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UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

Facultad de Psicología

Psicología, Ética y Derechos Humamos

Cátedra I

Titular a cargo: Fariña, Juan Jorge Michel

Segundo Parcial

Comisión: 1

Profesora: Pesino, Carolina

Integrantes:

Fernández Cervera, Luz Maria. L.U.: 34430003-0

Regert, Maria Celeste. L.U.: 34179745-0

Segundo cuatrimestre

Año 2010

El presente trabajo se va a realizar a partir de la película “Titanic” (1997), la cual da cuenta del acontecimiento histórico del hundimiento del barco que da nombre a la flim. A su vez relata una historia de amor entre dos jóvenes pasajeros, Rose (Kate Winslet) y Jack (Leonardo DiCaprio), pertenecientes a diferentes clases sociales, que se conocen durante la travesía.
Todos los pasajeros que se encontraban a bordo, se hallaban bajo la representación de que el Titanic “era inhundible”. Éste era su universo simbólico. Dando siempre lo universal una imagen de completud, que se mantiene hasta la emergencia de una peculiaridad, una singularidad que al surgir produce un quiebre en el universo. Al develarse como incompleto, al evidenciar su inconsistencia, el mismo se ve obligado a ampliar sus márgenes, y como resultante de ésto se produce el surgimiento de un nuevo universo, que aparenta ser consistente hasta que no se demuestre lo contrario.
Para analizar el tema de la responsabilidad subjetiva tomamos al personaje del ingeniero Thomas Andrews (Víctor Garber), diseñador y constructor del barco. A partir de éste vamos a analizar el circuito de la responsabilidad, que está compuesto por tres tiempos.
En primer lugar un Tiempo 1 que es el que corresponde a una acción, una iniciativa que se agota en los fines para los que fue realizada, el sujeto está seguro de que las cosas no van a ir más allá de eso.
En la película ubicamos como Tiempo 1, la aceptación por parte del personaje ante la demanda de colocar la mitad de los botes salvavidas necesarios para el número de pasajeros. Su intención original era la de instalar la totalidad de botes, sin embargo cede en su plena confianza en el diseño, en la calidad de los materiales que componen al barco, con la ciega certeza de que el Titanic es inhundible. Confiando así en su capacidad profesional, ya que fue él, quien diseño y construyó el mismo. En el diálogo que mantiene con Rose en la cubierta, ella le cuestiona sobre la cantidad de botes que había en el barco; como respuesta, cuenta la historia que mencionamos anteriormente y notamos que el asunto nunca fue de mayor importancia para él.
Luego ubicamos el Tiempo 2 que “señala un exceso en lo acontecido otrora. Tiempo donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenía al comienzo del mismo. Momento propicio para la emergencia de una singularidad que, en consonancia con lo universal, demuestre la incompletud del universo previo junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían “.
Es en este momento cuando se produce la resignificación del Tiempo 1 a partir de la interpelación subjetiva, en donde interviene la culpa como condición necesaria para dar una respuesta a esta interpelación. Entendiendo a ésta última como un cambio de posición frente a las circunstancias, obligando al sujeto a dar una respuesta, la culpa exige una respuesta.
En base a este segundo acto el sujeto vuelve de manera retroactiva al Tiempo 1, debe ligar los elementos disonantes, y de esta forma da un nuevo sentido al Tiempo 1.
Por lo tanto en el film este Tiempo 2 se da cuando se produce la colisión del barco contra el iceberg. Este suceso sorprende a Thomas Andrews en su camarote. Ocurrido el impacto, se produce una fuerte vibración en todo el Titanic.
Pasado este momento, Andrews toma los planos del barco y se dirige rápidamente a hablar con el capitán. Cuando llega, despliega los mismos y comienza interrogando sobre diferentes cuestiones técnicas.
El diseñador mira desencajado, superado por la situación, y comienza a explicar que con cuatro compartimientos llenos de agua el barco puede flotar pero al haber cinco no. Indefectiblemente, debido a la rajadura producida en la parte delantera del barco, el agua continuará ingresando. El hundimiento del Titanic es un hecho confirmado.
El capitán y Andrews prosiguen hablando acerca del tiempo con el cual contaban para salvar a los pasajeros y sobre la cantidad de pasajeros que había. Comienza a emprenderse el salvataje lo más rápido posible ya que no disponen de mucho tiempo.
Ante ésta situación el personaje del creador, constructor del barco se ve interpelado, debido a que esa certeza de que nada le ocurriría al Titanic, de que éste era inhundible, comenzaba de desvanecerse, dando lugar a cuestionamientos tales como la falta de botes salvavidas, el escaso tiempo con el que disponen para salvar a las personas y para salvarse ellos.
Para finalizar el desarrollo de este Tiempo 2 del circuito tomamos una última escena donde vemos a Thomas Andrews, decidido a morir dentro del Titanic. Mientras el barco se está hundiendo, él se halla a solas en una habitación. Dejando de lado la opción de acercarse a alguno de los botes salvavidas. Justo en ese momento que el estaba solo, se encuentra con Rose y Jack. Toma su propio salvavidas y se lo entrega a ella diciéndole: “No le construí un barco suficientemente bueno”, frase que hace referencia a esa charla que mantienen en el Tiempo 1. Y le aconseja apurarse recordándole la falta de botes.
Esta escena nos muestra como el personaje se ve afectado por la situación en la cual está inmerso, denota como está atravesado por la culpa, ya que se encuentra solo, pensativo, mirando hacia el hogar que había en la habitación. En el acto simbólico de darle su salvavidas a Rose se hace presente la figura del arrepentimiento y pone de manifiesto su desinterés por salvarse.
Como mencionamos anteriormente el Tiempo 2 es el de la interpelación y resignificación del Tiempo 1, es aquel tiempo que facilita una respuesta que sin llegar a ser el Tiempo 3 (el de la responsabilidad subjetiva), contesta a la interpelación.
D’ Amore nos indica: “La interpelación ‘implica’ ya una deuda por la que hay que responder, es el llamado a responder para volver al surco de lo moral, en este caso, la respuesta es particular. No hay singularidad en la vuelta al surco moral por que la respuesta resulta un taponamiento de la dimensión ética.” Lo particular se define como un efecto de grupo, un sistema de códigos compartidos, sistema de valores, leyes, etc.
Por lo tanto entendemos al Tiempo 3 como el tiempo de la responsabilidad subjetiva en el cual el sujeto asume la culpa que le corresponde, éste tiempo puede no estar y de ser así el sujeto no se hace responsable subjetivamente.
En éste momento del circuito se da el efecto sujeto, que es también una respuesta a la interpelación pero dentro de la dimensión ética, retomando la línea de pensamiento de D’ Amore “al hablar de efecto sujeto, estoy hablando de acto, y es ético, por que es el acto en que se produce un sujeto de deseo inconciente (…) El sentimiento de culpa se diluye en el efecto sujeto y es una respuesta de dimensión ética. “
Jinkins considera responsable: “aquel de quien es esperable una respuesta. No digo ‘conciente de lo que hace’ ni ‘que se hace cargo de lo que dice’, sino culpable de lo que hace y dice“ . Por otra parte Lacan respecto de esto dice que culpable es quien cede en su deseo, es quien se traiciona. El personaje de Thomas Andrews cede en su deseo de omnipotencia, al creer que había construido un barco inhundible, con lo cual también cae en un efecto particularista, entendiéndolo como la pretensión de que un particular devenga universal.
Creemos que Andrews no llega al Tiempo 3 del circuito, sino que permanece en el Tiempo 2, en el ser de la culpabilidad, siendo éste el precio por haber accedido a su deseo. Quedando arraigado en lo moral de lo particular. Al igual que Ibbieta en su omnipotencia desafío al azar.
El orden de la necesidad trasciende al hombre, son esos sucesos que se encuentran fuera de la voluntad humana, lo que ocurre inexorablemente. Fariña explica: “Las personas no somos responsables de todo lo que nos sucede. Cuando en una situación rige por completo el orden de la necesidad, la pregunta por la responsabilidad del sujeto carece de toda pertinencia” . En el caso analizado el orden de la necesidad podemos encontrarlo en el Principio de Arquímedes: Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, será empujado con una fuerza vertical ascendente igual al peso del volumen de fluido desplazado por dicho cuerpo. De lo contrario se hundirá. Asimismo la existencia de icebergs se halla fuera del designio humano.
Por otra parte tenemos al azar, es decir, lo aleatorio, lo incierto. Si bien la posibilidad de toparse con un iceberg estaba presente, de hecho la tripulación lo sabía, que se produzca o no un impacto es azaroso. Como también lo es, que el impacto haya ocasionado que se colmaran de agua cinco compartimientos del barco, siendo que con cuatro colmados podía continuar a flote.
Fariña elucida al respecto que cuando en una situación “rige por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión”. Agrega: “Para que el tiempo 2 sea genuinamente tal e interrogue verdaderamente al sujeto es necesario que se cumpla una condición más: que la distancia que separa el tiempo 1 y el tiempo 2 no se deba exclusivamente a azar y/o necesidad”. O dicho en otras palabras, un suceso completamente externo al sujeto no lograría interpelarlo.

Bibliografía

- D’ Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Domínguez, M.E.: “Los carriles de la responsabilidad: el circuito de un análisis. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol.I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

- Fariña, J. Responsabilidad: entre necesidad y azar. Materiales de Clases Teóricas www.psi.uba.ar

- Fariña, J. (1998): Lo universal-singular como horizonte de la ética (Cap. IV). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba. Buenos Aires.

- Jinkis, J. (1987). Vergüenza y Responsabilidad. Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

- Mosca, J.C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

- Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En la transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva. 2006.



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