por 

PSICOLOGIA ETICA y DERECHOS HUMANOS
CATEDRA: FARIÑA
A.T.P: Ana Corinaldesi

ALUMNO: SAULO PEDREIRA

LU: 33 196 745 -0

COMISION: 5

FECHA DE ENTREGA: 26/10/2010

PELICULA: “TITANIC” (Dir. James Cameron)

MAIL: Saulo_79@hotmail.com

CONSIGNA DE EVALUACIÓN
1. Escoja a un sujeto que tome una decisión comparable, en términos teóricos, a la de Ibbieta, el personaje del cuento “El Muro” de J. P. Sartre. Justifique su elección.
2. Sugiera el circuito de responsabilidad (tiempos lógicos) que organizan la situación.
3. Establezca los elementos de azar y necesidad presentes en la situación, consignando los indicadores respectivos.
4. Si corresponde, establezca las figuras de la culpa que aparecen, estableciendo su relación con la hipótesis sobre la responsabilidad subjetiva. Consigne en caso que exista alguna relación con la responsabilidad jurídica.
5. Articule con las categorías trabajadas a propósito de: la ética como horizonte en quiebra; el acto ético; lo universal-singular; la moral de lo particular y –si resulta pertinente– el efecto particularista.
En todos los casos, articular con las referencias bibliográficas del Módulo 5 y si el escenario fuera pertinente con las del módulo 4.

El personaje que a mi criterio debe tomar una decisión comparable a la de Ibbieta es Rose, tras una escena durante una lujosa cena en el Titanic, en la cual se levanta de la mesa y se va. Ella relata, ya de anciana, lo que sintió en ese momento. Dice:
“Vi toda mi vida como si ya la hubiera vivido. Un desfile interminable de fiestas y bailes elegantes, yates y juegos de polo. Siempre la misma gente y la plática superflua. Sentía que estaba parada en un gran precipicio, sin nadie que me jalara hacia atrás. Nadie a quien le importara, o lo notara siquiera. “
¿Que hace con esto de sentirse que estaba parada en un gran precipicio? Le da un soporte actual; se dirige hacia la borda, en la punta del barco (específicamente en la cola del barco, la popa), pasa al otro lado de la baranda, y queda así efectivamente frente a un precipicio, en soledad. Y aquí es donde debe tomar la decisión: ¿saltara o no?
Ella se haya en una situación en la cual pareciera que su poder de decidir es casi nulo; sometida por su madre y su prometido, Caley, un magnate del acero en Estados Unidos, a consumar un casamiento por conveniencia, y atrapada en un mundo que le resulta frívolo y superfluo, encuentra como una salida posible el suicidio. Paralelismo con Ibbieta: Este personaje también se haya en una situación en la cual el poder de decisión se haya coartado. Esta detenido por los falangistas, y lo están interrogando. Le preguntan por el paradero de Ramón Gris, diciéndole que, de entregarlo, se le perdonará su propia vida. De lo contrario, será fusilado. En ambos, sin embargo, esta la posibilidad de elegir, de decidir sobre sus actos, y de una verdadera implicancia subjetiva en la decisión, aunque ellos la desconozcan.
Para explicarlo mejor, paso a analizar la situación de Rose desde el circuito de la responsabilidad y los tiempos lógicos planteados por Oscar D´Amore:
Tiempo 1: Rose, convencida de que no hay otra salida para la situación en la que se encuentra, decide intentar suicidarse, en pleno uso de sus facultades mentales. Así evitaría sufrir las consecuencias del casamiento con Caley, tener que enfrentar a su madre, quien practicamente la obligaba a casarse debido a los problemas economicos que tenian, y que solo serian salvados por este casamiento. Pareciera como si toda la responsabilidad estaba dirigida hacia Rose de salvar la familia y el apellido, pero ella no podia soportar tal carga, menos a expensas de su propia felicidad. Decide ir y tirarse al mar. Pero, a pesar de todo, algo hace hiancia en la continuidad de sus actos; Rose se detiene perpleja frente a su propia muerte, y no salta. Es esta su decisión. Permanece allí inmóvil, hasta que Jack hace su aparición y sucede lo que analizare a continuación:
Tenemos a Rose, al borde del barco, frente al mar, a punto de tirarse. Allí aparece Jack, un muchacho errático de clase baja que, en lo inoportuno de la situación, haya la oportunidad para acercarse a esta dama de clase alta que había estado observando horas antes desde lo lejos. El diálogo que tienen es importante para ver la posición en la que se haya Rose con respecto a sus decisiones y como esta ira cambiando tras las sucesivas interpelaciones de su acto:
- Jack: “no lo haga”
- Rose: “Váyase”
- Jack: “Vamos, deme su mano, la jalare hacia atrás”
- Rose: “No se acerque, quédese donde esta. Hablo en serio, voy a saltar”.
- Jack: No, no lo hará. No saltara.
- Rose: ¿Qué quiere decir con que no lo haré? No pretenda saber que voy a hacer y que no. No me conoce”
- Jack: Bueno, ya lo hubiera hecho…
- Rose: Me esta distrayendo. ¡Váyase!
- Jack: “no puedo, ahora estoy involucrado. Si se tira deberé saltar a salvarla. (…) No tengo opción.”
Desde esta escena, se puede analizar lo que sería el TIEMPO 2, tiempo de la interpelación por el acto realizado, retroactivamente. Son los comentarios de Jack los que la llevan a interpelarse por su acción. Ahora bien, lo que ella se cuestiona no es “¿por que esta alli, por que se quiere suicidar?”, (eso parecía tenerlo en claro en el momento del tiempo 1, cuando decide ir hacia le borde del barco) sino mas bien “¿por que no lo hace? ¿Por que no salta?””¿No seria esta la solución lógica a todos sus problemas?”; y mas aún, “¿Cómo sabe este desconocido que ella no saltara? ¿Hay algo evidente en su accionar pero que se le escapa de su conciencia, es decir, de su autonomía yoica?
Se sabe que la muerte es algo del orden de la necesidad, se nos presenta como un evento a futuro inexorable, como aquello que no se puede poner en palabras. Pero si hay responsabilidad, implicancia subjetiva, si uno elige cuando morirá, y esto se hace en la elección del suicidio, si bien las precisiones en el modo de ejecutarlo y el momento serán una combinación de racionalidad y de motivaciones inconcientes, junto con elementos de azar y necesidad. Así mismo, he elegido esta situación puesto que se diferencia del momento en que lucha por sobrevivir tras el hundimiento del barco, en el que la implicancia subjetiva se haya en mayor combinatoria con las de necesidad y azar (ej: el barco se hunde, pues es de hierro y no flota sin determinada cantidad de compartimientos sanos, el agua esta helada por necesidad, es esa la temperatura). Hallo difícil hallar situaciones puramente de azar para explicar el hundimiento, puesto que tanto el capital, el creador del barco, el encargado de que haya suficientes botes salvavidas, etc. están implicados en la situación. Pero, en la escena que he recortado, lo importante es que se llega a un punto en el que es Rose y solo Rose la responsable de la decisión de seguir viviendo o no. Se halla sola frente a su muerte, a un paso, a una acción.
Y es que la decisión de saltar parecía estar tomada, pero algo irrumpe, tal vez el impacto de ver el agua, la altura, pero a su vez, pensamientos y deseos inconcientes de los cuales nada sabe y que finalmente la llevan a frenarse en su cometido. Y es la culpa, a modo de sentimiento inconciente de culpa, esto es, culpa en el sentido estructural, la que la lleva a interpelarse el por qué de esta decisión que escapa a su propósito conciente, razonado. La culpa es la interpelación.
Podría, si se quisiera, intentar dar una respuesta “obvia”: “todos temeríamos ante la muerte”. Pero eso seria estancarse en lo particular, sería darle una aparente universalidad a un acto que es singular, que es la posición que se tiene como sujeto frente a la propia muerte. Si se ubicara un modo de comportarse “para todos”, se ignoraría al sujeto de deseo, al sujeto del inconciente, al sujeto del acto ético, fundado en el acto mismo. No todos sienten temor. Quedaría solo un reflejo, un sujeto autónomo que actúa por lógica, por sentido común, y no es este en el sentido en que se debe analizar un acto como el de Rose. Ese seria más bien el modo de entender al sujeto de derecho, al sujeto autónomo al cual se le atribuye una responsabilidad jurídica, esto es, un modo de responder frente a sus actos realizados con una intención y una razón, y que por ello lo hace imputable, culpable, garante de sus acciones.
La decisión de no saltar va mas allá de una coherencia, de una unidad yoica; esta implicada una responsabilidad subjetiva, en la que deben localizarse las coordenadas de aparición de ese sujeto efecto del acto ético. Pero ante el encuentro con este sujeto, se producirán en Rose diversos intentos de respuestas, que vendrán a taponar la dimensión ética, a colmar de significado aquello para lo cual no hubo una respuesta a nivel conciente en el momento de ejecución del acto, pero que por resignificación parecen devolver al mismo su orden y coherencia.
Una interpelación en el TIEMPO 2 del circuito de la responsabilidad, formulada a posteriori, y que por retracción liga a la acción del tiempo 1 (el no saltar), fundándolo como tal, dará a esta última una nueva significación, a modo de unas respuestas no diferenciadas, que no implican una responsabilidad subjetiva; para no enfrentarse al hecho de que, de algún modo, ha decidido no tirarse, utilizará el mecanismo de la negación como un modo de proyectar la culpa en el otro. Rose dice que no se ha tirado porque Jack la esta distrayendo, y le pide que se vaya. También utilizará el mecanismo de la proyección, ya cerca del final del dialogo, cuando parece razonar: “no me tiro para salvar a este pobre muchacho” cuando Jack le dice que, si se tira, no tendrá otra opción que ir a salvarla. Ahora bien, esta respuesta le es suficiente a Rose para justificar por el momento su acto, volverá a la cubierta tomada de la mano por Jack y, tras ser encontrada por unos guardias y ser interrogada por lo que sucedió, atribuirá a Jack el papel de un héroe, que la salvo de haber caído al océano. Claro que lo que no cuenta son los motivos por los que pudo haber caído, todo esto ha sido velado y dice que fue un accidente. Sólo quedó una respuesta en apariencia coherente, un velo del verdadero deseo inconciente que la llevo no a intentar suicidarse, sino a no tirarse al mar. Fue realmente ella quien se salvo a si misma en primera instancia, por no haberse tirado inmediatamente, aún antes de que Jack aparezca en escena.
Ahora bien, ella atribuye a Jack haberla salvado, no reconociéndose allí como responsable por su elección de seguir viviendo. Se ve en la reacción que tiene cuando Jack le dice que no va a saltar, y ella se irrita mucho, le contesta diciéndole que no la conoce, que como sabe que va a hacer eso. Pareciera que ella tampoco se “conociera” a si misma tan bien, que supiera que no se va a tirar sin saberlo. Hay un deseo inconciente de seguir viviendo, un conocimiento desconocido de que la salida para su conflicto no es el suicidio, sino mas bien un cambio en su posicionamiento subjetivo, un hacerse cargo de que de lo que le pasa es, en algún punto, cómplice, ya que hasta ese momento no había hecho nada mas que unos tímidos intentos de sublevación hacia las autoridades que manejaban su vida.
Jack la hace responsable de su acto, el de salvarse, en un dialogo posterior. Resumidamente, ella le dice a Jack que no le compete a él salvarla; el le responde “claro que no. Eso solo depende de ti”. Ella se queda perpleja, y en la escena siguiente, tomando el te, ve a una niña pequeña recibiendo instrucciones sobre buenos modales en la mesa, obedeciendo sin mas cada uno de los pasos que se le instruyen. Su mirada se detiene, se distrae del diálogo que se mantiene en la mesa y se queda mirándola fija. Algo se ha conmovido en su cabeza: identificarse con esta niña siempre obediente, la frase de Jack “solo depende de ti salvarte”, pasan a resignificar el acto de no haberse tirado al mar. Podría haberlo hecho, aun ante la aparición de este desconocido – Jack - que se hizo presente, pero no lo hizo. Supo todo el tiempo que salvarse dependía de ella, sin saberlo. Entonces, jugando con los sentidos, se podría interpretar que el “no tirarse” representa el deseo reprimido de no dejarse caer al vació, aún cuando nadie “apareciera para jalarla de atrás”. Hay allí un verdadero sujeto, fundado en el acto, que por la interpelación deviene acto ético, y produce el efecto sujeto. Salvarse de la muerte, no solo de manera orgánica, sino de manera simbólica. Vivir de otra manera, despegarse de la lógica fálica que la ubicaba como un objeto de intercambio, a fin de sostener un apellido (el Nombre del Padre, si se quiere comparar), y pasar a ser un sujeto, es lo que podría representar “salvarse” para ella. Se ha fundado el TIEMPO 3 del circuito, la dimension etica.
Ahora ya no es una niña, quien en términos jurídicos podría considerarse inimputable por no hallarse en posición de responder. Puede ya responder a nivel “yo”, y también deberá hacerlo a nivel sujeto. Deberá responder ante su propio acto, aun desconociendo la verdadera naturaleza de este, por el solo hecho de haberlo cometido.
Una cuestión mas que podría llevar a pensar esto. Solo cuando Jack le dice “no tengo opción”, refiriéndose a que si ella se tira, el deberá hacerlo, ella accede a no tirarse. Pareciera que, identificándose con ese que no tiene opción, ella representara imaginariamente a aquel que lo salva. Invirtiendo los roles, tramita en una escena imaginaria esa necesidad de ser salvada, siendo ella, a nivel sujeto del acto, la que actúa (repito para enfatizar la cuestión del acto en relación con el sujeto de la ética). Es ella, activamente, la responsable, a nivel subjetivo, de salvarse, de salvar a ese/a que no tiene otra opción por fuera de esa salvación que la de ir hacia la muerte.
Una ultima observación: si ella elige ese modo de muerte, ese soporte particular de una decisión singular como lo es el que hacer con la propia muerte, es porque representa algo. Halla un soporte particular de su posición subjetiva, singular. Lleva todo esto que le pasa a una escena. Retomo su relato, ya de anciana.
“Sentía que estaba parada en un gran precipicio, sin nadie que me jalara hacia atrás. Nadie a quien le importara, o lo notara siquiera. “
Nada dice que esto sea una verdad objetiva, un dato comprobable. Tal vez una o varias personas notaban su malestar, trataban de ocuparse de ello, pero no es esto lo que importa, sino la verdad subjetiva, la verdad para el propio sujeto. Ahora bien; Ella, como mencione antes, esta en la popa, en la parte de atrás del barco. Podría expresarse esto diciendo que esta mirando hacia atrás, hacia el pasado, y que allí solo ve el precipicio, todo lo que no puede dejar atrás: su pasado, su enseñanza, todo lo acontecido hasta la actualidad. Si se deja caer allí, solo encontrará su propia muerte, que, como en las frías aguas del Atlántico, será lenta y dolorosa (el tema del dolor también le resuena en un dialogo con Jack, cuando le dice que el agua a esa temperatura se siente como mil cuchillos clavándose en el cuerpo).
Aparece Jack. Pero el aún no la conoce. En su verdad, en su posición subjetiva, no hay nadie allí que la jale hacia atrás, pues este otro no es Otro Sujeto significativo para ella, al menos por ahora. La relación aún se mantiene en el plano de lo imaginario. Pero cuando Jack le dice “no lo hará. No saltará” es como si se hubieran comunicado de inconciente a inconciente, de sujeto a sujeto. Como si Jack hubiera conocido algo del deseo inconciente de Rose, a espaldas de su yo, que se revuelve, y le dice como pretende saber que hará si no la conoce. Este atravesamiento del muro del lenguaje y esta irrupción momentánea de algo de lo inconciente ubicará una relación de sujeto a sujeto; allí la cuestión comienza a asomar su cara ética. Pues, si es el sujeto el interpelado, es el sujeto el que esta actuando, conforme a un deseo del cual el yo nada conoce, y cuyas soluciones y defensas pronto dejarán de ser efectivas.

BIBLIOGRAFIA
D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.
Michel Fariña, J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. IV). El interés ético de la tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Michel Fariña, J. & Gutiérrez, C. (1996). Veinte años son nada. Causas y azares. Número 3. Buenos Aires.
Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.
Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. III. Eudeba, Buenos Aires.
Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.
Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



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