo esta ley causa-efecto, por lo cual no existe ninguna explicación coherente para los hechos.
Veamos, es del orden de la necesidad que Llewelyn sea perseguido, el ha hecho algo (robar el dinero-volver al lugar del hecho) para que esto se de así, dentro de estos mismos términos también puede decirse que es del orden de la necesidad que él se acercara a las camionetas guiado por su curiosidad.
También es de este orden, el hecho de que Llewelyn haya visto la sangre en medio del desierto. Es preciso recordar que él es un cazador, por lo tanto hay una relación causa-efecto para esta situación. Si el no hubiese sido una persona entrenada para seguir huellas y rastros y para observar indicios a su alrededor, es altamente improbable que se percatara de la sangre.
En el orden del azar podemos ubicar, que el perro haya salido herido y que dejara ese rastro de sangre. También es del orden del azar que el mexicano haya quedado vivo. Sin embargo, es del orden de la necesidad que le pidiese agua. Si bien podría haberle dicho o pedido otras cosas, “el agua” responde a la circunstancia “tener sed” y este es el efecto de encontrarse en el desierto.
También pertenece a este orden el incidente en que tanto Llewelyn como las camionetas se encontrasen al mismo tiempo. Aunque, como se puntualizo mas arriba, es del orden de la necesidad que el personaje se encontrase ahí.

Antes de comenzar el análisis sobre responsabilidad, desarrollaré algunas cuestiones introductorias.
La responsabilidad, ha sido (y sigue siendo), un concepto ampliamente discutido a lo largo de la historia. Debido a esto, resulta pertinente subrayar que en este trabajo tomaré a la misma desde una perspectiva en particular: la subjetiva, diferenciándola, de este modo, de la perspectiva jurídica.
En otras palabras, deseo hacer hincapié en el hecho de que no se trabajará la situación con el objetivo de llegar a una conclusión en términos de criminalidad. No busco determinar si los actos cometidos por Llewelyn son juzgables o no (responsabilidad jurídica) sino que busco encontrar al sujeto en su acto. Es decir, en que medida el sujeto es responsable, teniendo en cuenta el propósito inconciente de sus acciones. En este sentido, estaríamos en frente de: un sujeto no autónomo, que por definición no es dueño de su voluntad e intención […] sus acciones involuntarias conllevarían un propósito que desconoce. De este modo, el sujeto no se atribuye responsabilidad en relación a ellas.
Una vez aclarado esto, comenzaré el análisis ubicando los tres tiempos lógicos del circuito de la responsabilidad en relación al personaje de Llewellyn Moss.
En el tiempo uno el actor realiza una acción que “predice” conllevará determinados fines. De este modo, presupone que el accionar comenzará y terminará donde el cree.
Veamos, en la película analizada el tiempo uno corresponde al instante en que Llewelyn dice: “no tengo ningún agua” y culmina en el instante en que se lleva el dinero. Esta primera acción (la frase) es importante. Si se la tomara solo en su contenido literal, no habría nada que discutir en relación a esto…el personaje solo estaría manifestando una verdad: no lleva agua consigo para ofrecerle. Sin embargo, si se indaga más allá de la literalidad del símbolo podemos notar que esa frase expresa mucho más. El hombre se halla malherido dentro de una camioneta. A pesar de su estado, es capaz de manifestar una necesidad de índole básica: tiene sed (recordemos que se encuentran en el desierto). Es interesante, el hecho de que pida agua y no un medico. Esto puede deberse a múltiples razones: puede que el hombre agonice o al saber que es un criminal simplemente considere que el hospital no es la mejor opción o simplemente piense que sus heridas no son tan graves. Esto no podemos saberlo. Llewelyn tampoco lo sabe. Lo único que conoce es que se ha producido un tiroteo, que este hombre ha quedado vivo y que le pide algo a él. Algo que puede ser su último deseo. Aquí se presenta el dilema. Nuestro personaje, tiene varias opciones y decide decir: “no tengo ningún agua”. La frase en este ámbito se resignifica, no solo expresa que no va a traerle el agua (nada en su accionar nos permite decir lo contrario), sino que va dejarlo en la camioneta lo que dure su agonía. Posteriormente Llewelyn se llevará el dinero.
Aquí culmina el tiempo uno.
Abordare ahora el tiempo dos. En este segundo tiempo surge una interpelación, se abre una pregunta para el sujeto. Esta duda o inconsistencia desmaterializa al sujeto del tiempo uno. El sujeto ahora encuentra que las acciones que suponía, empezaban y terminaban en un lugar han desfigurado sus limites. En la película el tiempo dos, corresponde a la escena en que Llewelyn esta recostado en la cama. Es notorio que nuestro personaje esta pensando en lo sucedido, puede vérselo inquieto. Algo de lo que ha hecho lo perturba al punto de no poder dormir. Llewelyn, aun recostado en la cama dice: “Ok”, se levanta a mitad de la noche y se dispone a llevar el agua. Es visible que el sujeto uno se ha desdibujado, ha sido atravesado por la singularidad de la situación y ya no es el mismo.
Habiendo establecido los tiempos uno y dos, procederé a elaborar una hipótesis clínica, la cual establecerá de un modo aproximado sobre qué debe responder el personaje analizado.
Nuestro protagonista es verdaderamente escueto en cuanto a la información que nos aporta. La película nos enseña muy poco sobre él y sus circunstancias. Sin embargo, existen algunos datos a tener en cuenta: vive en una zona desolada en un trailer, tiene una esposa visiblemente más joven que él y no tienen hijos, tampoco parecen estar en una buena posición económica. Llewelyn ha decidido, de entre todas las opciones que tenia, robar el dinero. Demasiado dinero, aún viendo a los hombres asesinados a su alrededor y aún sabiendo que esos hombres eran narcotraficantes. Es dable pensar que la tentación es grande (son casi dos millones) sin embargo, es obvio que hace algo muy peligroso, que no solo lo pone en riesgo a él sino a todo su entorno, a la vida que venia llevando. No cualquiera tocaría ese dinero.
En este punto es preciso evaluar su situación, su forma de vida no parece despertar demasiado atractivo. Por otro lado está la relación con su mujer, si bien no parecen llevarse mal, tampoco parece haber gran comunicación ni lazos estrechos. De acuerdo a esta información, podría decirse, de modo aproximado, que nuestro sujeto se encuentra disconforme con su vida hasta el momento. Sin embargo tal vez esto no le resulte ajeno al personaje. De hecho vemos que, al saberse perseguido, no tiene ningún inconveniente en huir de su hogar sin llevar prácticamente nada consigo. A pesar de que le pide empacar a su mujer él no se lleva nada a excepción del dinero. En la siguiente escena, veremos que le indica a su esposa irse a la casa de su madre. Esto puede ser tomado como una medida protectora, sin embrago esta acción resulta demasiado similar a la efectuada anteriormente en la casa. Es como si el personaje dijera: “Hay que deshacerse de lo que me ata”.
Ante estos hechos la lectura posible del robo del dinero, abre otro modo de evaluar la situación. Veamos, el robo del dinero no solo representaría un modo de salir de esa forma de vida poco satisfactoria para él (esto es a lo cual puede acceder concientemente) sino que también seria una forma de autorreproche o autocastigo. En el plano de lo inconciente es posible que el se sienta internamente mal por la vida que lleva. De esta forma, robar un dinero que lo pone en peligro resultaría efectivo para satisfacer un mandato superyoico, según Freud todos poseemos algo inherentemente masoquista.
Por otro lado, también, podría darse la situación inversa, el reproche podría no estar destinado a si mismo sino a su entorno y a su mujer, por no darle la satisfacción que supuestamente desea. Aquí seria interesante evaluar la niñez del personaje, tal vez para buscar alguna voz que hubiese resultado demasiado demandante, de modo de constituir un Super yo demasiado exigente.
Esta hipótesis solo conforma una posibilidad, presumo que la misma no se agota en estos hechos y que para dar cuenta de una mejor respuesta para los actos de Llewelyn es preciso estar más informado de su situación.
En este sentido puede verse como en el tiempo uno se dan dos acciones, sin embargo Llewelyn responde solo por una de ellas al llevar el agua. Objetivamente esta acción es casi infantil e incluso absurda, es muy probable que el hombre ya este muerto. En la cama su inconciente le pide que responda por algo que hizo. Sin embargo, el no responde desde su deseo inconciente sino desde su yo. Responde desde lo particular, desde la serie de normas y reglas morales dadas. De esta forma, en lugar de entregar el dinero (a la policía, por ejemplo), lo cual podría corresponder a un hipotético tiempo 3, lleva el agua. El tiempo 3 es hipotético ya que nuestro personaje no realiza una relectura sobre su acto. El devolver el dinero seria una forma de responder a la hipótesis clínica evitando satisfacer a las demandas de su Super yo. Esta posible relectura se encontraría dentro del orden de lo universal-singular, en este punto nuestro personaje seria el principal sorprendido por el hecho. El universo que el sujeto venia conociendo se ensancharía, de manera que pudiese resignificar lo vivido hasta el momento, abriendo nuevas posibilidades de respuesta.
Por el contrario, y del mismo modo en que se suele hacer en un lapsus, vuelve sobre sus pasos (literalmente) a responder por el hecho como sujeto moral. Sus acciones pueden traducirse en la frase: “yo soy culpable” o en “Cometí un error”, lo cual da cuenta del su sentimiento inconciente de culpa. Este ultimo funciona a modo de desligue o de defensa contra el deseo inconciente.
Es interesante evaluar que Llewelyn, una vez robado el dinero, permanece en su casa como si nada hubiera pasado. Tal vez lo hace para no despertar sospechas, aunque su actitud no deja de parecer extraña, parece estar a la espera de que lo encuentren. Como si eso no fuese suficiente el vuelve al lugar de los hechos, donde luego es hallado por los narcotraficantes. Claro que se podría decir que el hecho de que ambos (los narcotraficantes y él) se encontrasen justo en ese momento es del orden del azar, a pesar de eso nadie lo ha obligado a volver. Es como si en realidad él volviera al lugar para ser atrapado. En este sentido su yo intentará responder ante algo que le es totalmente ajeno sin saber que él mismo es responsable de su deseo inconciente.
Finalmente, como expresa Gabriela Salomone en “El sujeto dividido y la responsabilidad”: El propósito inconciente se abre paso, aún a pesar de las intenciones concientes de limitarlo.

Bibliografía:

• Mosca Juan Carlos. “Responsabilidad: otro nombre del sujeto”. Ética: un horizonte en quiebra/Juan Jorge Michel Fariña, 2° ed, Buenos Aires, Eudeba, 2008.

• Salomone Gabriela Z. “El sujeto dividido y la responsabilidad.” La transmisión de la ética clínica y deontología, 3° ed, Buenos Aires, Letra Viva, 2008

• D´ Amore Oscar. “Responsabilidad subjetiva y culpa”. La transmisión de la ética clínica y deontología/ Salomone Gabriela Z, Domínguez Maria Elena 3° ed, Buenos Aires, Letra Viva, 2008.

• Domínguez Maria Elena. “Los Carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis” La transmisión de la ética clínica y deontología/ Salomone Gabriela Z, Domínguez Maria Elena 3° ed, Buenos Aires, Letra Viva, 2008.



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