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Derecho a la identidad, moral y ética

por Ormart, Elizabeth

Moral y ética

La moral taiwanesa se presenta en el film plena de valores y tradiciones, tales como la dignidad de una mujer soltera que queda embarazada y debe ocultar su estado a la sociedad, la importancia de mantener las apariencias, el valor del patriarcado y el culto a la opinión de los otros. Incluso, la convicción de que la zurdera es una enfermedad a ser domesticada.

La protagonista de la película es I-Jing (Nina Ye) una niña zurda, a la que su abuelo enseña que debe usar siempre la diestra porque la siniestra es demoníaca [1]. La trama de la película va recorriendo la vida cotidiana de una madre y sus dos hijas. La película ha sido filmada por momentos mediante un celular, lo que le imprime una modalidad estética próxima que refuerza el sentido de lo familiar. La pequeña zurda, imprime un aire de frescura e inocencia que se contrapone a las tensiones y reproches que parecen surcar el mundo adulto y la brecha generacional de la madre y su hija adolescente.

Pero ¿de qué dignidad hablamos, ¿qué es ser digno para esa cultura?

La moral constituye un conjunto de formas de ser, tradiciones y costumbres, espacio-temporales que se sostienen por la consistencia que le da la acción repetitiva y mancomunada de la sociedad que la sostiene.

Ser digno es cumplir con esa moral y hacer las cosas “bien”. Desde el punto de vista de la ética filosófica, la cuestión central es por qué hacer las cosas de esta manera y no de otra. La ética busca reflexionar sobre el fundamento de la moral. ¿Por qué los taiwaneses sostienen esos valores? ¿Cuáles son los principios en los que ellos se apoyan?

El film nos muestra a tres mujeres que luchan por subsistir económicamente en una feria nocturna de Taipéi: la madre Shu-fen (Janel Tsai), la hija adolescente I-ann (Shih-Yuan Ma), y la niña pequeña, I-Jing (Nina Ye). El respeto de las tradiciones, la sumisión a los mayores, el imperio de una moral machista y hetronormativa, hace que la familia de Shu-fen sea vista como en los márgenes de la normalidad: tres mujeres solas, en un emprendimiento familiar, sin un hombre que enfrente la vida con ellas, ya resulta cuestionable.

De este análisis, se desprende a lo largo de la primera parte de la película, una moral para la mujer y otra para los hombres. Los hombres tienen derechos sobre los cuerpos de las mujeres, tienen derecho a la herencia y son la voz de la autoridad. En la película, la protagonista encarna la lucha fallida de una mujer por responder a estos imperativos morales. Ser madre de dos niñas, sin reclamar las condiciones de sostén económico que el padre no prodiga, incluso asumiendo y pagando las deudas del marido, aunque este ya no forme parte de la familia. Esta madre se presenta como la heroína de la película, pero todo su esfuerzo resulta inconsistente, porque ni su familia, ni su hija mayor le demuestran respeto o reconocimiento. Mas bien cuestionan sus acciones y tal como ocurre en toda película la moralina se ridiculiza y se lleva al sinsentido.

La crítica posmoderna, encarnada por la narrativa cinematográfica, erosiona las bases de las morales tradicionales y los grandes relatos declinan. En su lugar, el sinsentido, lo grotesco, lo ridículo cobran vida.

El extremo de este sinsentido, se presenta cuando la protagonista en su afán por cubrir los gastos del funeral de su ex marido, decide quedarse sin fondos y no puede pagar el alquiler del negocio que prodiga el sustento de su familia. Para sostener la pompa del difunto, los vivos quedan en inanición.

Nadie puede comprender la moral kantiana de la heroína [2].

Otras formas de la moral taiwanesa, la encarnan las hermanas de la protagonista, preocupadas por la herencia familiar. Un utilitarismo de las consecuencias encarna su afán de simular ser buenas hijas para lograr la herencia familiar, que parece estar destinada al hermano varón.

Mientras que, en el primer caso, la moral se asume con convicción, y por deber, en el segundo, resulta un cálculo utilitarista [3] vacío de sentido. Sin embargo, bajo la forma afirmativa o negativa ambas son modos de encarar la moral taiwanesa. Los valores de respeto, sumisión, inferioridad de la mujer, importancia de las apariencias, resultan equivalentes.

Tanto la vertiente deontológica [4], como la utilitarista se muestran pulverizadas en el relato de la película por la ausencia de sentido. Desde el discurso del psicoanálisis, nos encontramos en un tiempo de la caída del Otro, la declinación de la figura de autoridad. Desde la filosofía, es el fin de los grandes relatos y la muerte de Dios. Uno y otro discurso, refieren al agujero de sentido de la moral que encarnan los personajes del film, y de cualquier sistema moral. El eudemonismo aristotélico, el utilitarismo inglés, la moral estoica o el hedonismo (Ormart, 2020) son todas formas de velar la falla, buscando un sentido o bien supremo, un Fin último, que no hay.

Ética psicológica

Desde diferentes pensadores, se ha buscado la construcción de una ética no filosófica, sino psicológica. Esto supone evitar el aplicacionismo de una disciplina foránea –como la filosofía– sobre la psicología, para construir categorías nuevas que permitan conceptualizar la dimensión del obrar de la disciplina psicológica articulando la dimensión normativa o deontológica con el eje de la singularidad. Este planteo, que viene siendo llevado adelante desde la primera cátedra de Ética y Derechos Humanos de la UBA, incluye los aportes del psicoanálisis en la consideración de las coordenadas actuales para repensar conceptos centrales para la ética filosófica como la buena vida, el bienestar, el deber y la responsabilidad. Las categorías Universal-Singular-Particular nos sirven como herramientas metodológicas propias de nuestra disciplina para poder diferenciar lo contingente y colectivo (moral particular) de lo estructural y singular (ética del deseo).

Si una moral particular se disputa el valor del sentido último, y busca imponerse por sobre el eje universal singular, caemos en un particularismo. La trama de la película se vuelve conflictiva en el momento en que dicha moral particularista se confronta con un derecho humano fundamental, como el derecho a la identidad. En ese punto, la moral desfallece.

Se trata de un secreto familiar, que explota en el peor momento. La niña zurda, no es hija sino nieta de quien oficia de madre; esta mujer lo sabe y ha decido ocultarlo a su familia y a la pequeña. El valor de lo siniestro, cobra ahora otro sentido. Ya no nos referimos a la mano de I-Jing sino al ocultamiento de su origen. La decisión de Shu-fen se apoya en el valor de las apariencias, el respeto de esa moral que exalta su familia. Pero en su ceguera particularista ignora el derecho de I-Jing a conocer su identidad.

La madre de I-Jing lo dice a viva voz en el cumpleaños de la abuela, armada del coraje fugaz que le da la ingesta de alcohol. La perplejidad surca los rostros.

Reflexiones finales

La escena final del film se cierra el día después cuando se percibe un cambio, algo se develo que configuró la escena de otro modo.

El espectador lo percibe, esa verdad reacomoda las piezas y permite una ampliación del estrecho horizonte que la moral buscaba ceñir. Ya no hay vuelta atrás, cuando la verdad emerge la farsa cae, insostenible en su endeble fachada.

El proceso simbólico de la filiación tiene cierto carácter ficcional, aunque no por ello deja de ser verdadero, ya que la ficción toma carácter de verdad en tanto que todos sus miembros se encuentran tomados por esta ficción. La filiación de I-Jing no tiene ese carácter ficcional, ella vive en una farsa, ya que la que dice ser su madre, no lo es. Esta imitación de la función materna supone un claro ataque al derecho a la identidad de I-Jing que es criada en el engaño. Shu-fen y I-ann conocen la verdad, pero deciden ocultarla a causa de su sistema moral y la importancia de ciertos valores culturales que, en este caso, claramente atentan contra los derechos humanos. El carácter siniestro de la niña zurda, radica en que aquellas que debían protegerla, le niegan el derecho más elemental. Lo familiar, se vuelve ajeno. En la ambigüedad del término siniestro, se construye una metáfora: una mano útil que se vuelva contra ella, y la cotidianeidad del engaño sostenido por su madre y su abuela. La emergencia de la verdad, habilita un camino hacia sus orígenes.

Referencias:

La chica zurda (Shih-Ching Tsou, 2025)

Ormart, E. (2020) La enseñanza de la bioética en la universidad. Tesis de Doctorado en Filosofía. Inédita.



NOTAS

[1"Siniestra" (femenino de siniestro) se refiere a algo malintencionado, perverso o maligno, pero también puede significar funesto, infeliz o que causa daño. Este término se usa también para designar la mano izquierda. Ambos sentidos se presentan anudados en la película a partir de las enseñanzas del abuelo de la niña.

[2La ética de los principios o deontológica tiene como valor supremo la dignidad humana. Se trata de vivir y morir con dignidad. Esta es la ética que surge con Kant y que prioriza el deber y la buena intención.

[3El utilitarismo es una teoría ética que sostiene que la acción moralmente correcta es aquella que produce la mayor felicidad o bienestar para el mayor número de personas, maximizando la utilidad y minimizando el daño. Se basa en las consecuencias de las acciones (consecuencialismo), juzgando si son buenas o malas por sus resultados, buscando siempre el mayor bien general, donde la felicidad y el placer son los bienes a promover. Sus máximos representantes fueron Jeremy Bentham y John Stuart Mill.

[4Cuando la ética filosófica asume un criterio deontológico, tiene que proporcionar argumentos que justifiquen la prevalencia de las intenciones por encima de los efectos, tiene que mostrar estos principios y demostrar que son válidos. Esto es lo que ocurre con la ética kantiana, pues a través del imperativo categórico, el carácter moral de una acción queda determinada por la posibilidad de que la norma a la que esa acción responde se convierta en ley universal.

Película:La chica zurda

Título Original:Left-Handed Girl

Director: Shih-Ching Tsou

Año: 2025

País: Taiwán

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