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Universidad de Buenos Aires
Facultad de Psicología

Psicología Ética y Derechos Humanos
2º Parcial

Cátedra: I
Prof. Titular: Fariña
Prof. Práctico: Ma. Elena Domínguez
Comisión: 10
Alumnas: - Baffico, Matilde. L.U.: 31112643/0
- Corigliano, Melisa. L.U.: 30426150/0
Fecha de Entrega: 10 de Junio del 2010.

El film sobre el cual trabajaremos es “Pecados Capitales”. Entre los personajes más destacados están: el Detective William Somerset (Morgan Freeman); el Detective David Mills (Brad Pitt); Tracy (Gwyneth Paltrow), esposa de Mills y finalmente el asesino (Kevin Spacey).
Tomando en cuenta el comentario del film, cuyo autor es Michel Fariña, el personaje sobre el cual se centra el análisis de la responsabilidad subjetiva, es acerca del Detective Mills. Fariña, para dicho análisis se va a valer principalmente de cuatro escenas. En orden cronológico las mismas son:
1- Una primera escena, donde Tracy, invita por su cuenta al Detective Somerset a comer a su casa. Esto lo hace para que éste y su marido, se conozcan y comiencen a tener una buena relación (ya que hasta ese momento era distante). En la misma escena, mientras ella se hace cargo del invitado, su marido juega con sus perros en otra habitación.
2- Una segunda escena, donde Tracy acuerda una cita con el Detective Somerset. Como ella y su marido, se han mudado a esa ciudad recientemente, Tracy considera a Williams, como la única persona que conoce allí y con la que puede hablar. En esa escena, Tracy, le habla acerca de lo horrible que le parece la ciudad y le cuenta sobre su embarazo. Un embarazo con el que no sabe aún qué hacer, pero del cuál Mills aún no está enterado (porque ella lo considera a él como un niño, con el cual no se pueda hablar).
3- Una tercera escena, donde el asesino se había entregado a la justicia, pero para declararse culpable, puso una condición: que los dos detectives, lo llevaran a un lugar alejado de la ciudad, con la promesa de mostrarles los dos últimos cuerpos, víctimas de él. Aquí mientras caminan para encontrar los supuestos cuerpos, aparece una camioneta a lo lejos, que trae una encomienda para el Detective Mills. Es Somerset, quien va hacia el camino, detiene la camioneta, recibe y ve la encomienda. Mientras tanto Mills, apunta con el arma al asesino que está de rodillas y esposado. Resulta que la encomienda, es la cabeza de Tracy. Mientras Williams, desde lo lejos le dice a Mills que tire su arma, el asesino comienza a anoticiarlo de que el mató a su mujer. David, hasta ese momento logró contenerse de dispararle, pero cuando el asesino le dice que Tracy le pidió por la vida de ella y la de su bebé, es que Mills queda totalmente desconcertado, anoticiándose de que él iba a ser padre. A partir de esto, es que Mills, vacía el cargador de su pistola sobre el asesino, matándolo.
4- Y por último, habría una cuarta escena, donde se llevan detenido a Mills, y él está con una cara de total desconcierto, desencajado, en el asiento trasero del patrullero.
La hipótesis que Fariña propone acerca de la responsabilidad subjetiva, es que a partir de la cuarta escena señalada, ese rostro desencajado de Mills en el asiento trasero del patrullero, daría cuenta de que él de algo es responsable. Lejos de lo que pensaría el sentido común, Fariña habla de que la culpa está indicando que hay una responsabilidad en otro lugar. Hay una responsabilidad aquí que tiene que ver con la elección de su objeto de amor, que es una mujer que en vez de tomarlo como un marido, lo ubica en posición de hijo. Por lo tanto El disparo fue una verdad. Mills eligió, sin saberlo, callar esa verdad. El asesino en su admiración por el detective, convocó al sujeto (…) Si no desea repetir compasiones – femeninas ó policiales-, Mills deberá responder por ese encuentro singular. .

Ahora bien, para establecer un circuito de la responsabilidad, se hace necesario establecer un tiempo lógico que entrelace las escenas antes mencionadas. En este sentido, podemos ubicar como un primer tiempo las escenas uno y dos (la invitación a cenar y la cita de Tracy con Williams).Pero puede ubicarse como un segundo tiempo, tiempo que resignifica al primero, la escena donde Mills, opta por matar (callar) al asesino.
Hay por lo tanto un tiempo dos, que viene a resignificar y que constituye al tiempo uno. Ya que al elegir matar al asesino, cuando se entera que su mujer estaba embarazada, se resignifica el primer tiempo. En este sentido la hipótesis clínica, es que lo anterior aquí tendría que ver con la castración, con su lugar de niño, de hijo en una relación. Porque lo que se pone en juego en la mencionada hipótesis, es la pregunta “¿qué soy para el Otro?”, “¿qué lugar ocupo en el Otro?”, es una pregunta por el ser la que se pone en juego. De esta manera, en Mills, se produce en el tiempo dos, una interpelación que lo confronta con la castración, con una falta, que aquí tendría que ver con algo de la paternidad que se pone en juego.
A su vez, frente a la interpelación del segundo tiempo, Mills responde con uno, dos y más disparos. Responde callando esa verdad que lo confronta con el orden de la falta. Esta falta, es por estructura y tiene que ver con la barradura, en tanto que hablar de sujeto del inconciente, es hablar de un sujeto efecto del significante, un sujeto barrado (atravesado por la castración).
Pero si bien, hay una verdad que él prefiere no escuchar, no enterarse; habría un indicio (ó no) en su cara cuando se lo llevan detenido, que podría dar cuenta de que algo fue conmovido en ese sujeto. Por lo tanto, ante el rostro desencajado de Mills podría suponerse que habría un tiempo tres. La cara de Mills, sería un indicador de que hay algo que se movió de lugar, de que a partir de lo sucedido en el tiempo dos, ya nada sería lo mismo y por lo tanto hay algo a lo que ya no podría volver. Pero también, esa cara de desconcierto, podría deberse a la situación traumática que acaba de atravesar, a la pérdida real de su mujer etc., y no necesariamente tendría que ver con cambio de posición subjetiva.
Por lo tanto, a nuestro parecer, en cuanto al circuito de responsabilidad subjetiva, quedan esclarecidos lógicamente dos tiempos (dos y uno), el tiempo tres sólo podemos suponerlo por el rostro de David, luego de matar al asesino. Porque, dado que el film justo termina allí, no nos valemos de ningún discurso del personaje, que nos permita asegurar un verdadero tiempo tres. En este sentido, es que no habría indicios de un sujeto que puede responder a la castración (porque la vela), y por lo tanto no habría una responsabilidad subjetiva allí.

Por otro lado, si bien fue el detective Mills, quién pidió el traslado al departamento donde estaba Williams, podemos pensar que aquí hay algo del azar al llegar justo cuando el primer asesinato (del asesino serial) se descubre. Es un primer asesinato a una persona de excedido peso, a quien lo matan comiendo. Un segundo asesinato a un abogado “exitoso”, viene a resignificar ese primer crimen como un castigo, primero al pecado capital de la gula, y en el segundo caso al de la codicia. Como los pecados capitales son siete, es de esperarse cinco crímenes más. En este sentido, un primer asesinato aislado como azaroso en un primer tiempo, a partir de un segundo tiempo, se vuelve necesario. Se establece entonces una serie de necesidad.
Ahora bien, si podemos plantear la inserción de David, justo en el primer asesinato que descubren del asesino serial, como una cuestión del azar; podemos ubicar la escena donde Mills mata al asesino, como una cuestión de necesidad. Ya que, fue ahí donde él se enteró de que su mujer no solo fue asesinada por la persona que tenía él en ese momento enfrente, sino que estaba embarazada y él no lo sabía. Hablar de necesidad aquí, es por la presión a la que está siendo sometido, pero que implica una responsabilidad por el modo en cómo se posiciona respecto de lo que lo determina. El responde silenciando esa verdad que le pertenece.
Pero como lo planteamos anteriormente, la cara de Mills en el asiento trasero del patrullero, podría ser un indicio de que entre necesidad y azar, se abrió una brecha. Brecha que tendría que ver con la responsabilidad subjetiva, en tanto que algo tendrá que hacer con esa verdad que el asesino se encargó de empezar a develar, porque es una verdad que a David le concierne, que roza lo real y de lo que no se puede volver.
Estas tres dimensiones mencionadas (Necesidad/ Azar/ Responsabilidad) en las distintas escenas de la película, en relación al detective David, pueden ser ubicadas también, en el personaje de Ibbieta. Personaje del cuento “El Muro” de Sartre. En Ibbieta, al igual que en Mills, también podemos encontrar algo de la necesidad en tanto a la presión a la que él está siendo sometido por los falangistas. No es algo que él haya decidido, la cuestión de salvar su vida ó la de su amigo. Pero al igual que David, Ibbieta es responsable de tomar una posición, ante aquello que lo determina.
En cuanto al azar, pude ubicarse como una coincidencia temporal (tanto en Mills, como en Ibbieta). Esta coincidencia que hizo en el caso de Mills, que justo caiga en las causas de un asesino serial, que a posteriori será quien lo interpele (y confronte con la castración); y en el caso de Ibbieta, en que justo en el momento en que Gris va al cementerio, él hace la jugarreta a los falangistas diciendo que su amigo “está en el cementerio”.
Y en relación a la responsabilidad puede establecerse una diferencia entre los dos casos, pero más que nada por una cuestión de que la película, “Pecados Capitales”, termina justo en un momento donde la responsabilidad subjetiva (de Mills) puede ser supuesta ó no, pero en relación a una imagen efímera, que muestra un rostro fuera de sí. En cambio, en el cuento el Muro, nos valemos de un elemento más, y es la risa y el llanto a la misma vez. En este sentido es que puede pensarse, que Ibbieta al enterarse que habían encontrado a Gris en el cementerio, lo que implicaba que su jugarreta le había salido mal y bien. Al morir su amigo, él vivía, y es por eso que se echa a reír, porque algo de su deseo de vivir (deseo inconsciente, no reconocido por él) se estaba cumpliendo; pero por el otro lado es una risa, que estalla en llanto. Un llanto que puede ser leído por una parte, porque su amigo (casi hermano) fue asesinado, por un dato que él dio sin intención (conciente). Al igual que Mills, puede pesquisarse aquí algo de la culpa, donde en un plano más conciente, los dos pueden sentirse culpables por las muertes de sus seres queridos. Pero por otro lado, sabemos que la culpa es un indicador (clínico), de que la responsabilidad está en otro lugar, y es justamente eso, de lo que da cuenta el llanto de Ibbieta. En este sentido, podría hipotetizarse aquí, que en tanto sujeto deseante, él actuó (sin saberlo) en dirección algo de su deseo, pero que a su vez implica que con algo tendrá que pagar. Y por último podríamos agregar, que la situación vivida, lo confrontó con algo de la castración, en tanto es sujeto finito, y según Lacan, no hay significante para la muerte de uno, es algo del orden de lo irrepresentable.

Como último punto, nos interesa destacar la relación que se establece entre responsabilidad y culpa, en el personaje de David. Hablar de responsabilidad subjetiva, es hablar del advenimiento del sujeto, sujeto que como efecto de la relación significante y efecto del discurso (del Otro) es un sujeto barrado, sujeto deseante. Como reverso de la responsabilidad, puede plantearse la culpa. En tanto que cuando aparece algo de la culpa, es un buen indicador de que la responsabilidad (subjetiva), está en otro lugar.
D´amore, va plantear que la culpa es aquello que ob-liga a responder, en tanto que si es pensada en un tiempo dos, interpela al sujeto. Como consecuencia de esto, se tendrá que dar una respuesta, que va a tener que ver con la ruptura de un universo (particular), y con el surgimiento de una singularidad (que siempre es en situación) dando lugar a un tiempo tres, que tiene que ver con una respuesta diferenciada. En este sentido, hay un universal- singular, que se modifica, y que a partir de ahí, ya nada será lo mismo.
En el caso del detective Mills, puede pensarse el /los disparo/s, como aquello que lo des- liga de responder. En este sentido, es que la culpa aquí viene a taponar aquello con lo que el asesino lo confronta, con algo de la castración que parece jugársele al detective, en relación con la paternidad. …un proceso que hace cuerpo en la culpa como tapón y obturador de la emergencia subjetiva; digo que la culpa puede mantenerse sin el advenimiento de un sujeto .
Esta culpa como tapón, cierra el circuito de la responsabilidad (cierra la brecha que se abrió entre necesidad y azar), ya que se trataría de una culpa por “no haber escuchado a su mujer”, “por no haber evitado lo que sucedió”, una culpa que tiene que ver con la moral (con lo que hizo bien ó mal). Esta culpa por lo tanto, se juega en un plano de la conciencia, y lo que hace es dar sentido (plano imaginario en términos lacanianos) a lo sucedido, evitando el encuentro con lo real.
Por otro lado, también se puede hablar de una responsabilidad jurídica; entendiendo a la responsabilidad moral, como una de sus formas, pero que no la agota. En el plano jurídico, se habla de un sujeto autónomo, un sujeto capaz de responder por sus actos. Pero hay determinadas situaciones, donde la justicia determina que un sujeto puede ser inimputable. Esta situación paradojal nos muestra, que si bien se habla de un sujeto de la conciencia capaz de responsabilizarse por sus actos; hay situaciones donde se los desresponzabiliza, quitándoles a su vez su autonomía. D´Amore va a plantear dos conceptos que ayudan a conformar la figura de desresponzabilización, y ellas son la razón y la intención. El conocido “principio de razón” ese bien que otorga el concepto de sujeto joya, del que los niños (porque todavía no la han adquirido); los locos (porque la perdieron) y los embargados por la emoción violenta) quedan excluidos (…) El segundo elemento es … la intención, dado que ella es un elemento que liga de modo directo a la responsabilidad y la culpa, lo que quiere decir que para esta disciplina, es la intención la que ob-liga a responder…lo que compromete” .
Hay por lo tanto en el ámbito jurídico, la idea de que en determinadas circunstancias puede estar obturado el principio de razón, ó puede no haber intención en la realización de un acto. Pero tanto la razón, como la intención, aquí son planteadas como pertenecientes al plano conciente, y es en determinados casos que puede haber una desresponsabilización, porque hay un sujeto que no puede dar cuenta de sus actos.
En este sentido es que podría hipotetizarse que Mills, como sujeto de la conciencia, puede ser desresponsabilizado, porque puede tomarse su acto de matar al asesino como resultado de una emoción violenta (ya que mató al asesino de su mujer, en el mismo momento en que se enteró). Por lo tanto, Mills, víctima de una emoción violenta, no tendría capacidad de razonar acerca de lo que estaba haciendo y no habría intencionalidad (conciente) allí.
Pero si hablamos de una responsabilidad subjetiva, podemos decir que Mills es responsable de algo, en tanto que cuando el asesino lo interpela se resignifica el primer tiempo, donde algo de la falta está en juego allí. Pero tapando esa falta con una culpa que da sentido a su accionar, evita el encuentro con la castración y por lo tanto hacerse responsable de su condición de sujeto deseante, de sujeto barrado.



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