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Sobre la "moraleja" del deseo

por Cabeza, Diego Fernando Ariel, Mellano, Antonela Micaela

“Me revienta tu presencia, pagaría por no verte”

Celedonio Flores, “Margot”

¿Has actuado en conformidad con tu deseo?

Jacques Lacan, Seminario VII

Eva era una escritora exitosa, una cronista de viajes. Una mujer independiente, libre y con hambre de mundo…Eva tenía un compañero, una diversión, una lujuria. Eva siente ser expulsada de su paraíso y de su deseo…Eva parecía feliz

Es a partir de la escena en que Eva se embriaga en un ritual de excesos, y engendra un hijo, que comienza su nueva existencia. Existencia en la que no se reconoce, marcada por la hora, 12:01, momento de la concepción de su sufrimiento, de aquello que no desea e irrumpe en su vida como algo ajeno y que constituirá la existencia de un nuevo ser que será significado como una desgracia.

Detrás de las cortinas, velo, con el cual comienza el film, se esconde el horror de un crimen. Mucho antes de ese momento, detrás de ese mismo velo, nos encontramos con un tiempo de fiesta.

Freud describe la esencia de la fiesta como “Un exceso permitido, más bien obligatorio, la violación solemne de una prohibición. Los hombres no cometen esos excesos porque algún precepto los ponga de talante alegre, sino que el exceso mismo está en la esencia de la fiesta; el talante festivo es producido por la permisión de todo cuanto de ordinario está prohibido.” [1] Esto es lo que marcará un tiempo previo para Eva, un tiempo cero donde su mundo no conoce ataduras y su lugar de residencia son todos los lugares posibles. Se encuentra lejana de lo ordinario y lo cotidiano. La vemos envuelta y cubierta por el rojo que inunda toda la primera escena, rojo que confundimos con vino, sangre o deseo que se desparrama sobre los cuerpos.

La imagen tiene la calidad de una fiesta dionisiaca desbordante en la pantalla. Dioniso es un dios liberador, libera al hombre de su ser normal. “El jugo de la vid le pertenece, como cualquier jugo de la vida. Soberano de la naturaleza húmeda, el propio Dioniso es liquido, una corriente que envuelve.” [2]

Nietzsche dice que el éxtasis del estado dionisiaco aniquila las barreras y límites habituales de la existencia, quedan así separados el mundo de la realidad cotidiana y el mundo de la realidad dionisiaca, pero tan pronto la realidad cotidiana vuelve a penetrar la consciencia, esta es sentida como nausea: un estado ascético, negador de la voluntad. El griego quería un escape al mundo de la culpa y el destino. Lo dionisiaco es contrapuesto como orden superior a un orden vulgar y malo. En el despertar de la embriaguez ve lo espantoso y absurdo del ser humano y esto le produce nausea.

El momento de la concepción, 12:01 inaugura el momento donde se introduce lo cotidiano en la vida de Eva.

Ella no podrá durante un largo tiempo encontrar(se) su deseo, mas bien la nueva situación representa para ella algo de lo cual quisiera desembarazarse.

La concepción de un hijo no es algo que puede ubicarse del lado de lo ordinario o lo festivo, esta acción podría ser un motivo de fiesta para otro sujeto, pero no para Eva. El rojo de la vid de Dioniso ya no volverá como un líquido que fluye y que embriaga. El rojo retornará como muerte, herida, mancha o producto enlatado.

El producto de la concepción es este nuevo ser, llamado Kevin y Eva, su madre, la cual se desconoce en el embarazo, se desembaraza. Su gran vientre es sentido como una rareza. Es una madre que se deforma en el parto, que una vez nacido su hijo no puede cargarlo: sus ojos se tornan vacíos, no lo quiere, no puede (sos)tenerlo: ni en sus brazos ni con la mirada. Solo su pareja, su compañero, se siente feliz.

Es en este punto que se podría pensar por la dimensión ética del deseo del personaje, frente a la asunción de su maternidad. ¿Por qué sigue este camino? ¿Cual fue la posición de Eva frente al acontecimiento del embarazo? No parece haber pregunta. Se inaugura un primer tiempo en el que se podría pensar la acción de Eva como una decisión moral, de pertenencia y ser amada. Su responsabilidad en lo referente a decidir SER madre sería una responsabilidad moral.

La decisión de tener un hijo sería una acción en Eva y no un acto. Esto es porque “un acto implica una decisión tomada por fuera de los otros, sin los otros. Implica una decisión por fuera de lo moral –del bien y del mal- una decisión por fuera de la ley” [3].

No hay responsabilidad subjetiva en Eva, no hay responsabilidad por su deseo inconsciente, su decisión no es ética, no hay acto porque si lo habría hubiese podido abrir el espacio para la entrada de lo universal-singular y producir un quiebre en el universo moral.

El Superyo sería para Freud la conciencia moral, la ley del bien. Según Lacan, el fundamento de la ética en psicoanálisis no sería el Superyo, ya que el superyo no se puede contentar, es una instancia voraz. Lacan, en su retorno a Freud, reformula la cuestión ética en respuesta a un imperativo de la época, un imperativo moral.

La cuestión ética ha estado presente en la filosofía clásica desde Aristóteles. Según el filosofo la ética se funda en la idea que todo acto humano tiene una tendencia natural hacia el bien, cuyo fin último sería el Soberano bien, la felicidad. El ideal del bien estaría establecido por el paradigma que propone la ciudad, se funda en un orden ideal y que responde a la estructura de la ciudad; es por esto que el bien está orientado, entonces, hacia el bien de la ciudad. Pero para Aristóteles esto es natural en el individuo, lo que equipararía el bien con el bienestar.

La propuesta ética de Kant, subvierte el proyecto Aristotélico y consiste en separar el bien del bienestar, tiene un cariz imperativo en donde no hay lugar para la subjetividad. Un acto ético para Kant, consiste en el apartamiento de lo que él llama objeto patológico (de bienestar), sacrificándolo. El imperativo categórico Kantiano respondería a una ley sin importar su contenido, sino cumplir solo con lo que ésta ordena, lo cual deja al individuo sometido a la voz del Superyo.

El Superyo entonces estaría íntimamente ligado a la moral, la cual es pertinente a la conducta social de un sujeto entre otros: Permite un ordenamiento y un orden social. Entonces la responsabilidad del sujeto de psicoanálisis no es una responsabilidad civil.

Lacan a través de Sade interroga esta ley moral de Kant. A través del imperativo del deseo abierto en Sade se manifiesta la división del sujeto, en complemento al imperativo Kantiano: “La bipolaridad con que se instaura la ley moral no es otra cosa que esa escisión del sujeto que se opera por toda intervención del significante: concretamente del sujeto de la enunciación al sujeto del enunciado” [4].

La dialéctica del deseo, entonces, supone un acto de subversión del sujeto frente al imperativo categórico de una ley que es enunciada de acuerdo a la moral de una época.

La ética psicoanalítica se enuncia en la interpelación del sujeto, no instaura una bipolaridad a través de un imperativo, sino que se pregunta: “¿Ha usted actuado en conformidad con el deseo que lo habita? [5] Parecería ser que en la protagonista no ha sido así.

“Eva” es el nombre de “La mujer” en el Génesis de la mitología judeocristiana. Proviene del hebreo y significa “aquella que da vida”. El motivo de su creación la une al otro. No fue creada para poseer autonomía, está destinada al hombre. Creada del hombre y para el hombre, encarna la carencia de este y a él queda subordinada.

En la historia bíblica puede atribuirse a Eva la culpa (en sentido jurídico) por la desobediencia de la ley, de la moral. Se deja seducir por la tentación (de romper con la moral) y a la vez seducir al hombre para que la siga en su pecado, arrastrando así al hombre también en la desobediencia. El castigo: "Multiplicaré tus dolores en tus preñeces, con dolor parirás tus hijos y estarás bajo la potestad de tu marido y él te dominará" [6]

La protagonista porta este nombre. ¿Habría algo de este mito que se repite en el film? Tendrá que vérselas con el sentido del nombre con el que fue nombrada, para asumirlo, para rechazarlo, para cumplir un destino predeterminado o elegir un camino singular.

Generalmente en la esfera de lo social la pregunta sobre el por qué se tienen hijos: ¿Por qué tener un hijo? es raramente formulada. Esto podría pensarse como un indicio de hasta qué punto está interiorizado el supuesto de que la maternidad es algo “natural” e incuestionable, puesto fuera de toda duda en tanto que deseo de las mujeres. El hecho de no elegir ser madre no resulta tan claro y asentido en las representaciones sociales. Siguiendo esta línea, podría pensarse que el fenómeno de la maternidad se constituye sobre una serie de sobreentendidos, sin que haya una profunda evaluación o cuestionamiento de las consecuencias que esto conlleva. Es una constante social definir la maternidad como el aspecto fundacional de la identidad femenina, asociando el “ser mujer” con el “ser madre”.

En este sentido el mito de Eva se repite de forma invertida: En la historia bíblica tenemos una Eva que se enfrenta a las consecuencias de haber actuado por fuera de la moral, en el film Eva deberá enfrentarse a las consecuencias de haber actuado conforme a la moral y fuera de su deseo.

Es necesario hablar sobre Kevin ¿que sucede con el? ¿Como se siente en el mundo? Nadie en el film se interrogará demasiado por ello. No hay ninguna pregunta sobre el mundo relacional del niño con sus padres.

No es la intención aquí realizar realizar juicios sobre las acciones de los personajes ni una pericia de este caso imaginado ya que: “la pericia psiquiatrica permite trasladar el punto de aplicación del castigo, de la infracción definida por la ley a la criminalidad evaluada desde el punto de vista psicológico moral.” [7]

Kevin llora y ella no puede escucharlo, tanto que intenta obturar el llamado de Kevin a una madre con el ruido de un taladro. ¿Sería más soportable el tortuoso ruido de un taladro entonces? Ya, durante el embarazo Eva se desconocía, la panza creciente se le hacia extraña, miraba a otras embarazadas y parecía no entenderlas, no libidinizaba la llegada de un nuevo ser.

Este niño, esta nueva creación de Eva, es significado como culpable, aquel que arruinó su vida, que destruyó su deseo. Ella no se señala como responsable, no se asume en este acto creador, porque justamente no realiza un acto, no hay responsabilidad subjetiva en su decisión.

¿Podría pensarse en este punto una estructura psicótica como resultante de la ausencia de respuestas del Otro Materno? No podría afirmarse ya que por otro lado es el padre que cumple algo de la función materna de la cual Eva parece estar ajena en tanto amor. Él prepara su cuarto antes de nacer, juega con él, lo sostiene con su mirada, le canta, etc.

A partir del momento en que Eva nota que algo anda mal en Kevin, parece empezar a preocuparse. Vemos una Eva que intenta conciliarse con la función materna. En un supuesto intento de renovar su deseo, se preocupa por la crianza de su hijo y se pregunta por qué no habla, por qué no responde a los juegos. De aquí es que toma la decisión de llevarlo al médico. Si bien hay un intento de conciliación con el papel de madre, nunca se responsabiliza por esa función, cree que lo que le ocurre al niño es porque lloraba mucho cuando nació, quizá siga ubicando en Kevin todo lo que tenga que ver con extrañeza ¿Por qué sería? El deseo y la moral se confunden en Eva en todo el transcurso del film. La supuesta decisión de seguir con ese embarazo y la crianza de Kevin seguirían en una continuidad moebiana moral.

Kevin no es correspondido en su llamado al Otro, podríamos considerar este mutismo como una contradictoria llamada a ese Otro materno, ya que es imposible para él saber si alguna vez ocupó ese lugar de deseo.

Ella cree que el mutismo puede ser una señal temprana de autismo. En la consulta es el médico el que no responde. En materia de bioética cabe preguntarse por el principio de beneficencia. Entra en tensión tal concepto: el hecho que Eva vaya a consultar implica que ella supone que el médico posee una formación y conocimientos que ella carece. Ante la pregunta de la protagonista, el médico contesta que el niño está bien, que solamente “es un niño maldito”, tal cual el film lo describe en todo momento. El médico, no promueve el mejor interés para el paciente, no alienta a consultar en otra especialidad, sino que prescinde de la opinión de Eva en calidad de consultante, desestimando su opinión en el sentido de no considerar la gravedad del asunto. No hay una lectura sobre la posibilidad de que algo no marche bien en esta familia y/o necesiten algún tipo de ayuda.

Es en la tierna latencia que Kevin aún no controla esfínteres. Es importante pensar en este punto la etapa anal como una etapa donde empezara a jugarse en el psiquismo la aceptación de las exigencias sociales. Kevin parece no adaptarse, responde a las exigencias de manera expulsiva agresiva, fijados en el goce autoeróticos. Kevin no conoce de ley y si la conoce es sorteada por él en todo momento. Él destruye el cuarto de su madre, mancha la personalidad, el deseo de ella: ese cuarto refleja todo lo que ella deseaba y no pudo/quiso asumir. La ley no es enunciada por ella, tampoco por su pareja, el padre de Kevin: Él lo apaña y ella se limita a destruir el arma con la cual siente que Kevin lesiona su deseo. Entonces: ¿No es enunciada la ley o es tácita y Kevin la sortea?

Allí donde Eva no puede enseñar a su hijo y no puede instaurar algo de esa ley cultural, es donde ella nuevamente reacciona destruyendo, en este caso lastima físicamente a su hijo. Es en esta escena donde algo del límite aparece a través del golpe, en el cual Kevin puede contenerse. Años mas tarde Kevin le dirá a su madre que esa escena fue la mas real en la relación entre ambos, él piensa que su rol de madre es absolutamente falso. La relación de Kevin con su madre es una relación de amor-odio que queda muy cristalizada en la escena donde Eva obtiene de él un virus llamado “I love you”.

Esta también es la escena en la cual se creara un pacto implícito entre ambos del cual queda excluido el padre: ambos saben lo ocurrido pero lo ocultan frente él, burlando la ley paterna. El niño usará este secreto para manipular a su madre.

El padre de Kevin aparece presente pero en ningún momento parece establecer claramente los limites. En todo momento se puede inferir que Kevin pide la palabra que ponga un punto de detención a su acción; pero no hay palabra emitida para ponerle un limite que lo contenga. ¿Es posible imaginar en kevin una estructura perversa? Solo se podría responder que en la perversión no hay forclusión del nombre del padre como en la psicosis, sino que hay una perturbación de la función del nombre del padre. El padre se hace “cómplice” de los actos que se enmarcan fuera de la ley. El padre de Kevin parece no establecer ningún tipo de límite frente a las acciones del niño. No lo reprende cuando destruye la habitación de su madre, ni cuando Eva encuentra el hamster muerto en la trituradora. Lo defiende también cuando su hija pierde un ojo en un accidente domestico confuso asegurándose de que Kevin no se sienta responsabilizado por lo ocurrido, mientas tanto Kevin destroza con su boca un fruto semejante a un ojo humano provocando angustia en su madre, prontamente escupido luego de que esta se retira de la escena.

¿Es posible pensar que Kevin se hace instrumento del deseo reprimido de Eva de no tener ninguna familia y seguir viajando por el mundo? ¿Le devuelve su goce reprimido? ¿Le dedica su vida sin saberlo? una forma extraña de manifestar “amor”, como un virus llamado “te amo”.

En la paleta de colores de la vida de Eva, es el rojo el que volverá a primar en su vida. En esa casa tan plena de luz, donde un Kevin adolescente desfila a piacere, donde burla la ley y la desestima; vemos como él engaña a su padre, fingiendo ser el chico correcto y como entra siempre en conflicto con su madre.

Es aquí que el rojo vuelve a la vida de Eva, en una suerte de juego de escenas temporales, muestran como este color invade su vida y ya no embriagándose de placer sino en forma de muerte: Cuando Kevin asesina a muchos de sus compañeros de escuela, luego a su padre y a su hermana. En el punto del asesinato de sus pares, desde una perspectiva social podría verse este hecho como consecuencia de un fenómeno de bullying pero en el film no se explicita este punto de vista. Un cartel en el colegio que habla de la exigencia y el orgullo, la bandera estadounidense como representante de una cultura y testigo de la masacre frente a la cual Kevin realizara una reverencia, son elementos sociales que quedaran en el film intencionalmente de fondo para resaltar como figura los vínculos intrafamiliares que determinan la psicología del personaje.

También el color rojo retorna en forma de producto enlatado, cuando ella trata de cobijarse detrás de las latas rojas en defensa de la agresión de una madre dolida por la muerte de su hija en manos de Kevin. Quizá en ese momento esas latas nombren algo del deseo perdido de Eva, donde ella trata de ocultarse y protegerse.

El retorno del color rojo es mostrado al final del film (como así también al principio) en forma de culpa, es ella quien friega y borra el rojo que mancha su nueva casa después de la tragedia, es ella quien lava la culpa ¿por haber tenido ese deseo? ¿Por sentirse una mala madre? Deseo y culpa se entremezclan. Podríamos ubicar un segundo tiempo lógico de responsabilidad subjetiva. En este limpiar hay algo que interpela el primer acto de Eva, hay algo de su viejo deseo que asoma y ella lo limpia, con culpa, por desear, por las consecuencias de no haber actuado ¿en conformidad con su deseo? Quizás intente corregir las consecuencias, pero hasta allí llega su interpelación, sin negar el presente, pero también sin demostrar si lo resuelve.

En el momento de su mayoría de edad, Kevin esta a punto de ser trasladado. Ella allí lo visita, y puede vislumbrar el primer momento de angustia de su hijo…Es la primera vez que la ley es nombrada: Es mayor, va a la cárcel o aun psiquiátrico, no se sabe, ahora responde solo por él…Ahora se encuentra solo ante la ley. Eva se lo dice cuando le enuncia irónicamente que él tendría que haber sabido que hizo: “ya que hizo todo tan bien”.

Es allí que ella se va…no puede saberse si hay un acto, un tercer tiempo, o un nuevo advenimiento subjetivo, si hay responsabilidad. Ella arregla la nueva casa para Kevin. No sabemos si se la deja, y se va detrás de su deseo, si comprende finalmente un acto o si reacciona de acuerdo a la moral.

Solo la vemos partir y delante un halo blanco…el color rojo ya no forma parte de su vida.

Referencias

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Artículos en Internet

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Rengifo, F: “La Responsabilidad del Sujeto” en Revista UNAL. En .
Bioética: Wikipedia, Enciclopedia Virtual



NOTAS

[1Freud, S. (1913): Tótem y Tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y los neuróticos, Pág.: 142. En Obras Completas Tomo XIII. Buenos Aires-Madrid, Amorrortu Editores, 2006.

[2Calasso, R. (1988). Las bodas de Cadmo y Harmonía, Pág.: 48. Barcelona, Anagrama, 1990.

[3Ariel, A (2001): La responsabilidad ante el aborto, Pág.: 1. Clase teórica dictada el 16 de Junio de 2001

[4Lacan, J. (1962) Kant con Sade, Pág.: 749. En Escritos 2. Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2005

[5Lacan, J. (1964) Las paradojas de la ética o ¿Has actuado en conformidad con tu deseo? Pág.: 373 En Seminario VII, La ética del Psicoanálisis Ciudad de Buenos Aires, Editorial Paidos, 2005.

[6Gén. 3, 16.

[7Foucault, M. (1974). Los anormales. Pág.: 31. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2011.





COMENTARIOS

Mensaje de Susana Díaz  » 17 de agosto de 2012 » susanaydiaz@gmail.com 

Tal vez podríamos afirmar que al mismo tiempo que Kevin se "normaliza" bajo los efectos de la ley, aun si ella se presenta como punitiva también encuentra su madre un destino simbólico. Eva encuentra ahí un sitio como sujeto, no es cómodo, pero solo la responsabilidad le permite advenir como sujeto, acontecimiento que los autores señalan y que el film muestra en las visitas a la cárcel.



Película:Tenemos que hablar de Kevin

Titulo Original:We Need to Talk About Kevin

Director: Lynne Ramsay

Año: 2011

Pais: Reino Unido

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