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Psicología, Ética y Derechos Humanos

Cátedra:
Michel Fariña

2° cuatrimestre 2009

Segunda Evaluacion:

VERÓNIKA DECIDE MORIR

Comisión: 3

Docentes:
Lucila Kleinerman
Vivian Hudson

Nombre y apellido: Andrea Verónica Mercado
LU: 308333430
Mail: andym132@hotmail.com

Verónika decide morir

Verónika es una joven completamente normal de 24 años. Vive en la capital de Eslovenia, en Ljubljana. Es bella, no le faltan pretendientes y tiene un buen trabajo. Vive en un cuarto alquilado en un convento. Ella llevaba una vida completamente rutinaria. Trabajaba en una biblioteca, salía con amigos a los mismos bares y discotecas, va al cine en ocasiones, hace el amor con los hombres que quiere, cuando alcanza el orgasmo parte hacia el cuarto alquilado del convento, lee un libro o enciende el televisor y coloca el despertador para volver a comenzar un nuevo día a la mañana siguiente. Había terminado aceptando lo que la vida le había impuesto de manera natural.
Cuando decidió trabajar, dejo pasar un importante oferta de una empresa que recientemente se había instalado en su cuidad. Y acepto el trabajo en la biblioteca donde el dinero era poco, pero seguro. Ella estaba satisfecha, ya que no tenía aspiraciones más altas que las que había conseguido. Y casi por la misma razón alquilo el cuarto en un convento, para no tener que salir de la estructurada vida que había “aceptado” llevar. Las monjas tenían un horario en que cerraban la puerta con llave y la que no estuviera en su cuarto se quedaba afuera. Esto le servia como disculpas con sus amantes para no tener que pasar la noche en un camas extrañas o en hoteles.
Y cuando tenia todo lo que deseaba en la vida, llego a la conclusión de que su existencia no tenia sentido, porque todos los días eran iguales, y decidió morir.

“El día 11 de noviembre de 1997, Verónika decidió que había llegado, por fin, el momento de matarse” .
Tomó unos frascos de pastillas para dormir y fue tomando una por una, por si se arrepentía. Pero no, con cada pastilla que tomaba estaba más segura de la decisión que había tomado. Había estado buscando otras formas de suicidio, pero consideró que esta es la mejor. No quería causar mucho trastorno, así que descartó la idea de cortarse las venas para evitar a las monjas el tener que limpiar el cuarto luego; pensó en tirarse desde lo alto del edificio, pero sus padres deberían reconocer un cuerpo desfigurado, lo que dejaría una marca en quienes solo deseaban su bien. Y dispararse un tiro o ahorcarse no iban con su naturaleza femenina. Así que decidió por las pastillas.
Podemos ver en esta acción un tiempo 1: se realiza una acción determinada, en concordancia con el universo del discurso en el que el sujeto se haya inmerso y que, se supone, se agota en los fines para los que fue realizada . Para ella, continuar viviendo no añadía nada a su vida. Después de haber vivido todo lo que le había sido permitido vivir, Verónika tenía la certeza absoluta de que todo acababa con la muerte. Por eso había elegido el suicidio. Es así que luego de tomar las pastillas, estaba contenta, porque no tenia que volver a contemplar las mismas caras ni las mismas cosas durante treinta, cuarenta o cincuenta años mas, pues irían perdiendo toda su originalidad al caer inmersas en la tragedia de una vida donde todo se repite, y el día anterior es siempre igual al siguiente. Instantes después pierde la conciencia.
Podemos ver allí un síntoma egosintonico, un síntoma que al hallarse en la misma sintonía del yo, pareciera conformar aquello que hace a un rasgo propio del sujeto y que se agota en su forma de ser o carácter. Un síntoma que no interroga, que no remite a Otro . Este síntoma se condice con lo que hace mientras espera su muerte. Comienza a leer un artículo sobre informática, que no le interesaba en lo más mínimo, pero armonizaba con lo que había hecho toda su vida: buscar siempre lo más fácil o lo que se hallara al alcance de su mano. Como la revista.
La acción que decide llevar a cabo va por esta línea. No parece ser un abrupto en la vida cotidiana de la joven. No es una persona “infeliz” que, superada por las circunstancias, llega a una decisión así. Es la salida más a la mano que encuentra.
Y todo parecía agotarse allí. Un objetivo: la muerte. Una acción para lograrlo: Tomar las patillas. Fin.
Pero no sucede así. Días, horas, semanas (quien sabe cuanto tiempo) después, Verónika abre los ojos. Se encontraba en Villete, un famoso y temido manicomio.
Luego de varios días de despertares somnolientos, recupera la conciencia. Dos médicos se le acercan y uno le dice: “Bien, fue usted quien determinó su propio destino, así que debe saber las consecuencias de sus actos: durante el coma provocado por los narcóticos su corazón quedó irremediablemente afectado y dejara de latir en unos cinco días. Una semana como máximo”. Verónika responde: “Entonces no falle”. “No”, dijo el medico.
Durante la noche comenzó a sentir miedo, una cosa era la acción rápida de los comprimidos, otra era quedarse esperando la muerte durante los cinco días, una semana, después de haber vivido todo lo que era posible.
Pero la permanencia en el lugar con el correr de los días la confrontó con este pensamiento. Emprende una lucha por conseguir las pastillas, y para conseguirlo Zedka, una de las internas, con la que primero entabló conversación, le recomienda hablar con Mari. Mari pertenece a La Fraternidad, un grupo selectos de internos que a pesar de que sus condiciones psiquiátricas y Villete se lo permiten, deciden no irse del lugar. Es así que tras la burla de uno de los internos de ese grupo, Verónika le pega una sonora bofetada, de la que después se arrepiente, pero no por la reacción del hombre, sino porque había hecho algo diferente y terminaría pensando que la vida valdría la pena.
Pero una noche, viendo el cielo lleno de estrellas y la luna en cuarto creciente (su favorita) tuvo ganas de ir hasta el piano y celebrar aquella noche tocando una linda sonata; al mirar al cielo la embargaba una indescriptible sensación de bienestar. Pero una enfermera parecía impedirle su deseo. Se levanta y le pide las llaves, lo que la enfermera responde: “¿Llaves? La puerta esta abierta, puede salir si quiere dar un paseo”. Verónika comenzó a temblar y sus sollozos se trasformaron en llanto. Una vez más calmada se dirige a la habitación donde se encontraba el piano, pensando que ya no podía controlar su miedo. Se abre así un tiempo 2, que le señala un exceso acontecido otrora. Tiempo 2 donde el universo particular soportado en las certidumbres yoicas se resquebraja posibilitando la emergencia de una pregunta sobre la posición que el sujeto tenia al comienzo del mismo .
Comienza a sentir remordimiento por la tentativa de suicidio, pero lo aparta con firmeza. Otro sentimiento se le impone que no se había permitido nunca sentir: odio. Odiaba todo, odiaba la manera en como había conducido su vida, sin descubrir jamás las otras Verónikas que habitaban dentro de ella y que eran interesantes, locas, curiosas, valientes, arriesgadas.
Llega hasta el piano y toca unos acordes sin sentido, desquiciado, disonante, tal como estaba su alma en ese momento. Golpeó el piano muchas veces y con cada una de ellas el odio parecía disminuir, hasta que si disipó y la embargó la paz nuevamente.
Puede entenderse que este sentimiento de odio que invade a Verónika le es ajeno. Nunca se lo había permitido sentir. Es este el momento de interpelación del sujeto, la que lo confronta con la hiancia . Se ve un sujeto que interpelado por aquello que aunque vivido como ajeno, le pertenece y perturba su intención conciente, confrontándolo a un punto de sin-sentido. Esta hiancia, este punto de inconsistencia, lo interpela, lo lleva al sujeto a responder. Podemos ver el odio que siente Verónika como esta interpelación que hace que se interpele por lo que no sintió en el momento que decidió suicidarse. Y vemos como esa intención conciente, que es sentir remordimiento (sentimiento de culpa) por su intento, la intenta apartar de su conciencia. Y aun así, el odio se le impone. Escapa de su intención premeditada. Es en esto que se puede entender desde Freud como aquello que perteneciéndole al sujeto le es ajeno.
Es tiempo 2, el momento propicio para la emergencia de una singularidad que en consonancia con lo universal, demuestra la incompletad del universo previo, junto con la caída de los ideales que allí lo sostenían. El universo previo de Verónika es muy distinto al surgido ante esta situación. El plano de la existencia yoica se ve atravesado por el deseo. No había lugar a este tipo de sentimientos. Era una persona completamente guiada por la razón y los buenos modales. No le agradaba molestar a nadie ni perturbar sus vidas. Esto se ve en los métodos que tiene en mente para suicidarse; cortarse las venas no, porque las monjas deberían limpiar, tirarse de un edificio no, porque ocasionaría más disgustos a sus padres. No es esta la Verónika que vemos aquí. Una Verónika presa de sus propios sentimientos reprimidos durante toda su vida. Es así que resiginifica esa acción del tiempo 1, en la que esta gobernada por hacer lo mas fácil. Se encuentra aquí con muchas Verónikas y ninguna de ellas coincide con la del principio. Ese universo particular desde el que toma la decisión de terminar con su vida trastabilla ante estos nuevos sentimientos. Si algo ha emergido en el tiempo 2 des-ligado del universo particular, éste buscara re-ligarlo hallando una explicación a su presencia. Se resignifica el universo previo. Emerge una singularidad.
Cuando este sentimiento de paz volvió a la joven, comenzó a tocar una pieza musical. En medio del concierto otro loco apareció: Eduard, un esquizofrénico sin posibilidad de curación. Ella no se amedrentó, le sonrió y él, para su sorpresa, le devolvió la sonrisa.
Dos días más tarde, Eduard la lleva del brazo hacia la habitación donde estaba el piano, pero ella se niega a tocar. Se acerca a Mari quien le da un discurso sobre vivir el presente y la conversación la termina llevando hacia la masturbación. Le dice que ella debería saber hasta donde puede llegar su placer y que aunque le queden pocos días de vida no debería partir de aquí sin saber hasta donde podría haber llegado. Una persona se le cruzó a Verónika en ese momento por la cabeza: el esquizofrénico que aun la estaba esperando para que le tocase el piano.
Podemos hacer un corte aquí para insertar la hipótesis clínica en juego. El cortocircuito pone de manifiesto un quiebre de universo particular que sostenía al sujeto guiándolo en sus acciones. En el paso de su existencia yoica se ve atravesado por el deseo. La falla del cortocircuito es el lugar del deseo, deseo que no se deja atrapar por los significantes: es entre significantes. La hipótesis clínica buscara hallar una explicación al exceso. Dará lugar a aquella respuesta en la que se ponga en juego la cualidad del eje Universal-Singular y su lógica del no-todo. Una respuesta que avance más allá del goce regulado por el fantasma, para poder situar allí la responsabilidad .
Hipótesis clínica: Verónika es una joven que vivió toda su vida en función de los demás y de lo que los demás esperaban de ella. Luchó, si puede utilizarse esta palabra en su verdadera acepción, por conseguir una vida estable y sin mayores sobresaltos. Se mostró una persona bien educada, llena de amor a todo el mundo y siempre buscando encajar en una sociedad donde lo que se le impone va en contra de sus verdaderas intenciones. Limita sus sentimientos. Pero esta no es la única Verónika que habita en su interior. Al llegar a Villete su vida da un vuelco, y la coraza imaginaria que mantenía taponado el surgimiento de sus propios deseos, termina por caer. Es una fachada fantasmática que tapona lo simbólico del sujeto. Se presenta como un sujeto completo, sin barrar, sin fallas, sin la falta estructural inherente al ser humano. Lo imaginario aquí tapona el deseo que habita en ella. Es la coraza que se pone para no dejar salir a flote sentimientos que no van con su “forma de ser”. Pero es desde esta coraza impuesta que se interpela. Se ve en la dicotomía de volverse a cubrir con esa coraza, o dejar que el deseo surja ahí donde había estado taponado. Es allí donde se juega el hacerse responsable de lo que es parte de ella. Es la singularidad la que esta reclamando surgir. Y ante esto tiene dos alternativas. O re-ligar los elementos disonantes creando una sutura fantasmática, y volviendo a apartar los sentimientos surgidos y resignarse con el destino que ya eligió, adoptando la salida mas sencilla, salida que le lleva clausurar la pregunta por la causa. O ir mas allá del goce regulado por este fantasma, haciéndose responsable subjetivamente de lo que halló ante la interpelación.

Vemos, después de la emergencia de su subjetividad en el tiempo 2 como todo su universo previo tambalea, y junto con él, el tiempo 1. Ya no se responde con su fantasma, sino que llega a ese punto de inconsistencia, al punto de la falla estructural. Se encuentra con un S ya no mas completo, sino dividido. Un sujeto dividido en sus múltiples facetas. Esta multiplicidad de Verónikas, la enfrentan con su propio deseo, un deseo de liberación de su propio ser. Ya no es más la joven educada, reprimida, cortes, que siempre piensa en los demás. Surge un Sujeto divido, al que se le permite ser descortés, ser desagradable y pensar solo en ella y en nadie mas. De ahí se puede entender el odio que siente. Odio por no permitirse vivir ni sentir lo que le venga en gana sin tener que estar preocupado por el otro. Este es el punto en donde vemos un Sujeto que puede hacer frente a esa respuesta. Y que no le importa mas lo que el otro tenga para devolverle, por que ella actúa conforme a su deseo.
La potencia de lo universal-singular puede abrir aquí la posibilidad de una singularidad ética. Es en ese sentido que la responsabilidad subjetiva es la culpabilidad misma de lo que se hace y de los se dice; una singularidad que emite un sujeto, del deseo inconciente que causo la formación . Es esta culpa la que siente Verónika. Culpa ante haber cedido a su deseo, que esta mas allá de su intención. La respuesta esperable queda supeditada a ese pasaje por la culpa; en la que ya no cuenta la intención y la pretendida autonomía de conciencia, pues introduce una dimensión deseante más allá. Es la culpa, lo que ob-liga a responder . Es la culpa la que nos permite ver el funcionamiento de la interpelación. Y Verónika esta ob-ligada a responder. La culpa ob-liga a una respuesta ad hoc a la interpelación; es decir, dado el tiempo 2 que es el tiempo de la interpelación en el circuito, se funda en su resignificación el tiempo 1, facilita una respuesta que aunque no es considerada todavía tiempo 3 – aquél de la responsabilidad subjetiva – responde a la interpelación . Verónika responde ante la interpelación. Y lo hace en la escena que sigue.
Luego de la sugerencia de Mari, se empeña en descubrir quien era verdaderamente ella y hasta donde podía llegar. En esos días en Villete había sentido cosas que nunca había experimentado con tanta intensidad: odio, amor, deseo de vivir, miedo, curiosidad. Se preguntaba si tal vez Mari tenía razón y si verdaderamente conocería el orgasmo o si solo había llegado hasta donde los hombres la quisieron llevar.
Se dirige nuevamente al piano con Eduard y ante la mirada del Otro, se entrega a sus sentimientos. Se masturba frene a él como nunca en su vida. Él inmóvil, parado frente a ella, sin siquiera tocarla. Pero algo la excitaba más que el contacto físico: el hecho de que podía hacer lo que quisiera, de que no había límites. Quería morir de gozo, de placer, pensando y realizando todo lo que siempre le había sido prohibido. Luego de uno, dos, tres orgasmos seguidos se acostó en el suelo y se dejo estar allí con el alma inundada en paz. Se había escondido a si misma sus deseos ocultos, sin nunca saber bien por que, y no necesitaba una respuesta. Le bastaba haber hecho lo que había hecho: entregarse.
Esta posición que adopta la protagonista es muy distinta que la del principio. Se puede ver aquí a Verónika tomada por su deseo. Vemos el surgimiento de un Sujeto Responsable, que se hace responsable de su deseo, un sujeto muy distinto al del principio. Un tiempo 3 que abre el camino de la responsabilidad subjetiva. Un sujeto que no realiza, acciones, sino un Acto, que pone en juego lo universal-singular de la especie, realizado sobre la superficie particular .
Si aceptamos que la responsabilidad subjetiva puede platearse en un circuito de tres tiempos lógicos, este recurso, en su recorrido, deberá dar cuenta del accionar de un sujeto y su posición en dicha situación (decisión ligada a la producción de un sujeto, una variable acorde a la singularidad en situación) . Vemos surgir así a un nuevo sujeto, a una nueva Verónika, situada en una posición diferente a la inicial.
La responsabilidad del sujeto se encuentra en la grieta entre necesidad y azar. Es decir, que cuando rigen por completo Necesidad o Azar, o una combinación de ambos, no es pertinente la pregunta por la responsabilidad. Pero basta que se produzca una grieta, una vacancia entre ellos, para que la pregunta por la responsabilidad adquiera toda su dimensión . Se puede leer en la historia de Verónika como estos dos conceptos se conjugan de manera que se produce una grieta. Fue el azar la que la llevó a toda la situación, fue su decisión de suicidarse la que la llevó a Villete. Pero vemos que no depende de ella modificar tal situación. Ahora ella iba a morir. Eso es algo que escapa a su posibilidad de acción. Este es el modo de entender el orden de necesidad, no de manera abstracta, sino siempre situacionalmente. Necesidad es aquello que rige por fuera de la intervención del sujeto en situación .
En una acción que sólo haya existencia de una de las dos, no se puede hablar de Responsabilidad Subjetiva.

Bibliografía

• Coelho, Paulo.: (1998) Verónika decide morir. Buenos Aires, Planeta

• D’Amore, O.: Responsabilidad subjetiva y culpa en La transmisión de la ética, Clínica y Deontología Volumen I. Fundamentos. Buenos Aires, Letra viva, 2008

• Domínguez, M.: Los carriles de la responsabilidad: El circuito de un análisis en La transmisión de la ética, Clínica y Deontología Volumen I. Fundamentos. Buenos Aires, Letra viva, 2008.

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• Fariña, J.J.M.: Del acto ético en Ética. Un horizonte en quiebra. Buenos Aires, Eudeba, 2008

• Mosca, J.C.: Responsabilidad: otro nombre del sujeto en Ética. Un horizonte en quiebra. Buenos Aires, Eudeba, 2008

• Salomone, G.: El sujeto dividido y la responsabilidad en La transmisión de la ética, Clínica y Deontología Volumen I. Fundamentos. Buenos Aires, Letra viva, 2008

• Salomone, G.: El sujeto autónomo y la responsabilidad en La transmisión de la ética, Clínica y Deontología Volumen I. Fundamentos. Buenos Aires, Letra viva, 2008



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