Universidad de Morón
Resumen:
Este trabajo propone una lectura psicoanalítica de la película Frankenstein (del Toro, 2025) a partir de tres notas que interrogan las condiciones de posibilidad de la filiación, la función paterna y el encuentro con la alteridad. En un primer movimiento se analiza la homofonía entre sun y son para mostrar cómo la nominación vacila entre el código y la filiación, poniendo en evidencia que la voluntad creacional y el saber científico resultan insuficientes para instituir un hijo. En un segundo momento, la noción de “hablar de algo” y “hablar de alguien”, desarrollada por Leopoldo Kligmann, permite pensar la interpelación que sobreviene cuando el proyecto científico deja paso al encuentro con un viviente que exige una respuesta singular. Finalmente, el trabajo pone en diálogo una escena del film con los desarrollos contemporáneos de las biotecnologías reproductivas, interrogando la pretensión de anticipar y seleccionar los atributos del futuro hijo. Se sostiene que, allí donde predominan los nombres codificados, los saberes anticipados y los signos destinados a conjurar la contingencia, se vuelve necesario pensar un modo de anudamiento del lazo filiatorio que no reduzca la alteridad a un objeto de cálculo.
Palabras Clave: Frankenstein | Filiación | Biotecnologías | Alteridad
Three Notes on Frankenstein
Abstract:
This paper offers a psychoanalytic reading of the film Frankenstein (del Toro, 2025) through three reflections on filiation, paternal function, and the encounter with alterity. First, it examines the homophony between sun and son to show how naming oscillates between linguistic code and filiation, revealing that neither scientific knowledge nor creative will is sufficient to establish a father–child bond. Second, drawing on Leopoldo Kligmann’s distinction between “speaking about something” and “speaking about someone,” the paper explores how Victor Frankenstein’s scientific project gives way to an encounter with a living being that demands a singular response, thereby introducing the dimension of ethical interpellation. Finally, the analysis places a key scene from the film in dialogue with contemporary reproductive biotechnologies, questioning the attempt to anticipate and select the future child’s attributes. The paper argues that where coded names, anticipated knowledge, and predetermined signs seek to neutralize contingency, filiation requires a form of symbolic bonding that remains open to alterity and resists its reduction to calculation or prediction.
Keywords: Frankenstein | Filiation | Biotechnologies | Alterity
Vacilación de aquel que nomina
Después de una noche turbulenta en la que su tan anhelado experimento parece haberse frustrado, Víctor Frankenstein se despierta sobresaltado en su alcoba. Al abrir los ojos, no tarda en darse cuenta de lo que tiene frente a sí: su tambaleante creación está parada junto a la cama y se aproxima con lentitud. Cree que la criatura puede atacarlo y, por lo tanto, se incorpora mientras dice: “por favor, no”.
Rápidamente advierte que su vida no está en peligro y corre hacia la ventana para abrir las cortinas. La luz solar inunda el cuarto. La criatura se retuerce bajo el impacto de los rayos que golpean su cuerpo.
Y es allí donde aparece una palabra que suena igual, aunque todavía no instituya un acto de nominación. Hasta ese momento, quienes coinciden en un mismo espacio son un creador y su creación, no un padre y un hijo. Sin embargo, una palabra cae de la boca de este científico apasionado: sun (sol en inglés), cuya homofonía remite irremediablemente a son (hijo en inglés).
La potencia filiatoria de la palabra parece quedar en suspenso. Sun/son. De un lado, Víctor Frankenstein en tanto científico, echando mano al código para nombrar un objeto del mundo y así comenzar su empresa pedagógica. Del otro, un padre que inscribe a su hijo en una genealogía. Suenan igual, pero, con total claridad, no dicen lo mismo.
Calculado o no, es un detalle formidable del guion y pleno de consecuencias. ¿Quién es el que verdaderamente tambalea en esta escena? ¿La criatura, con ese cuerpo grotesco e indomable, o el científico que, vía una nominación fallida, da muestras de estar ya escabulléndose de la función que le toca ocupar? ¿Qué estatuto adquiere entonces esta escena? ¿Qué tipo de vínculo se inaugura allí donde la nominación vacila entre el código y la filiación?
El discurrir de la trama no tardará en mostrar a un Víctor Frankenstein desencantado con su creación. Su frustración se hace evidente en los momentos en que la criatura insiste en pronunciar únicamente el nombre de aquel que lo creó. Sus intentos por engrosar el léxico de su creación son, a todas luces, vanos.
La escena en la que el resultado del experimento de Víctor se mira al espejo nos ahorra como espectadores cualquier duda que podríamos tener. Sola ante esa imagen no tiene con qué volverla propia. Ese tercer lugar que posibilitaría que se produzca dicho movimiento está vacante.
Tal cual lo presenta Juan Jorge Michel Fariña (2013), “la esquematización del cuerpo desmembrado (...) indica una vez más que es la imagen en el espejo la que unifica, anticipa, predestina el yo” (p. 95). Pero, como ya se indicó, esta operación depende de que un otro significativo la sostenga. La potencia estabilizadora de la imagen se alcanza en tanto y en cuanto haya un Otro que mira a esa creatura mirarse en el espejo para precipitarla a reconocer como propia esa imagen. Se trata de empujarla hacia ese hito constituyente que es el decir de una imagen “ese soy yo”.
Sin un deseo que lo aloje, el viviente queda arrojado, en este caso y al decir de Elizabeth Ormart (2025), a una doble condena: nacer y no morir. Esta autora realiza una interlocución con El Inmortal, cuento de Jorge Luis Borges. No poder no vivir es una sentencia tan atroz como la que cae sobre otro personaje del universo borgiano: Funes, quien no puede no recordar. Figuras, estas dos, de lo que sería habitar una temporada sin coto en el averno.
De esta forma, lo que se hace cada vez más evidente es que el proyecto frankensteiniano parece agotarse en la voluntad creacional de este experimentador. ¿Pero alcanza la voluntad para donar aquello que es del orden de lo que no se tiene, es decir, “dar la falta, poner a jugar una falta” (Amigo, 2014, p. 139)?
Armando Kletnicki (2000) es taxativo en este punto: el corte que introduce lo inconsciente y que dona lo que ignora, “nada tiene que ver con la voluntad” (p. 51). Creemos que esta es una insignia propia de la égida del yo.
Combinando saber científico con el empuje de su voluntad creacional, podrá intentar apelar al código compartido para enseñarle a su engendro el nombre de las distintas cosas que están presentes en el mundo, pero no podrá nombrarlo a él en tanto hijo ni asumirse padre de ese hijo. Una donación de amor, vehiculizada por el deseo de descendencia, nada tiene que ver con la gran cantidad de emblemas yoicos que Víctor Frankenstein podría ostentar. La voluntad creacional no es soporte suficiente para la inadecuación estructural entre función paterna y el sujeto llamado a encarnarla (Laso, 2022).
Tal cual lo señala Eduardo Laso (2022), “de aquel que ocupa la función de padre se espera (...) que también transmita la propia castración, al consentir caer del lugar del atribuido Uno de excepción” (p. 57). No hay una tal sustracción por parte de Frankenstein. No es una exageración decir que le es preferible destruir a su engendro que vérselas con la invención de un lugar desde el cual, fallidamente, responder a una dimensión que lo excede. Por lo tanto, no es por la vía de la sumatoria o la adición de atributos que se adviene padre. Todo lo contrario. Vérselas con la función paterna implica una quita, un restarse del lugar atribuido de la excepción.
Llegados a este punto del apartado, parece pertinente aproximar esta tesis: un padre debe responder desde un lugar no anónimo, pero sin nombre codificado. Nos parece que es allí donde Víctor tropieza. Él pretende funcionar como padre a partir de esos títulos que le valen un nombre ante todos –creador, médico, científico excepcional–, menos ante aquel que espera que se le done “el lugar de enunciación de un decir singular” (Laso, 2022, p. 57).
Hablar… ¿de algo o de alguien?
En su último libro Leopoldo Kligmann (2024), introduce una idea muy interesante con respecto al momento en que se avivan y se recrudecen las pasiones. Según este autor, lo que opera en ese punto es una torsión cuyo efecto es que lo pasional rompe “los límites de la palabra dialogada” (p. 90). Algo no previsto por ese acuerdo irrumpe en escena y se pasa de hablar de algo a hablar de alguien (Kligmann, 2024).
La manera en la que está narrada la película confronta las versiones que tienen Víctor y la Criatura de los eventos acaecidos. Tal cual lo señala Ormart (2025) el perspectivismo es una forma de narrar que habilita muchas voces y desde ese entramado discursivo, la verdad toma cuerpo como una construcción ficcional. Por lo tanto, un tramo de la película es contado en primera persona por Víctor. Estando inmersos en el relato que este hace, podemos dar cuenta de ese momento en el cual el discurso gira para dejar de hablar de algo y pasar a hablar de alguien.
La situación paradigmática de este viraje Kligmann la extrae de la lectura que Jacques Lacan hace de El Banquete de Platón. El psicoanalista francés señala allí un “espacio clínico referencial” (Kligmann, 2024, p. 88).
Dicho diálogo ha de moverse en coordenadas específicas: los participantes hablan por turnos y sus parlamentos se atienen a un tema, el amor. Así las cosas, lo pautado discurre gobernado por dicha legalidad hasta que emerge un elemento que no se ajusta a tales reglas. Alcibíades, aquel personaje que no había sido convocado a la reunión, aparece y trastoca la escena. En vez de hablar del amor, comienza a hablar de Sócrates y de cómo este “lo calentó y después se fue al mazo” (Kligmann, 2024, p. 90). Es decir “se pasa de hablar de algo, el amor, a hablar de alguien, Sócrates” (p. 90). La pasión, anudada con la demanda, encuentra modos de desbaratar escenas.
Aquí la demanda ya no se presenta a modo de filigrana, sino que lo hace en forma directa (Kligmann, 2024). Por lo tanto, sería posible pensar que al hablar de algo el diálogo se vuelve más aireado, menos espeso y se dispone mejor a la apertura. No es así cuando se pasa a hablar de alguien. En ese punto el discurso pasional gana terreno y sobre ese alguien caen, pesados, los reclamos y los reproches. ¿Sería desacertado, entonces, ubicar al deseo como más cercano al discurso que habla de algo y a la demanda como más próxima al que lo hace cuando se habla de alguien?
¿De qué manera la película Frankenstein nos permite dar una vuelta más por esta torsión que Kligmann señala?
Antes de avanzar, es preciso introducir, aunque sea de manera sucinta, la noción de interpelación. Creemos que la misma es solidaria con el momento en que se deja de hablar de algo y se pasa a hablar de alguien.
Óscar D’ Amore (2013) sitúa a la interpelación como “exigencia de respuesta más allá de lo que “yo” querría responder” (p. 40). El asunto es que, volviéndose obligatoria alguna respuesta, no siempre se responde de la misma manera. El sentimiento de culpa, la negación, la proyección, la intelectualización y la formación sintomática son todas posibilidades que pertenecen al abanico de respuestas ante la interpelación (D’ Amore, 2013). El momento en que se pasa a hablar de alguien, ¿puede pensarse como una respuesta más frente a esa exigencia?
Observamos que cuando Víctor está tomado por la idea de su proyecto, sus presentaciones van acompañadas por un brillo particular: no retrocede ante su incrédulo auditorio, consigue financiamiento para su proyecto, no titubea a la hora de defender su ambiciosa empresa, entre otras cosas. Es decir, cuando habla de algo –su proyecto– el médico se mueve, tal como lo decimos por estos lares, como pez en el agua.
Ahora bien, estos rasgos que hacían al semblante del científico colapsan en el momento en el que su criatura sale del plano de la fantasía y pasa a encarnar en un engendro con vida propia que no hace lo que él le pide que haga o diga. Ya no se hablará de algo, sino de ese alguien que porta un cuerpo y le hace ole a los reclamos y demandas de ese médico que reniega del lugar de padre. Se habla de alguien: de esa criatura ante la cual los saberes con los que cuenta Víctor Frankenstein desfallecen a la hora de educarla y domesticarla. Ese cuerpo disparatado es una superficie sobre la cual las demandas se tornan resbaladizas. A partir de aquí, la pasión, y su costado estragante, aumenta.
Venimos señalando que, en este escenario ficcional, los momentos en los que Víctor habla de algo se anudan a situaciones en las cuales él ya dispone de un saber que es parte del cúmulo de saberes al alcance de cualquier médico avezado en la materia. ¿Hay novedad en este proyecto que Víctor Frankenstein con tanta vehemencia lleva adelante? Claro que sí. Lo que no hay es interpelación. Víctor habla de algo que maneja a la perfección. Los libros y manuales de anatomía lo asisten en su empresa. Desde ya que se desconoce el resultado de la misma, pero eso sucede con todo experimento, sea de la naturaleza que sea. Podrá salir bien, podrá salir mal. La experimentación suscitará muchas preguntas. Pero que haya preguntas no quiere decir que aparezca algo del orden de la interpelación. Esto último, más bien, parece ser propio de ese registro que Kligmann nombra como hablar de alguien.
Leamos esto a partir de lo que ya se puntuó en torno a El Banquete. Los varones invitados a hablar sobre el amor se van pasando la posta a medida que cada uno de ellos expone sus preguntas y sus ideas sobre ese tema en particular. El diálogo va y viene exento de interpelación. Esta recién aparecerá cuando irrumpa en escena Alcibíades y, con dicha emergencia, el discurso pase a hacer foco en alguien: Sócrates.
Volviendo a Frankenstein, el médico que parecía haber logrado lo imposible se ve interpelado porque la presencia de ese engendro lo solicita en un más allá de su ser científico. Es decir que su experimento lo llama a ocupar el lugar de padre y, enfrentado a ese acto de invención ante el cual todo saber fracasa, Víctor responde rehusándose a ir a ocupar esa función que lo excede (Laso, 2014).
Este recorrido permite pensar que el momento de la interpelación coincide con el pasaje del hablar de algo al hablar de alguien. Víctor se queja de la ineptitud y la falta de inteligencia de su creación en un intento por darle la espalda a esa interpelación que lo embiste. Ahora que ha sido llamado a ser padre, ¿qué hará?
Estamos en el ocaso del cuento del creador. Su postura nos recuerda a una de las metáforas que utiliza Freud (1915) para puntualizar algo de aquello que el analista no debe hacer cuando el amor de transferencia copa la escena analítica. Víctor se asemeja a ese “que hace subir mediante conjuros ingeniosos a un espíritu del mundo subterráneo” (Laso, 2012, p. 11), para luego retroceder ante esa presencia.
Veamos, por último, de qué manera este retroceso de Víctor permite anudar discurso pasional, hablar de alguien y pasaje al acto.
Tal cual lo señalamos al inicio del apartado, las pasiones se avivan en el momento en que se pasa de hablar de algo a hablar de alguien (Kligmann, 2024). El uso del término “avivar” no es ocioso ni inocente. Está en íntima relación con lo que el frustrado creador hará con ese castillo que sirvió de escenario para el despliegue de su omnipotencia. Es un personaje que atraviesa el derrotero de muchos neuróticos: creer haber encontrado oro para muy rápidamente sentirse inmerso en la mierda (Faccendini, 2022).
Así las cosas, Víctor huye de escena prendiendo fuego su castillo-laboratorio con su creación encadenada dentro. El fuego (¿de la pasión?) consume todo a su paso borrando los resultados, a sus ojos monstruosos, que su experimento arrojó. Un pasaje al acto que señala un punto de impotencia del propio Víctor.
Un cuerpo a la carta
Carmen González Táboas (2015) escribe que “Lacan pertenece al tiempo donde la ciencia es como un mar revuelto que arroja, hallazgo tras hallazgo, los productos que los mercados están ávidos de apropiarse” (p. 53). Dicha avidez mercantil, lejos de remitir, se ha vuelto cada vez más insaciable. Hoy estamos en la era de las nuevas biotecnologías (Ormart, 2026), la cual abre no solo nuevas posibilidades de procreación sino también novedosos mercados. Ya no ha de extrañarnos la vecindad entre ciencia y capital.
Volvamos a Frankenstein. Hay una escena que genera una discrepancia que merece ser recorrida. Somos testigos de ese momento en el que Víctor da con la clave para insuflarle vida a un conjunto de tejidos inanimados. Dirá que el secreto está en ubicar la batería por arriba del sistema linfático. Su idea da resultado. Ese prototipo de criatura con el que está trabajando de pronto se incorpora y comienza a moverse de una manera espasmódica. ¿Y qué hace Víctor? Se asusta, se espanta, retrocede con todo su cuerpo. Pero en el momento en el que asistimos a estas imágenes la voz en off de este médico saca pecho diciendo que ese fue el momento en el que se dio cuenta de que ya nada podría detenerlo. ¿Qué hay detrás de esa pompa omnipotente?
La trama del film continúa y él, junto a un grupo de hombres, buscan en un campo de batalla que dejó como saldo una gran cantidad de cadáveres, aquellos susceptibles de ser usados por el científico. Exclama que prefiere especímenes altos con extremidades largas. Parece que además de querer dar vida, Frankenstein tiene la pretensión de montar un cuerpo a piacere. Tal cual lo adelanta el título del apartado, a la carta. Algo así como dar vida a imagen y semejanza de sus caprichos y arbitrariedades.
Cabe recordar que todo esto es previo a la aparición de la criatura en la alcoba de Víctor. Estamos en ese punto de la película en el que él aún está dándole forma a su proyecto. Diríamos, volviendo al segundo apartado de este trabajo, que sigue hablando de algo. Pero ahora empezamos a advertir que sobre ese nonato se ciernen inamovibles exigencias y expectativas. Ese engendro tiene que tener extremidades largas, tiene que ser poseedor de un cuerpo alto.
Hay todo un a priori que cancela la contingencia y señala una incapacidad para el encuentro con la alteridad.
Allí donde reinaban el azar y el enigma, la ciencia ha metido la cola para, vía el cálculo y la preselección, acotar al primero y secuenciar al segundo. Una de las hebras que compone al discurso científico pretende despoblar al mundo del encanto que posee lo enigmático, lo imposible de prever y anticipar. Pero, tal cual lo postula Kletnicki (2000), “a la vocación totalizadora de la ciencia se le antepone una operación que resiste la plena formalización, y por ende escapa a la posibilidad de su dominio” (p. 224).
Desde ya que, si la cosa va más o menos bien, madres y padres tienden a fantasear con cómo será su hijo o hija: con qué atributos vendrá ese niño o esa niña al mundo y de quién tomará dichas características. ¿Tendrá los ojos de aquel o de aquella? ¿Saldrá con la boca de este o de esta? ¡Ojalá salga con la nariz de la abuela! ¡Por favor que no tenga las orejas del abuelo!
Pero una cosa es este tipo de fantasías que se escuchan y otra muy distinta es diseñar el cuerpo de ese otro para que porte, invariablemente, un determinado signo.
¿Puede la filiación depender de la presencia o la ausencia de un signo? ¿O habría más bien que pensar que cuanto más se depende de que un signo se haga presente más en cuestión estará el lazo filiatorio?
Estas preguntas podrán no encontrar respuesta inmediata, pero resulta imperioso que el lazo encuentre algún modo de anudarse más allá de los nombres codificados, los saberes anticipados y los signos que pretenden conjurar la contingencia.
Referencias:
Amigo, S. (2014). La autorización de sexo y otros ensayos. Letra Viva.
D’ Amore, O. (2013). Responsabilidad subjetiva y culpa. Aesthethika. https://www.aesthethika.org/Responsabilidad-subjetiva-y-culpa
Faccendini, J. (2022). Una clínica del grafo del deseo. Letra Viva.
Freud, S. (1915). Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. En S. Freud, Obras completas (Vol. XII). Amorrortu.
González Táboas, C. (2015). Un amor menos tonto. Una lectura del seminario XXI de Lacan. Grama Ediciones.
Kletnicki, A. (2000). Niños desaparecidos: la construcción de una memoria. En La encrucijada de la filiación. Buenos Aires: Lumen.
Kletnicki, A. (2000). Un deseo que no sea anónimo. En La encrucijada de la filiación. Buenos Aires: Lumen.
Kligmann, L. (2024). Bordes del amor. Letra Viva.
Laso, E. (2014). Del espermatozoide a la función paterna: Delivery man, de Ken Scott. Aesthethika. https://www.aesthethika.org/Del-espermatozoide-a-la-funcion
Laso, E. (2022). Padres en el cine. Fundación Medifé.
Laso, E. (2026). Creadores y padres en el mito de Frankenstein. Ética & Cine. https://journal.eticaycine.org/Creadores-y-padres-en-el-mito-de-Frankenstein
Michel Fariña, J. J. (2013). Milgram con Freud y Lacan. Aesthethika, pp. 91-97.
Ormart, E. (2025). Del mandato de vivir al deseo de vida. Ética y cine. https://www.eticaycine.org/Frankenstein
NOTAS
FORUM
Película:Frankenstein
Título Original:Frankenstein
Director: Guillermo del Toro
Año: 2025
País: Estados Unidos
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