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Del sexo a la teoría Queer. Una lectura de la serie PS!

por Brunetti, Juan, Ormart, Elizabeth

Un hombre ingresa a un edificio para acudir a su cita con el médico; se presenta ante la empleada de seguridad del lugar, quien le pide su documento de identidad para dejarlo ingresar. El hombre da una serie de rodeos: que no lo tiene, que se lo olvidó, etc. Hasta que finalmente, accede a entregar el documento solicitado. La guardia de seguridad no puede ocultar su sorpresa al ver que la foto y el nombre del documento no coinciden con su portador. Se trata del documento de una mujer. Renato resultó ser Renata, el espectador advierte con sorpresa las dificultades que conlleva en la vida cotidiana el cambio de identidad de género.

El eje de este episodio de Ps! será la problematización de los conceptos: sexo, género, sexualidad y sexuación. La brillante serie brasileña escenifica la vida diaria de un psicólogo, Carlo, quien en este episodio desde diferentes lugares se las tendrá que ver con esta temática.

Las teorías de la comunicación presentan a la comunicación como un proceso simple en el que un emisor le envía un mensaje a un receptor. El psicoanálisis nos enseña que en la palabra del emisor hay una intencionalidad que va más allá del propósito consciente del sujeto, y que el emisor es siempre al mismo tiempo un receptor. Así pues, el analizante, cuando habla, también se dirige un mensaje a sí mismo, sólo que no es consciente de esto. Parte de la tarea del analista consiste en hacer posible que el analizante escuche el mensaje que se está dirigiendo inconscientemente a sí mismo. De hecho, esto es en sí el inconsciente: eso que el sujeto dice de más, o de menos, y que escapa a su intencionalidad consciente. La interpretación tiene la función de devolverle el mensaje al sujeto en su verdadera dimensión. De aquí que Lacan (1984) defina la comunicación analítica como el acto mediante el cual “el emisor recibe del receptor su propio mensaje bajo una forma invertida, [es decir], que la palabra incluye siempre subjetivamente su respuesta” (Lacan: 1955 p. 287).

Este axioma de la enseñanza de Lacan es uno de los ejes más interesantes desde el cual leer algunas situaciones del presente episodio. Los personajes: Mark, el hijo de Carlo y la fiscal, paciente de Carlo llegarán en un punto a encontrarse sorprendidos en su propio decir en tanto que su mensaje les retorna en forma invertida.

La fiscal que entiende en el caso del cambio de sexo de Renato es paciente de Carlo. Renato reclama que sus documentos puedan ser modificados para poder ser el hombre que siente que define su ser. Él siente que “su verdadero yo no existe” hasta que sea nombrado por la ley como tal. La existencia de su identidad sexual sólo puede ser materializada en el reconocimiento social de su condición de hombre. La ley en tanto marca del Otro social es necesaria para permitir el despliegue de la singularidad de Renato.

Sin embargo, la fiscal que entiende en el caso está convencida de que ”los intereses de la sociedad están por sobre las necesidades de los individuos”. Aludiendo que el cambio de sexo de Renato supone un peligro para la seguridad social, se niega a darle curso a su pedido.

Muchas son las formas en que el particularismo se materializa, en este caso, bajo el principio de la igualdad para todos. La fiscal reclama un castigo a la conducta desviada de Renato, que “pague el precio de sus decisiones”. Esta frase, como veremos hacia el final del episodio está dirigida a otro hombre que marcó la vida de la fiscal. Los valores y principios defendidos con tesón y su posición extremadamente rígida ocultaban sus propias miserias neuróticas. La responsabilidad eludida es la contracara de su posición intransigente frente al joven Renato. La intervención analítica de Carlo la hará descubrir un escenario inconsciente en el que se juega el reclamo de justicia por el abandono de su padre. Ella cree que es injusto que su padre la haya abandonado por otro hombre y ahora decide vengarse de esa afrenta con Renato. Llegada a este punto, el análisis le permite hacerse responsable, abandonar su cruzada discriminatoria hacia los trans y poner en acto un saber nuevo desconocido para ella. Es cuando escucha su propio alegato en forma invertida cuando puede responder por su implicación.

El psicólogo termina de atender a la fiscal y va con su amiga a ver la obra de teatro Edipo Rey en una moderna adaptación, en la que Renato es el protagonista. Resulta una elección brillante del director la obra Edipo, paradigma de la estructuración neurótica del inconsciente. La tragedia de Edipo tiene lugar por la imposibilidad de escuchar el mensaje del oráculo. Mensaje invertido que funda la salida exogámica y la orientación heterosexual en la elección de objeto para Freud.

Si revisamos algunos de los textos centrales de Freud en torno a la sexualidad infanti [1], encontramos el pasaje de una sexualidad autoerótica, fragmentada y caótica a una cierta unidad –diferente en cada sujeto- en la que se abandona la eclosión perversa polimorfa y se van centrando las bases de una sexualidad adulta. El nudo que marca un punto de enlace en ese recorrido lo constituye el Complejo de Edipo. El tabú del incesto y la salida exogámica como salida del complejo de Edipo suponen el presupuesto de la identidad de género, diferenciada y binaria, dentro de un marco heterosexual. Freud conceptualizaba el desarrollo del complejo de Edipo que tiene una resolución heterosexual como normal y la homosexualidad -masculina o femenina– como una salida anormal del complejo de Edipo [2].

Mark, el hijo de Carlo, se encuentra filmando un documental sobre los travestis y transexuales de San Pablo. La novia, Patricia, lo espera mientras él hace las entrevistas. Al terminar las entrevistas, ella se acerca y reconoce su condición transexual. Mark, retira su mano de la de ella con tristeza, “estaba tan enamorado”. Se nos presenta nuevamente el encuentro del sujeto con su propio decir, en su cruzada por dar a conocer el mundo Trans, Mark se encontró con su propio deseo desconocido. Su mujer ideal, resultó ser transexual y frente a su encuentro retiró la mano.

La trama situacional se completa con una consulta hecha a Carlo por un matrimonio musulmán que tiene un hijo gay y no acepta su condición. El padre propone llevar a su hijo a Irán donde lo operarán para cambiar su sexo a mujer, de modo que se pueda unir en este nuevo cuerpo a un hombre. Carlo, abandona toda neutralidad en la materia y se ofusca tratando de convencer al padre de que su incomodidad ante la elección sexual de su hijo, se trata de su problema y no del problema del joven. Sin embargo, a diferencia del caso anterior, en el que nunca abandona su neutralidad y no manifiesta su posición ideológica, en este caso, Carlo se sale de su función analítica. Quiere educar a su paciente, darle un curso acelerado del Complejo de Edipo y la ligazón afectiva entre un hombre y su padre. Veremos que esta decisión nos muestra a posteriori efectos devastadores.

Sexo, sexualidad, sexuación.

El sexo entendido en términos binarios de macho y hembra resulta una verdad a medias, inclusive en el reino animal. Hay especies con más de dos sexos. Si bien, la unión de macho y hembra resulta necesaria para la reproducción de la especie, ésta no es más que una de las formas funcionales que puede tener la sexualidad animal. Existe un porcentaje de animales homosexuales en muchas especies. El hermafroditismo está presente también en los animales. La cuestión binaria entonces, ni siquiera es biológica.

En el plano del ser humano, lo biológico como tal está perdido. Desde distintos marcos teóricos se ha dado lugar a la construcción de la sexualidad como algo cultural, pero esto no supuso necesariamente una evolución del planteo binarista, ya que la dicotomía se trasladó de macho y hembra al par naturaleza–cultura.

Dentro de la historia occidental del pensamiento, el feminismo como movimiento social e intelectual se ha desarrollado en tres momentos:

En un primer momento, el reclamo se centraba en la igualdad. La igualdad de derechos para el hombre y la mujer, el reclamo por igualdad de condiciones laborales, sociales, etc.

En un segundo momento, el feminismo se profundizó en un reclamo por la diferencia. Sobre una base esencialista, se planteó la diferencia de lo femenino y la masculino. La elección del género se presentó como una conquista cultural. Sin embargo, el esencialismo de lo femenino en rivalidad con la masculinización de la sociedad comenzó a ser combatido en el tercer momento de la síntesis.

El movimiento dialéctico que recorre su curso de iguales a diferentes. Supuso que a la tesis de la igualdad le sigue la antítesis de diferencia y en esta tensión se gesta el tercer momento, el de la performatividad. Sin embargo, los tres momentos no tienen una evolución lineal sino que se presentan a nivel social como simultáneos. Encontramos hoy, tanto planteos vinculados al reclamo por la igualdad de las condiciones salariales, como otros que demandan el respeto de las diferentes necesidades que tienen hombres y mujeres.

La tercera ola del movimiento feminista, propiciada por las ideas de Butler, supuso una crítica al esencialismo y una superación de la diferencia sexo–género impuesta en la segunda ola. Es así como Butler discute el mandato heterosexual imperante en el movimiento feminista, su intervención es desencializadora del sujeto, de la mujer, de la naturaleza. En esta última serie podemos incluir los planteos desarrollados en este episodio. El planteo de los personajes, podríamos afirmar que es anticlasificatorio. No hay dos sexos, ni dos géneros sino que es imposible establecer una taxonomía del sexo que queda modulado por el cuerpo sexuado de los sujetos singulares.

Las ideas de Butler se han desarrollado principalmente a través de tres textos:

· El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad (1990)

· Cuerpos que importan (1993)

· Deshacer el género (2004)

A lo largo de estos textos encontramos un desarrollo teórico sujeto a una permanente revisión, autocorrección y crítica. Los textos de Butler se corresponden todos con la tercera ola del feminismo. De hecho, el primero “El género en disputa”, parte de la crítica a los planteos de las feministas de la diferencia, como Kristeva por ejemplo.

Desde “Cuerpos que importan” podemos identificar que la distinción sexo y género que se propone como una conquista del feminismo resulta para Butler negativa, en tanto que perpetúa la diferencia biológica llevada ahora al plano cultural.

“La distinción sexo y género si bien fue radical en la versión feminista de Simone de Beauvoir, fue criticada en los años recientes por degradar lo natural a aquello que está “antes” de la inteligibilidad, que necesita una marca, si no ya una huella, de lo social para significar, para ser conocido, para adquirir valor.” (p. 22)

Un concepto central para comprender la propuesta de Butler es la performatividad.

“La performatividad es una práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso produce los efectos que nombra” (Butler, 1993 p 18) La performatividad no es entendida como un acto que crea una realidad inmediatamente, sino como un proceso que por vía de la repetición e iteración naturaliza el sexo. Esta naturalización es para Butler una sedimentación de lo discursivo. (Butler: 1993 p. 29)

El sexo es para Butler lo que Foucault llamó “un ideal regulatorio”, ya que funciona como una norma y además produce los cuerpos que gobierna. Tiene el poder de producir los cuerpos sexuados.

Esto supone que el sujeto asume una norma corporal y este asumir supone la identificación sexuada. Pero no se trata de un sujeto que antecede la norma y luego la asume, sino de un sujeto sujetado al género, subjetivado por el género. “El yo -sostiene Butler- no está ni antes ni después del proceso de esta generalización (la del género) sino que sólo emerge dentro (y como la matriz de) las relaciones de género mismas” (Butler: 1993 p.25)

Tanto la militancia feminista de la tercer ola como la política queer proponen la desidentificación con las normas regulatorias tradicionales (macho-hembra) mediante las cuales se materializaba la diferencia sexual. Estos planteos se encuentran en debate en este episodio en el que va quedando desanudada la ligazón sexo, género y orientación sexual. De este modo, un hombre dice sentirse mujer pero seguir prefiriendo la vestimenta masculina y su orientación sexual es hacia las mujeres. Renato dice sentirse hombre y cambia su anatomía y aspecto al de un hombre. Otro dice sentirse mujer pero no encuentra necesario el cambio de su físico, pero sí la incorporación de vestimenta femenina, etc. La serie nos va mostrando en acto las múltiples formas en que estos desanudamientos tienen lugar.

Butler señala (1993) que la delimitación y nominación femenina-masculina supone fijar una frontera, al tiempo que se inculca repetidamente la norma. Lo que queda por fuera de la norma, lo anormal, lo excluido, resulta inhumano. Esto raro, bizarro denominado queer supone un borramiento de la frontera delimitaroria. Y aún más, “Estos sitios excluidos, al transformarse en su exterior constitutivo, llegan a limitar lo “humano” y a construir una amenaza para tales fronteras, pues indican la persistente posibilidad de derrumbarlas y rearticularlas” (Butler: 1993 p. 26) Lo excluido se torna en lo peligroso que acecha por fuera de la frontera.

“La circulación de discursos con pretensión de verdad va trazando líneas de separación, de exclusión, de agrupamiento, en los que también se pone en juego la noción de normalidad” (Aguilar y Fernandez Cordero, 2013)

Tras las huellas de Freud

Como señalamos anteriormente Freud ha sostenido en algunos textos un ideal regulatorio de lo sexual signado por las coordenadas de su época. Sin embargo, no sería justo dejar así cerrada la cuestión. La sexualidad se presenta para Freud como un problema y no como aquello que lo explica todo, como una pregunta antes que como una respuesta conclusiva. El concepto mismo de pulsión como lindante entre lo psíquico y lo somático, da cuenta de “algo” imposible de circunscribir, de delimitar, que no está completamente separado de lo biológico, ni totalmente reducido a ello.

Esta dificultad hace que encontremos en Freud referencias contradictorias. En Tres ensayos de teoría sexual (1905), Freud sostiene que la libido es masculina, al tiempo que desconfía de la univocidad de los conceptos femenino y masculino. Y sostiene que su naturaleza masculina puede estar “presente en los hombres y las mujeres, y prescindiendo de que su objeto sea el hombre o la mujer” (Freud, 1905 p. 200)

Para Lacan, no hay dos sexos. El Otro sexo no existe. Se trata de una no existencia diferente a la de un caballo alado. Pegaso, el caballo alado, tiene designado pero no tiene denotado. Por consiguiente, existe como significante pero no en la realidad. La relación sexual no tiene significante. Es negatividad pura.

La utopía heterosexual que denuncia Butler es coincidente con lo que Lacan plantea en términos de que no existe relación sexual. Pero la lectura de Butler, más pegada a la primera parte de las enseñanzas de Lacan resulta incompleta y crítica en cuestiones que lacan posteriormente reformula.

La sexualidad no es algo que surge de la diferencia sexual. Podríamos decir que la diferencia sexual surge de la sexualidad en tanto real: “En el psiquismo no hay nada que permita al sujeto situarse como macho o hembra” (Lacan, Seminario 19, p. 212)

El psicoanálisis vincula lo sexual con lo real ¿pero en qué sentido?

Lo real se presenta como algo adicional cuya presencia imprime una curvatura en lo simbólico.

Podríamos utilizar la metáfora de la física: lo real es como un agujero negro que curva el espacio simbólico con su pura negatividad.

“La estructura significante está determinada y “curvada” por la falta constitutiva de un significante (el significante binario) en cuyo lugar aparece el excedente de goce” (Zupancic, 7/8). La sexualidad no puede ser apresada por el significante. Más allá del significante y como efecto de su propia producción se abre la dimensión de lo real.

Lacan sostiene que “la ausencia de la relación no impide por supuesto el vínculo (la liason) lejos de ello, dicta sus condiciones” (Lacan: Seminario XIX p. 19)

La ausencia de relación es la que determina las condiciones de goce, ya que su no-presencia determina la estructura. Dicho en términos, millerianos “para los seres hablantes hay un agujero en el programa”. A diferencia de los animales que tienen un programa de reproducción instintivo (con sus fallas) en los seres humanos el hecho de que no haya relación sexual supone que se la invente de muchas maneras singulares.

Lo real no es un ser, ni es exterior al ser. Lo real es inseparable del ser y del lenguaje.

Todo ser es simbólico, es ser en el Otro. Pero además está lo real.

Reflexiones finales

El episodio que analizamos de la serie Ps!, la teoría de la performatividad de Butler y la sexualidad ligada a lo real del goce anclado en el cuerpo, tienen un punto de encuentro: el rechazo de las clasificaciones. Toda clasificación exige un ordenamiento que excluya e incluya, que limite y delimite, que discrimine y segregue.

Hablar de hombres y mujeres, machos y hembras solo puede ser concebido desde ciertas categorías de pensamiento y lenguaje. El lenguaje funciona como instrumento definitorio y clasificatorio. Para abolir el pensamiento heterosexual es necesario abolir las clases que lo integran. Cuando Lacan conceptualiza la no relación sexual piensa el goce en tanto autoerótico, solitario y ajeno a toda agrupación.

“El pasaje de una clínica discontinua, que clasificaba psicopatologías, a una clínica continuista donde se opacan los límites entre neurosis y psicosis conduce directamente a plantear modos de goce, modos de gozar en particular” (Pineda; 2013). La clínica de las clasificaciones ha dado lugar a una clínica de los modos de gozar singulares. Ahora estamos asistiendo a este pasaje de los sexos a los modos de goce, donde el acento no está en la generalización clasificatoria sino en la rareza (queer) del uno por uno.

Bibliografia

Aguilar y Fernández Cordero (2013) Cuando la identidad es ley. Ecos de Michel Foucault y Judith Butler. En Torres & al (Comp.). Transformaciones. Grama. Buenos Aires.

Butler, J (1993) Cuerpos que importan. Introducción. Paidós, Buenos Aires:2002.

Freud, S. (1905) Tres ensayos de la teoría sexual. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986

FREUD, S. (1917) Conferencia 21. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986.

FREUD, S. (1924) El sepultamiento del complejo de Edipo EdiitorialAmorrortu. Buenos Aires, 1986.

FREUD, S. (1925) Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986

FREUD, S. (1932) Conferencia 33: La femineidad. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986

FREUD, S. (1938) Compendio de Psicoanálisis. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986

Lacan (1955) EL Seminario de Jacques Lacan, Libro 3 Las Psicosis Buenos Aires, Argentina: Paidós: 1984.

Pineda (2013) Más allá de las clasificaciones. En Torres & al (Comp.). Transformaciones. Grama. Buenos Aires.



NOTAS

[1lFREUD, S. (1905) TRES ENSAYOS DE TEORÍA SEXUAL. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986.
FREUD, S. (1917) CONFERENCIA 21. DESARROLLO DE LA LIBIDO Y ORGANIZACIONES SEXUALES. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986.
FREUD, S. (1924) EL SEPULTAMIENTO DEL COMPLEJO DE EDIPO. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986.
FREUD, S. (1925) ALGUNAS CONSECUENCIAS PSÍQUICAS DE LA DIFERENCIA SEXUAL ANATÓMICA . Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986 FREUD, S. (1932) CONFERENCIA 33. LA FEMINIDAD. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986

[2FREUD, S. (1938) COMPENDIO DE PSICOANÁLISIS. CAPÍTULO III. EL DESARROLLO DE LA FUNCIÓN SEXUAL. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1986




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