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El niño de los lobos

por Michel Fariña, Juan Jorge, San Martín, Débora

Quiere uno librarse del pasado; con razón, porque bajo su sombra no es posible en absoluto vivir, pues el horror no tiene fin si la culpa y la violencia se han de pagar con culpa y violencia; sin razón, porque el pasado del que uno quiere librarse permanece aún vivo...
Th. W. Adorno

Tú que puedes, vuélvete, le dijo el río llorando
Atahualpa Yupanqui

El vocablo griego mystikós deriva de mysterion, que significa “secreto”, “misterio”, “ceremonia para iniciados”, derivado a su vez de myo: “yo cierro”. Aunque muy posterior también existe la acepción mistificar, en el sentido de “embaucar”, proveniente del francés mystifier.

Ambos sentidos, el de una misteriosa ceremonia cerrada y el del ocultamiento engañoso, se conjugan en el film de Clint Eastwood. Río Místico.

Por exigencia del director la película fue íntegramente rodada en Mystique River, un suburbio de cien kilómetros cuadrados al nordeste de Boston, con un microclima social que resulta ideal para la historia. Familias de clase trabajadora, que permanecieron en el mismo barrio en el que nacieron, cruzándose en los bares y minimercados, compartiendo pequeñas esperanzas bajo el acecho de una ciudad que crece, inconmensurable, al otro lado del río.

El poster oficial del film anticipa el primer acierto de su trama. Los tres personajes, Jimmy, Sean y Dave, están de pie a orillas del Mystique, como plantados frente a la adversidad; pero sus siluetas, reflejadas en la superficie quieta del agua, desdoblan la escena. Esas figuras, estiradas y apenas distorsionadas por la leve ondulación del río, nos anticipan que presenciaremos dos historias paralelas.

Una, la del thriller vertiginoso; otra, la de un trauma largamente acunado. Tiempos cronológicos para la primera, tiempos lógicos para la segunda.

Una adolescente se apronta para salir con sus amigas un sábado por la noche. Su padre, Jimmy Markum, todavía joven pero ya curtido por la vida, la despide cariñosamente, con las clásicas recomendaciones de horarios y cuidados. La chica sale rauda. Hay una alegría inescrutable y un extraño vuelo en su mirada. Al llegar al auto, la espera un novio furtivo, también adolescente, con quién planea fugarse a Las Vegas.

La cámara la sigue hasta una taberna en la que la joven se divierte con sus amigas. El desenfreno adolescente apenas inquieta a sus parroquianos, que permanecen con sus ojos abatidos sumergidos en la última cerveza de la noche. Entre ellos se encuentra Dave Boyle, un viejo amigo de su padre.

A la mañana siguiente el detective Sean Devine, amigo de infancia de Jimmy y Dave, recibe una llamada anónima que informa de un auto abandonado con rastros de sangre. Luego de una breve búsqueda policial, dan con el cadáver de la chica, inexplicablemente golpeada y asesinada de un balazo.

Se lanza así la investigación de un crimen absurdo. Ya tenemos nuestro thriller. El primer escenario tal como aparece resumido en el plot: tres amigos de infancia se reencuentran para investigar la muerte inexplicable de la hija de uno de ellos.

Pero el azar y la fatalidad tomarán cartas en el asunto. Sabremos entonces que veinticinco años atrás, la adversidad ya había golpeado a nuestros tres personajes. Siendo niños y jugando en el barrio, se toparon con un paidofílico que detuvo su auto en busca de una presa. El hombre se llevó a Dave, ante la mirada paralizada de Jimmy y Sean. Luego de cuatro días de sometimiento, Dave escapó y regresó al hogar materno. Sus captores fueron detenidos y el episodio quedó aparentemente en el olvido. Una historia más en la sordidez del Mystique.

Pero el reencuentro de los tres amigos actualiza la escena. La muerte de una adolescente reabre la herida por la vejación de otro. De allí en más, los escenarios ya no podrán separarse. El tiempo 1 del episodio infantil revive con toda su fuerza traumática. La inexplicable muerte de la chica será el desencadenante que potencie el horror contenido. Y los personajes quedarán presos de ese torbellino.

Un comerciante y padre de familia, un vecino bonachón y un detective honorable, condenados de pronto a saldar sus deudas con el inconsciente. Jimmy, deberá enfrentar una historia sepultada; Dave, tendrá que lidiar con sus lobos y vampiros; Sean, deberá ponerle palabras a una cruenta separación.

La trama logra su clímax de complejidad. Allí es cuando se templa un director de cine. Cuando debe estar a la altura de los demonios que ha desatado en el espectador. Y Clint Eastwood pasa con honores la prueba. Los detalles que articulan las escenas son infinitos.

El artificio de la pericia balística es uno de ellos. Una misma pistola utilizada en dos escenarios del crimen, separados en el tiempo. El hallazgo confrontará a Jimmy con uno de los rostros de lo siniestro: la vida y la muerte de su hija jugada entre dos hermanos cuyo padre él mismo sepultó en el río.

Otro, el de las palabras reveladoras del detective Devine, que al desentrañar el crimen desvía una bala que llevaba su nombre. Y al hacerlo, puede por primera vez develar el secreto de la mudez de su mujer y escuchar el nombre de su hija Norah.

Finalmente, el costado más terrible del film: el doble sacrificio de Dave. Con veinticinco años de diferencia, un mismo rostro se aleja a través de la luneta de un automóvil oscuro. Una y otra vez, los verdugos se llevan al más débil. Primero el dúo de paidofílicos, después los justicieros por mano propia. Doblemente abusado, doblemente victimizado. Una y otra vez, el único argumento que esgrime Dave frente al ultraje es el relato de su sueño traumático.

Pero nadie quiere escuchar la pesadilla de Dave. Porque la vejación resulta un estorbo para todos. Para Jimmy y Sean, porque es la memoria viva de aquél horror del que creyeron escapar. Para su esposa Celeste, porque la confronta con un fantasma sexual cuyo goce desborda la pareja. Para los hermanos Savage, porque la complejidad del trauma escapa al sadismo de sus elementales cuerpos contenidos.

Por eso, la confesión de Dave es la única verdad del film. Su relato de aquel cautiverio, con su parafernalia de lobos y vampiros, es de una transparencia escalofriante. Y ese retorno alucinado de los monstruos subvierte la marcha de la historia.

Recién tomamos conciencia de ello cuando abandonamos la sala. Al principio es una extraña sensación en nuestros cuerpos abatidos. Luego una visión: toda la trama podría ser leída en un sentido diferente. El asesinato la adolescente no fue más que una pantalla. El verdadero crimen es el de la impunidad. El que se pergeñaba desde un inicio a espaldas de sus perpetradores.

Es la lógica elemental del sargento Powers, es la entrega cobarde de Celeste Boyle, la estocada final de Jimmy Markum y el encubrimiento del detective Sean Devine. Pero es también nuestra complacencia de espectadores, que buscamos alejar a toda costa nuestros propios demonios.

Por eso la verdadera víctima estuvo siempre ante nuestros ojos. Pero como suele suceder, desplazada a la figura del chivo expiatorio, del sospechoso que siempre sabemos construir.



NOTAS

Película:Río Místico

Título Original:Mystic River

Director: Clint Eastwood

Año: 2003

País: Estados Unidos