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Films >  Congresos Online >  Congreso Online 2013 > Film:  Blue Valentine. Una historia de amor
Triste San Valentín. Una historia de odioenamoramiento
por Gómez, Mariana
Título original: Blue Valentine

Derek Cianfrance / Estados Unidos / 2010

Ahora ella me manda tristes saludos por el día de los enamorados

Desde allá, en Filadelfia

Para marcar el aniversario de alguien que era yo antes

Y se siente como si alguien hubiera emitido una orden para arrestarme

Mujer, haces que viva mirando el espejo retrovisor.

Tom Waits, Triste San Valentín

Blue Valentine es una historia de amor entre dos personas comunes. No es una historia extraordinaria. Es una historia habitual pero que contada del modo en el que lo hace su director, Derek Cianfrance, logra interpelarnos en nuestros propios asuntos del amor. Blue Valentine es lo suficientemente provocadora como para pensarla como un hecho artístico.

Pero lo más interesante de esta película es que nos enseña cómo a veces no todo es lo que parece. Y esto lo sabemos muy bien desde el psicoanálisis. De allí que podamos proponer una lectura que no es la que se advierte a simple vista.

Si esta pareja pidiera consulta con un analista seguramente dirían que acuden por “problemas de pareja”. Así muchas veces se enuncia una demanda de análisis. Es decir, a partir de cierto disfuncionamiento que se presenta como síntoma y que se sostiene como queja.

Pero no se trata del síntoma intrasubjetivo como, por ejemplo, una obsesión, afecciones en el cuerpo, vértigo. Sino que se trata del síntoma a partir de una relación. Se trata de cuando la pareja termina siendo un síntoma para el sujeto. Y si decimos que alguien termina siendo un síntoma para el otro, nos referimos a que el otro aparece como difícil de soportar, cuando el sufrimiento está del lado de lo imposible de soportar del otro.

Aquí es cuando aparece algo habitual y es la pregunta sobre quién de los dos tiene la culpa. Pregunta ciertamente inútil ya que pensar las cosas desde este lugar nos lleva, en todo caso, al terreno de lo jurídico que busca a la verdad y al verdadero culpable (Miller, 2003). Con el psicoanálisis vamos a pensar las cosas desde otro ángulo, no desde el jurídico, sino en cómo determinada pareja funciona a partir del ensamble de sus síntomas, desde sus respectivas posiciones subjetivas y de cierta complementariedad aunque sea en el dolor.

También sabemos que esta complementariedad permite los vínculos más fuertes. Que no quiere decir los más felices. De allí que el sujeto sea siempre culpable de gozar y de existir.

Muchas veces vemos que cuanto mas el sujeto quiere separarse del otro, de su pareja sintomática, más muestra su imposibilidad de lograrlo (Miller, 2008). Y la película juega con esto, justamente, con la imposibilidad para esta pareja de seguir adelante juntos y, al mismo tiempo, la imposibilidad de separarse. Este film nos muestra el dolor en una relación.

1. Primer tiempo.

El director trabaja sobre dos temporalidades: el tiempo de la promesa, del idilio, del enamoramiento. Y el tiempo del odio, del dolor, de la agresividad. Esto lo logra a partir del recurso fílmico. El pasado está filmado en 16 mm, lo que le otorga calidez y distancia; el presente está captado en planos cortos y cerrados, plagados de señales de malestar, asfixiantes.

En el primer tiempo ocurre el flechazo. La primera vez que se ven los personajes es en un asilo. Algo de ella lo cautiva a él. El le dice a su amigo: “siento como si la conociera”. Algún divino detalle en ella se le torna familiar y eso alcanza, como muchas veces pasa, para ese primer flechazo.

Y él de tanto insistir le hace ver que no le vendría mal un otro que la quiera. Bailan y se enamoran. Todavía estaba para ella la promesa de convertirse en médica y despegarse así del estrago de su familia. Una familia atravesada por la agresividad. Además, estaba su pregunta sobre el amor. La vemos preguntándole a su abuela “de qué se trata el amor”.

Y en él, estaba su necesidad de tener una familia. En una escena dice: “nunca lo planeé, el tener una familia, pero es lo que quise. No quiero hacer otra cosa”. Entonces, él parece haber encontrado su lugar. Era lo que quería y lo logra. Así, el hijo que ella espera fundará una familia. Una particularidad de esta época.

Entonces, la cosa parecía estar funcionando. Porque el amor tiene la costumbre de irrumpir en un vacío. La demanda de amor apunta generalmente a recibir el complemento del otro. Como señala Lacan (1995), el amor es en esencia narcisista. Además, causa y sostén de insatisfacción y hasta de su imposibilidad.

Así, él es el más tierno de la pareja, cree en el amor a primera vista, más cercano a la hija de ambos, más apegado al hogar, más desmesurado en el amor. Más del lado de lo que comúnmente se piensa como “femenino”, si siguiéramos, con Lacan, las tablas de la sexuación (Lacan, 1995). Ella, por el contrario, es menos demostrativa, menos romántica, más fría. Un poco más del lado masculino.

2. Segundo tiempo

En el segundo tiempo, ya se ven los cambios. Ella se conformó con ser técnica en imágenes, abandonando su deseo de ser médica. Él, pintor de brocha gorda, aferrado a su afán de familia. Y entonces, los vemos extremadamente desdichados. Ya no hay ese buen encuentro, como cuando bailaban juntos. Todo se desmorona.

Miller (2012) señala que el desencuentro en el amor es la profunda ignorancia de las reglas del juego. ¿Qué quiere decir esto? Que hay dos para el amor y tres para el anudamiento. Y ese anudamiento solo puede darse si se sabe sobre uno y sobre el otro. Si se sabe sobre el otro, sobre lo que opera en él o ella, sobre sus gustos pero además si se consiente con eso. Si se está dispuesto a aceptarlo y a vivir con eso del otro.

Y esta pareja, lo que nos muestra es que para ellos, las reglas del juego se rompieron y así, deja de funcionar. Hay un acontecimiento que precipita todo y es la muerte de la mascota, de su perra. Algo termina de morir ahí.

Y entonces, ante el desamor de ella y frente a lo desesperante que le resulta a él ver el derrumbe, se le ocurre invitarla, intentando reparar lo irreparable, a un hotel futurista. La invita a ese hotel a emborracharse y hacer el amor.

Ella consiente. Pero a esta altura ya es la “vagina de una mujer robótica”. Ya no hay deseo, ni amor. El Uno de la identificación narcisista ya se ha desmantelado en la imposibilidad. Es impactante verlos en el dolor del sexo. Puro dolor psíquico.

Lacan nos enseña que el amor, no es sin odio. Y le inventa un nombre: odioenamoramiento. O la pasión en su doble cara: amor y odio. Nos dice que amar es esencialmente querer ser amado, que el amor pide amor, exige reciprocidad, pide sin cesar aún y más aún, y que por eso puede producir estragos (Lacan, 1995). Porque, matar el deseo con tanto amor, ¿no es, en definitiva, una forma del odio?

Lacan (1995) juega con las expresiones: “tu es ma femme” (en francés: tu eres mi mujer) y “tue ma femme” (maten a mi mujer). Y esto es lo que plantea la película: él de tanto amarla, termina matándola. Le mata su deseo. Es el carácter de infinitud, de lo ilimitado de su amor que termina devastándola.

Una situación similar es la que ocurre también en la película Amour, de Hanecke (2012). Allí vemos una pareja de ancianos y su odioenamoramiento. Cuando ella se niega a seguir alimentándose, ya cerca de la muerte y ya en una decisión subjetiva de terminar con la propia agonía, él insiste en que coma, que beba, en su desesperación por no perderla.

Vemos entonces a un viejito cuidando amorosa y devotamente a su mujer de toda la vida, pero cuando ella decide que ya no, él lleno de odio le pega una bofetada. El quería salvarla y ella ya quería morir. Ella le escupe el agua en la cara y él le pega. Es el malentendido y el desencuentro, pero también el amor y el odio entrelazados de manera muda. En definitiva, la pulsión agresiva que se dirige al objeto de amor. El amor desmedido y su reverso, el odio. Él, para evitarle el dolor, finalmente, la mata.

Pero en Blue Valentine las cosas terminan de manera diferente. En una última discusión, ella logra decirle: “estoy harta de tanto amor”. “No me queda nada, nada”. El puede escucharla y se va. Amordazados en el dolor, los protagonistas ya no tienen qué decirse. Él se aleja y ella lo mira irse. Triste San Valentín.

Referencias

Lacan, J. (1995) “Aun”, El seminario, Libro 20. Buenos Aires: Paidos.

Miller, J.A. y otros (2003) La pareja y el amor. Buenos Aires: Paidos.

Miller, J.A. (2008) El partenaire-síntoma. Buenos Aires: Paidos.

Miller. J. A. (2012) “Leer un síntoma”. Lacaniana N° 12. Buenos Aires: Grama


Notas






Comentarios

Mensaje de DEBORA HOFMAN   » 30 de septiembre de 2013 » dhofman@arnet.com.ar 

Muy buen comentario. Cuando vi la película me recordé del caso de la Bella carnicera. El carnicero buscaba colmar inmediatamente sus deseos, taponándolos y por consiguiente matando su deseo, sin entender que el deseo de su partainer es el deseo de deseo insatisfecho. Algo similar sucede con la pareja de este film.



Mensaje de Adriana Rodríguez  » 11 de septiembre de 2013 » archifanatica@hotmail.com 

Excelente análisis, no me habia percatado de lo profunda de esta película, que cuando la vi me dejó un sabor amargo. Viéndola con otros ojos, ahora me percato que en ella está muy bien retratada la sinuosidad entre el amor y el odio, cuando ella deja de amar, pasa al estado siguiente, consecuencia del amor, que no es otro que el odio...interesante



Mensaje de Liliana Aguilar  » 10 de septiembre de 2013 » lilianaaguilarbenitez@gmail.com 

Si entendemos que el horror es la relación sexual que no existe, el amor, como dice Lacan en la pág.59 del Sem XX, es precisamente lo que la suple. (Suplencia más que velo)



Mensaje de   » 8 de septiembre de 2013 »  

Muy interesante tu pregunta, Liliana. Podríamos pensar en el amor de él como velando lo que sería, para él, del orden del horror...



Mensaje de joaquin  » 5 de septiembre de 2013 » vazquez.j.a@hotmail.com 

Gran análisis del film dividiéndolo en los dos momentos de la pareja relacionados,en primer lugar, con los planos del mismo y relacionándolo con los escritos de Miller y Lacán, brillante



Mensaje de Liliana Aguilar  » 4 de septiembre de 2013 » lilianaaguilarbenitez@gmail.com 

Miller define a la sorpresa como un “destello de lucidez”. Porque tiene que ver con esos instantes exquisitos en donde se rompe el sentido y se está más cerca de lo verdadero. Este comentario tuvo para mi un efecto de sorpresa que se resume en esta articulación que Mariana propone: “Porque, matar el deseo con tanto amor, ¿no es, en definitiva, una forma del odio?” Y de un plumazo ese amante tan querible (entre otras cosas por tratarse del actor Ryan Gosling) se vuelve de pronto un asesino, la mata en su deseo. Y si quería todavía aferrarme a algún margen de duda, Mariana nos trae ese juego de palabras que hace Lacan “tu es ma femme” “tue ma femme”, que termina por “tuer” mis dejos de esperanza.

En este sentido me pregunto: amor fetichista o amor erotómano? Por un lado, esa entrega, esa disposición, esa intensidad, podrían hacernos pensar, al menos en apariencia, en un amor más de lado femenino. Por el otro, si coincidimos en que lo él ama tanto es lo que él quiere en ella y que eso no deja lugar a que se juegue lo que ella quiere o lo que ella desea, no tendríamos que pensarlo más del lado del amor fetichista?



Mensaje de Caro K.  » 4 de septiembre de 2013 »  

Excelente texto Mariana, una lectura muy logica y sobretodo muy util para nuestra clinica cotidiana.



Mensaje de   » 2 de septiembre de 2013 »  

Excelente aporte!
Comparto una cita de Lacan: "El amor es lo que sostiene la ilusión de que vos y yo somos uno".
Saludos!



Mensaje de   » 17 de agosto de 2013 »  

Precisamente, Lacan acuña el neologismo odioenamoramiento para plantear la torsión que se produce en las "pasiones del ser" respecto del amor y del odio. Por otro lado, en el Seminario 20 nos enseña que el amor es aquello que viene a suplir aquello que no hay, es decir, la relación sexual. Por eso, como decís, se trata de la ilusión del Uno. Gracias por tu aporte.



Mensaje de Mariana Sorolla  » 16 de agosto de 2013 » marianasorolla@gmail.com 

Colete Soler en una de sus conferencias, nos sorprende explicando lo raro que es que Lacan hable de sentimientos ya que éstos son para él engañosos por su misma naturaleza. Lo que no engaña en cambio, dice Lacan, es la angustia, el afecto fundamental que es, como sabemos algo así como la brújula de nuestro trabajo analítico. A su vez nos ilumina explicando que el odio y el amor se suele creer que se trata de contrarios, de opuestos, no obstante, dice Colette Soler, el odio es la continuación del amor, cuando se produce la decepción del amor. El odio es entonces, el desenlace inevitable del amor.En cambio en el amor existe la ilusión de las dos almas gemelas que se encuentran y se fusionan, pero en cuanto entra en escena el goce de cada uno, se rompe la ilusión de unidad porque el goce no puede hacer de dos, uno. Y entonces, al decir de Colette Soler, “Si el amor pudiera reconocer la unanidad del otro, no habría el drama del amor”. Muy buena reseña.





 

 
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