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Psicología, Ética y Derechos Humanos.
Segundo parcial.

Profesor: Pérez Ferretti, Fernando

Comisión: 2

Alumnas: Rivas, Heliana Soledad L.U. 31703923/0
Salata, Ariana L.U. 31061602/0

Curso de verano 2011

En el presente trabajo realizaremos un análisis del circuito de responsabilidad tomando como eje a la protagonista del cuento “Sólo vine a hablar por teléfono”, que integra el libro Doce cuentos Peregrinos de Gabriel García Márquez.

El personaje seleccionado es María de la Luz Cervantes, una mujer mexicana, joven y bonita que fue reconocida en algún momento como actriz de variedades. Esta casada con un mago llamado Saturno con quien vive en Barcelona; ciudad en la que decidieron conformar su hogar luego de visitarla por un congreso de magos. María y Saturno trabajan juntos animando fiestas con shows de magia. De alguna forma se complementaban, ya que a María le sobraba la gracia y el tacto que le faltaban a Saturno. La relación entre ellos había pasado por diferentes etapas, dado que María era inestable con sus relaciones. En varias oportunidades abandonó a diferentes novios; e incluso tiempo atrás, “luego de una noche de abusos inconfesables”, dejó a Saturno por otro hombre, que la dejó plantada en el altar. Ante este infortunio sus padres la obligaron a realizar el festejo a pesar de que la boda no se hubiera llevado a cabo. María bailó y cantó como si nada hubiese sucedido pero una vez finalizado el festejo, apareció arrepentida y, aún vestida de novia, en la casa de Saturno. Desde ese momento continuaron juntos y tal como lo define el autor: “María pareció madurar, renunció a sus sueños de actriz y se consagró a él, tanto en el oficio como en la cama”. Pero a pesar de esto, Saturno aún desconfiaba de María e incluso sospechaba que mantenía encuentros sexuales con un joven a sus espaldas

El relato comienza con nuestro personaje regresando de la casa de unos familiares que vivían en Zaragoza. Antes de partir le había prometido a su marido que llegaría a tiempo para cumplir con los compromisos laborales que ambos tenían ese día. Lo central de la historia es que María nunca llegó por cuestiones que en el curso del presente trabajo intentaremos develar. Son muchos los interrogantes que podemos plantearnos en torno a esta cuestión ¿Habrá sido el azar? ¿Mala suerte? ¿Falla de comunicación?, o mejor dicho ¿La incomunicación?, ¿Algo de la otra escena en juego? Finalmente María termina internada en un hospital psiquiátrico.

Por un inconveniente mecánico del auto que había alquilado, María queda sola y a la deriva en la ruta que había tomado para emprender su regreso a Barcelona. Bajo la lluvia espera que algún auto se detenga a auxiliarla. Luego de un largo rato de espera, un colectivo se detuvo y le ofreció llevarla ¿A dónde? María no lo sabía, pero tampoco lo preguntó. El conductor le advirtió que sería cerca y ella le dijo que sólo quería hablar por teléfono. Lo que podemos interrogarnos en este punto es ¿Realmente quería avisarle al marido que no regresaría a tiempo para cumplir con los compromisos previstos?, ¿Quería avisarle que no llegaría para que no se preocupe?, ¿No se le ocurrió pedir ayuda para solucionar la avería del auto y así poder volver? ¿O quería avisarle a Saturno que no la espere? ¿Qué no la espere hasta cuando? ¿Para siempre, tal vez?

Una vez que el colectivo llega a destino, María supone que se trata de alguna especie de convento de monjas, pero no demuestra demasiado interés en averiguarlo. Ese imponente edificio no es nada mas, ni nada menos que un hospital psiquiátrico de mujeres. María se deja llevar hacia dentro del mismo suponiendo que daría con algún teléfono, sin imaginar que sería ingresada como una interna más. Lo único que llamó la atención de los empleados de la institución fue que no estuviera en la lista de las internas que viajaban en ese colectivo, y que tampoco llevara puesto el cartel que la identificaba. Sin mucha demora resolvieron la situación colocándole uno con su nombre. A partir de entonces María llevaba puesto un cartel igual al resto de las internas, el cartel que la definía como “loca”.
A pesar de que insistió en varias oportunidades que sólo intentaba encontrar un teléfono, dentro del hospital no sólo no parecían importar sus motivos, sino que el hecho de que repitiera con insistencia “sólo vine a hablar por teléfono” fue interpretado como una obsesión propia de un paciente psiquiátrico. María aún desconocía que se encontraba en un manicomio.
Cuando logra caer en la cuenta de que fue ingresada como paciente en aquel hospital, salió corriendo del dormitorio por el susto que le provocó enfrentarse con semejante realidad, pero no llegó demasiado lejos, ya que una de las guardianas la detuvo para luego inyectarle un somnífero.

Al día siguiente, luego de pasar la noche sedada, tuvo una entrevista de admisión con el director de la institución, quien desestimó también la procedencia de María. Si bien no figuraba en los registros de internación, para el médico primó que quien fuera enviado allí, loco sería, y como tal, fue etiquetada María. Etiquetada en dos sentidos de la palabra, por un lado le colocaron ese cartel que el resto traía puesto y por otro, en el sentido del mal uso de la clínica que nomina a los pacientes con su enfermedad, y no como lo que realmente son, una persona que entre otras cosas, sufre una enfermedad. Un claro particularismo, tal como lo define Juan Jorge Michel Fariña: “El efecto particularista es distintivo de la falla ética y se verifica en la pretensión de que un rasgo particular devenga condición universal” de esta manera el director no pudo leer esa singularidad en situación. Ya que una persona que entra en un hospital no siempre debe ser admitida automáticamente como paciente del mismo, más allá de las circunstancias, los listados, o mejor dicho la falta de ellos, no pudo dar cuenta de los elementos únicos que llevaron a María a ese lugar.

Una cuestión interesante en relación a esta entrevista fue que la misma transcurrió teñida de cierta ternura, ya que el director acariciaba su cabello con los dedos y le acomodaba la almohada; dando cuenta de un trato dulce hacia María. Incluso el autor lleva esta escena más allá posicionando al médico dentro de lo que podría ser una serie a modo de clisé, cuando en el texto se lee: ¨María se desahogó sin pudor, como nunca logró hacerlo con sus amantes casuales en los tedios de después del amor¨. ¿Entró el médico en una serie para María, como un hombre más por el que abandonaría a su actual pareja? ¿Es el director una especie de nuevo amor que justificara dejar a Saturno? ¿Podríamos pensar que María ubicó al director en el lugar de amor ideal que no le reclamaba sexo a cambio?, ¿Sería el primer hombre con el que logró comunicarse?

Tiempo más tarde, por cuestiones que podríamos llamar azarosas, María logra dar con un teléfono sin que nadie la viera, llamó a su casa y habló con su marido, pero sólo habló, no logro “comunicarse” con él, ya que éste, luego de insultarla, le cortó bruscamente sin escuchar nada de lo que ella tenía para decirle. La lectura que había hecho Saturno era que lo había abandonado por otro hombre, como lo había hecho en otra ocasión y posiblemente ahora estaría arrepentida nuevamente.
En vistas de que no llegaría a explicarle a su marido fácilmente lo ocurrido, accedió a mantener relaciones sexuales con su cuidadora nocturna, a cambio de que ella se contactara con Saturno y le explicara todo lo sucedido, y así fue. Nos preguntamos: ¿Es el sexo una moneda de intercambio para María?
Al recibir información sobre el verdadero paradero de su mujer, Saturno visitó el hospital. Cuando llego tuvo una charla con el director y éste lo convenció de la gravedad del estado de María, y al creerle, reforzó el particularismo del director.

El encuentro entre ambos no fue el esperado, ninguno demostró demasiada emoción, pero ella estaba convencida de que venía a buscarla para llevarla y liberarla de ese ¨infierno¨, como lo había definido una de las internas noches atrás. Le mencionó al marido que creía que nunca volvería a ser la misma. No entendemos esta confesión en el sentido de un tercer tiempo, en el cual el sujeto logra subjetivarse y cambiar de posición logrando un plus, sino que podemos pensarlo en sentido contrario, ya que después de todo el calvario vivido allí dentro, habría perdido parte de su subjetividad, situación muy típica de los pacientes internados en los neuropsiquiátricos, en los cuales se les regulan los horarios, la ropa que visten, la comida que comen, la medicación que toman. Además, se los suele etiquetar bajo el nombre de su enfermedad, y cualquier acción llevada a cabo es leída e interpretada bajo la lupa de la misma.

Cuando el marido le comenta que por recomendación del director lo mejor para ella sería permanecer internada, María respondió a ello tal como dice García Márquez en el texto: “como una verdadera loca” colgándose de su marido entre gritos y llanto.
Tanto la entrevista de admisión con el director, como la primera visita de su marido fueron situaciones en las que María pensó que se resolvería la situación en la que había quedado inmersa casi sin darse cuenta. Pero en ambas, esto no sólo no fue así, sino que le demostraron, que aquel día en que decidió subirse a ese micro sin saber, sin preguntar a dónde iba, ni dar demasiadas explicaciones de lo que le había ocurrido, o qué necesitaba, tendría consecuencias más allá de lo que hubiera imaginado. Las dos situaciones interpelaron a María, demostrándole que cuando simplemente se subió en un micro creyendo que le permitiría dar con un teléfono y pensando que su acción se agotaba en este fin, no sería tan así. Se encontró con una realidad que excedía su propósito conciente. Ella misma se había involucrado en esa situación. Sólo ella era responsable de ubicarse en el lugar que le asignaron en la institución.

Por cuestiones azarosas el auto alquilado sufrió un desperfecto mecánico y el único vehículo que se detuvo para auxiliarla fue el micro del hospital psiquiátrico. Si bien esta contingencia no puede ser adjudicada a la responsabilidad de María, podemos al menos preguntarnos por la manera en que ella respondió, como se posicionó ante esta situación azarosa que se le presentó. Por ejemplo: ¿Por qué no pregunto hacia dónde se dirigía el micro?, ¿Cuál era su destino o de qué tipo de institución se trataba? (ella notó que las personas que viajaban en el micro llevaban un uniforme, iban todos dormidos e incluso le llamó la atención que el conductor parecía personal militar), pero nunca cuestionó nada, ¿Se dejó llevar por la situación? ¿Huía de algo? ¿O de alguien? ¿Realmente quería avisarle a su marido que no llegaría? o ¿Era una forma de abandonarlo sin cargar culpas por ello?
Del lado de la necesidad, podemos ubicar el hecho de que el auto se descompuso y sin la ayuda de alguien no podría resolver el problema, sea una persona que tuviera los conocimientos para solucionar el problema mecánico del auto, o bien que le facilitaran un teléfono con el cual llamar para que le enviaran ayuda. Pero ella en lugar de realizar este planteo, repetía constantemente la frase: “Sólo vine a hablar por teléfono¨ como si fuera lo único que tenía para decir ¿Le importaba con quien iba a hablar? ¿Alguien estaba dispuesto a escucharla? ¿Qué es lo que realmente tenía para decir? ¿Qué no llegaría a tiempo? ¿O directamente que no la esperen porque no volvería?

Cuando su marido le confirmó en esa primera visita que no se iría ese día con él, sino que seguiría internada en el hospital, ella le saltó al cuello y tuvo que ser apartada de él por una de sus cuidadoras. María, se comportó como lo que el director, las cuidadoras, y su marido le venían diciendo que era: una loca. Podríamos pensarlo cómo el acatamiento a la etiqueta con la que había sido marcada; ocupando el lugar de loca que le habían dado. Nos permite dar cuenta que sigue el guión del otro, o en este caso, de los otros. Etiqueta con la que no ingresó al hospital, pero que enseguida le pusieron y no logró encontrar los medios adecuados para quitársela ¿O no quería deshacerse de ella?
Esta situación nos permite pensar que de esta forma María podría actuar, representar el papel de loca, y así de alguna manera recuperar el oficio de actriz, el cual había resignado cuando volvió con Saturno. Y por otro lado podemos preguntarnos ¿Dejaría de ser el objeto sexual de los hombres? En este punto es importante pensar que María tenía un historial de abandono de hombres que, tal vez, sólo esperaban sexo de ella y en el hospital encontró en el director al único hombre con quien pudo entregar su llanto y sus preocupaciones, sin entregar su cuerpo.

Si pensamos la postura de María desde la concepción jurídica, podríamos conjeturar que al aceptarse, o ubicarse, ella misma como una loca dejaría de ser un sujeto autónomo y pasaría a ser inimputable ¿Esto le permitiría a ella pensar que se desresponsabilizaba por dejar al marido? ¿Sería más cómodo quedarse en el hospital que tomar la decisión de abandonarlo?

Lejos de poder tomar alguna de las respuestas dadas por María como un tiempo tres, en el cual se observa, aunque sea por un momento, un cambio de posición del sujeto; encontramos en María puro taponamiento de la situación; con miradas aterradas, exteriorización de ataques de nervios, y negándose a presenciar los espectáculos de magia que realizaba Saturno en el hospital todos los sábados. Incluso devolvía sin abrir las cartas que el marido le enviaba. ¿Podríamos pensar estas reacciones como vergüenza? Como plantea Oscar D´Amore: “Pero también hemos considerado otras variables (…) formaciones sintomáticas asociadas al sentimiento inconsciente de culpa. En ellas la culpa, por distintas circunstancias, no favorece el efecto sujeto¨

Relacionando nuestro personaje con el de Ibbieta, a diferencia de él, que al menos por un momento pudo cambiar su posición respecto del tema que lo concernía, y por lo tanto pasar por un tiempo tres, María, la actriz devenida en loca, sólo pudo continuar en el mismo eje particular en el que quedó atrapada, “empujada” por el azar, sus propias decisiones y el discurso médico imperante en el hospital.
Con el tiempo el marido se cansó y dejó de asistir al hospital, sólo le hacía llegar la ración de cigarrillos semanal, tarea que luego de un tiempo le encargo a una amiga, tras volver a su México natal.

María, no logró salir del discurso del otro que le decía que era una loca, que su lugar era esa institución psiquiátrica en la que debía permanecer encerrada. Pero pensamos que de alguna manera se sirvió de esta situación. Con el tiempo comenzó a sentirse más cómoda y antes de que el hospital fuera demolido, lo último que supimos de ella es que se encontraba ¨contenta con la paz del claustro¨ y posiblemente, podríamos agregar, lejos del marido.

Bibliografía

D´Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

García Márquez, Gabriel: Sólo vine a hablar por teléfono. Doce cuentos peregrinos. Editorial Sudamericana, 1993.

Michel Fariña, J. J (1998) Lo universal-singular (Cáp. III) en Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.



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