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Films >  Congresos Online >  Congreso Online 2013 > Film:  El salario del miedo
El salario del miedo: los riesgos en el trabajo
por Nápoli, María Laura
Título original: Le salaire de la peur

Henri-Georges Clouzot / Francia / 1953

"Cuando el momento del desafío pasó, los obreros cuentan los accidentes de los cuales fueron testigos o víctimas. Hablan de sus amigos fallecidos o heridos en el trabajo. También evocan a las familias de los heridos. ¿El riesgo? Lo conocen más que cualquier otro y lo sienten a flor de piel en su vida cotidiana.” (Dejours, 1992, p. 73)

Trabajo y alienación

Los créditos del film predicen algo de lo que sucederá: un fondo negro, no liso sino texturado (¿pared?, ¿petróleo?, ¿muerte?) sobre el que se esfuman los nombres de los intérpretes. Acompañando la imagen, dos melodías: una de ellas inquietante, simula gotas que caen abruptamente y al mismo tiempo dan una sensación de alerta.; la otra melodía, una guitarra que suena suave y melancólica. Créditos apartados, enfatizando la escisión que ya está presente en las dos melodías. Escisión que también se manifiesta en el título de la película, El salario del miedo, pues el salario, fruto del trabajo, el valor material del trabajo, apartándose de los dichos populares, no contribuye a la felicidad ni menos a la salud, sino al miedo.

Escisión que, en una película sobre el trabajo, nos remite necesariamente al concepto de alienación.

En el modo de producción capitalista se instaura el mercado de trabajo, o la contratación, mediante el salario, del uso de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, la fuerza de trabajo en su carácter de mercancía es una fuente de valor, regulada por el contrato de trabajo, e inmersa en una relación social asimétrica entre quienes son propietarios de los medios de producción y quienes poseen la fuerza de trabajo (Neffa, 2003).

El enfoque de la economía política de Adam Smith, plantea al trabajo como fuente de riqueza, teniendo en cuenta solamente su aspecto económico y despojándolo de la persona que lo ejecuta y del sentido que el trabajo tiene para esa persona. Su teoría del valor-trabajo, supone que la mercancía vale el valor en ella depositado, otorgándole al trabajo un valor abstracto, despersonalizado, cosificado y universal –pues remite al valor de todas las cosas-. Asimismo Smith plantea que es el egoísmo el móvil del trabajo y que, paradójicamente, contribuye aunque de modo indirecto al bien común. (Hopenhayn, 1988)

“Al obrar en pro de su propio beneficio promueve, con frecuencia, el beneficio de la sociedad con más eficacia de lo que realmente quiere promoverlo”.(Smith, citado en Hopenhayn, 1988)

Desde la perspectiva de Marx, el trabajo en el capitalismo está alienado, pues no permite humanizar la naturaleza. El trabajo se hace obligadamente por la necesidad, y, en su carácter de mercancía, relaciona al trabajador con la materia como algo extraño a sí mismo. El trabajador recibe generalmente un salario insuficiente y produce para otro, el propietario de los medios de producción.

“Sin duda (A. Smith) tiene razón al decir que el trabajo en sus formas históricas, esclavitud, servidumbre, salariado, aparece siempre como un trabajo molesto, como un trabajo forzado impuesto desde afuera frente al cual el no-trabajo aparece como la libertad y la felicidad.” (Marx, citado en Neffa, 2003)

Marx supone dos momentos:

-En un primer momento se debe producir para lograr la abundancia y satisfacción de las necesidades, mediante la utilización de máquinas y el incremento de la productividad.

-En un segundo momento, obtenida la abundancia y la satisfacción de necesidades, el trabajo podrá ser expresión de sí mismo.

Según Neffa (2003) el trabajo asalariado en el modo de producción capitalista está atravesado por tres contradicciones: es objeto de dominación, de explotación y de alienación.

Los trabajadores en los márgenes

“A mediados del siglo SV el tribunal de Châtelet de París condena a muerte en estos términos a un vagabundo sospechado de robo: “Es digno de morir como inútil al mundo, se ordenará que sea colgado como ladrón”. Este desdichado es “inútil al mundo” porque no trabaja, y por eso comete ese crimen social por excelencia: sustraerse a la obligación del trabajo que pesa de una manera despiadada sobre el conjunto del pueblo. (Castel, 2010, p. 59-60).

Históricamente, la utilidad social del trabajo se reconoce mucho antes que la dignidad del trabajador.

Las primeras escenas de la película generan incomodidad por no entender dónde transcurren y quiénes son los personajes: hombres y mujeres de diferentes razas hablando en distintas lenguas. Algunos vendedores ambulantes en la calle y varios hombres sentados en la galería de una pulpería. El calor es agobiante y desesperante, igual que la falta de trabajo. Los hombres hablan sólo de eso, del estado del tiempo y del desempleo. A partir de los diálogos, el espectador puede entender que se trata de inmigrantes, provenientes de diferentes países: Francia, Italia, Alemania, entre otros. Algunos hablan en su propio idioma, otros se esfuerzan por hacerse entender ensayando otras lenguas. Algunos pocos son vistos como afortunados por tener trabajo: el dueño de la pulpería, la mesera –Linda-, Luigi –Folco Lulli- el albañil y los trabajadores de la compañía estadounidense propietaria de las instalaciones de extracción de petróleo instalada en Las Piedras.

En el aeropuerto –sin ninguna referencia aun sobre el lugar geográfico- se ve bajar del avión al Sr. Jo -Charles Vanel-: vestido con un traje llega silbando una canción. Pronto Mario -Yves Montad- que ya estaba asentado en Las Piedras, comienza a silbar con Jo la canción. Una sintonía que se produce cuando descubren que comparten el mismo lugar de origen: París. Entre anécdotas sobre calles y bares parisinos, Mario le muestra a Jo Las Piedras. Según Mario, Las Piedras es como una “cárcel sin barrotes”, a la cual es fácil entrar pero muy difícil salir. Tal como él mismo le dice a Jo, viajar en avión es muy caro, no hay ferrocarril y las únicas rutas que existen están en mal estado y conducen solamente a los pozos de petróleo. Además Mario refiere que para todo se necesita dinero, hasta para conseguir la visa, y para tener dinero hace falta trabajo. “Empezaron un edificio hace dos años y lo tuvieron que abandonar” dice Mario a Jo. En la escena, detrás de ellos puede verse el inmenso “esqueleto de hierro” (los cimientos del edificio) y luego la cámara se mueve hacia el cielo abierto de Las Piedras, en este caso un cielo metáfora de la desesperanza y el vacío.

En la siguiente escena, ambos asisten a un entierro. Mario habla del hambre y la miseria, y luego de la SOC –Southern Oil Company-. Dice que los americanos organizaron allí un campamento, construyeron casas y hasta tienen una cantina y un cementerio. Pero eso está al otro lado de las montañas.

Jo intenta en vano entablar relaciones comerciales con Bill O’ Brien, el encargado de los pozos de petróleo en Las Piedras, apelando a un vínculo que habían tenido en el pasado cuando ambos estaban metidos en el contrabando. O’ Brien se dirige despectivamente hacia Jo y le hace saber que la SOC tiene hasta su propia policía –desde la ventana de la oficina de Bill se puede ver a los hombres uniformados y armados, vistiendo el traje de la SOC.-

Luigi es un inmigrante italiano que trabaja como albañil y vive en una pieza con Mario. En una vista al médico, éste le advierte que tiene que dejar el trabajo, porque tiene los pulmones llenos de cemento, y le dice además que si sigue trabajando le quedarán pocos meses de vida.

Entre los años 1920 y 1930, se comienza a estudiar la marginalidad en la Escuela de Chicago, a partir de la existencia de poblaciones flotantes tales como el hobo, medio vagabundo, medio trabajador itinerante. A partir de ese momento la noción de marginalidad se asocia a la movilidad, a las situaciones sociales inestables, el vagabundeo, la mendicidad, la criminalidad y los oficios infames. Todas poblaciones excluidas del patrimonio y del trabajo regulado, y por lo tanto condenadas a la mendicidad y el vagabundeo como medio para asegurarse una supervivencia mínima cuando no se tiene trabajo. Mientras que el trabajo fija al colono a su tierra y al artesano a su tienda, quien no tiene trabajo se desplaza buscando una oportunidad, viviendo al mismo tiempo en todas partes y en ninguna. (Castel, 2010)

“El marginal rompió sus vínculos con su comunidad de origen. Es un desafiliado… un extraño extranjero” (Castel, 2010, p. 248)

Trabajo y banalidad del mal

Una mujer subida a un camión y con un megáfono, da una noticia en la ciudad: hubo un incendio en los pozos de petróleo, que dejó trece víctimas. La mujer alerta sobre los riesgos que corren los trabajadores y algunas personas que estaban allí asienten y recuerdan a sus familiares heridos y muertos en los pozos. Pronto llega un camión con los heridos: envueltos en vendas como momias están recostados en la parte trasera del camión, sobre la cual se amontonan desesperadamente sus allegados para identificarlos y conocer su estado.

Tras el accidente, O’ Brien recibe un llamado telefónico:

O’ Brien: -¿Qué podía hacer yo? Una bolsa de gas. Trece víctimas. Un ingeniero gravemente herido. También cayó uno de los nuestros, el capitán Rainer. Sí, es muy serio te volveré a llamar.

Más adelante O’ Brien realiza otro llamado:

O’ Brien: - Hola, soy O’ Brien. Ya dije que la comisión de seguridad irá esta tarde. Denles mucha comida y mucho de beber. Responsabilicen a las víctimas. Ellos ya no se sentirán peor. Yo me ocuparé de la prensa. Y de la declaración de los testigos. No se preocupe. Me haré cargo de todo.

Llega un empleado a la oficina de O’ Brien:

Empleado: Jefe.

O’ Brien: Sí.

Empleado: Llaman de Toronto preguntando por Rainer.

O’ Brien: ¿Quién es?

Empleado: Su madre.

O’ Brien: ¡Qué pesada! Que deje su número. Si muere la llamaremos.

Para apagar el incendio producido en los pozos, deben trasladar hasta allí nitroglicerina. Para ello se necesitarían unos camiones especiales, pero O’ Brien piensa que no hay tiempo para llevarlos. Por eso en una reunión de directorio, le pide a uno de sus colaboradores que “tome sus dos mejores camiones y mande que le hagan una cobertura elástica que amortigüe los golpes”. Todos en la reunión piensan que será un asesinato por el estado de las rutas, teniendo en cuenta que la nitroglicerina es una sustancia explosiva.

O’ Brien dice a sus compañeros que en la ciudad hay vagabundos que aceptarán contentos el trabajo, pues no tienen sindicato ni familia y “si explotan nadie vendrá a reclamar nada”.

En la ciudad, se oye desde un coche con megáfono: “Se necesitan conductores con experiencia, para trabajo peligroso, bien remunerado. Dirigirse a las oficinas de la SOC”. El mensaje se escucha en diferentes idiomas.

Reunido con los postulantes para tomar el trabajo, O’ Brien les advierte: “Mis camiones son camiones comunes. Sin seguridad, sin amortiguadores especiales, sin nada. Dependerá todo de vuestros brazos y piernas. Quiero a los cuatro mejores.” Además, les pide una demostración para realizar la selección final. En la prueba de conducción, el primero que queda eliminado es Bernardo –un joven inmigrante italiano-, debido a una trampa que le hacen sus compañeros: desde la parte trasera del camión le arrojan una prenda que impacta en el parabrisas, obligándolo a disminuir la velocidad.

Finalmente quedan seleccionados para realizar el trabajo Mario, Luigi, Bimba –Peter van Eyck- y Smerloff –que luego será reemplazado por Jo-.

Ante la protesta de Jo por no haber quedado seleccionado, O’ Brien responde: “Eres demasiado viejo, lo mismo que yo. Al primero que se eche atrás, tomarás su lugar.”

En la pulpería un muchacho interpreta con su guitarra una melodía –la misma que se escucha en los créditos del film-. La música crea un ambiente melancólico. Sentado solo en una mesa, Bernardo le escribe una carta a su madre:

“Querida mamá. Por fin encontré trabajo. Si pasa un tiempo y no recibes noticias mías no te preocupes. Un abrazo, Bernardo.” Luego le entrega la carta a Linda y le pide especialmente que la lleve al correo. Al verlo cabizbajo, Luigi le dice:

Luigi: - No llores hombre. La próxima vez te tocará a ti. No te pongas así. Eres un hombre.

Bernardo: Ustedes son los hombres, no yo.

Luego Bernardo se suicida. Uno de sus compañeros al enterarse dice: “Primera víctima del Sr. O’ Brien”.

Mientras tanto en la cantina, los conductores beben y esperan a que llegue la hora de partir.

Dejours (2006) denomina “cinismo viril” a la estrategia colectiva de defensa que, en el ámbito del trabajo, conduce a la racionalización del mal. Los varones –o las mujeres que adoptan comportamientos viriles- no quieren correr el riesgo de no ser reconocidos como tales por otros y, para no perder los beneficios de pertenecer a la comunidad viril, para no ser considerados débiles o cobardes, aceptan realizar el “trabajo sucio” al colaborar en el sufrimiento e injusticia que se comete contra otros trabajadores.

“Confrontados a la orden de hacer el “trabajo sucio”, los trabajadores con responsabilidades de supervisión deben enfrentar el riesgo psíquico mayor de perder su identidad ética…” (p. 90). La estrategia colectiva de defensa, opone una negación colectiva al sufrimiento, a la vez que oculta el miedo y la vergüenza.

Los riesgos en el trabajo: entre la esperanza y la desesperación

En la oficina de O’ Brien, los conductores se preparan para salir. Mientras se acomodan los uniformes, llega Jo a desearles suerte. Todos se preguntan por Smerloff que aun no ha llegado y Jo les dice que no lo vio más luego de una charla que tuvieron. Entonces O’ Brien decide que Jo reemplace a Smerloff. Se oyen ruidos de motores de los camiones que están siendo testeados por los mecánicos afuera. Bimba y Luigi salen de la oficina bebiendo. Mario y Jo –que también estaban bebiendo- se quedan conversando en la oficina. Mario le dice a Jo que tiene miedo y Jo le dice que no se preocupe, que él le enseñará, y que no tome más porque es malo para los reflejos.

Afuera, el ruido de los motores es interrumpido por un silencio absoluto y, a continuación, se oye un silbato que va marcando el paso a los operarios que cargan los bidones de nitroglicerina en los camiones. Uno a uno suben por un tablón, haciendo equilibrio, tratando de evitar el derrame de la nitroglicerina.

O’ Brien pide a los conductores que los camiones salgan con una diferencia de media hora por si se produce un accidente. Luego se dirige a uno de los mecánicos que estaba allí:

O’ Brien: -¿Está seguro?

Lee: -Hicimos todo lo mejor posible señor.

O’ Brien: -Ya lo sé, Lee.

Desconfiando de O’ Brien, Jo insiste en verificar él mismo el camión y encuentra que los neumáticos estaban desinflados.

Las sirenas estridentes anuncian la partida del primer camión que será conducido por Jo y Mario.

Algunas ocupaciones están expuestas a peligros que pueden dañar el cuerpo (construcción, obras públicas, industria química, entre otras). Este tipo de trabajos puede generar accidentes que afectan la integridad corporal (asfixia, fractura, herida, muerte violenta), siendo a menudo la causa material del daño un incendio, una explosión, un escape de gas tóxico, una maquinaria sin mantenimiento, entre otras.

En todos estos casos el riesgo es: 1) exterior (inherente al trabajo e independiente de la voluntad del trabajador); 2) colectivo (muchas veces una mala maniobra puede generar un accidente, no solamente en el operador, sino también en otros trabajadores que están allí); 3) residual: (el riesgo siempre es prevenido de manera incompleta, ya sea por falta de inversión o porque se conoce mal); presumido (es sólo una sospecha, hasta que es confirmado por un accidente imprevisible) (Dejours, 1992)

Una vez conduciendo, Jo,se siente mareado y para el camión en un bosque de bambú. Las enormes cañas en el bosque rodean al camión como cercándolo, no se puede ver más allá de las cañas, no hay horizonte. El lugar en el que trascurre este “descanso forzado” en el film, nos da una señal: están “atrapados”. Luego de unos minutos llega el camión que conducen Luigi y Bimba, quienes al ver que sus compañeros habían parado, se burlan de ellos y luego les dicen que irán adelante.

Más tarde en la ruta, los conductores se encuentran con una zona a la que se le dice “chapa ondulada”, por el mal estado en que se encuentra. Luigi y Bimba deciden aumentar la velocidad en ese tramo para evitar que el camión vibre, así como la posibilidad de una explosión por la vibración. Jo, en cambio, teme acelerar. Entonces Mario conduce y, al aumentar la velocidad, se acerca al otro camión hasta casi chocarlo y, en una prueba de valentía, obliga al camión que estaba adelante a acelerar aún más. Mario dice “Les ganamos”.

Otra parte de la ruta se está ensanchando y está en plena construcción. Al llegar allí, Luigi y Bimba logran exitosamente hacer una maniobra al borde del precipicio, pero cuando el otro camión llega, Jo quiere dejar el trabajo. Entonces Mario le dice que si los otros pasaron, ellos pasarán también y que le importa el dinero que recibirá a cambio de su trabajo. Jo le responde que a él le importa más su vida. Luego Mario obliga a Jo a guiarlo para la maniobra, poniendo su vida en peligro -más adelante en el film, Mario vuelve a poner en peligro la vida de Jo para sortear otro obstáculo en la ruta-. Mario discute con Jo:

Mario:- Tienes miedo.

Joe:- ¿Eh?

Mario:- Sí, tu. Te haces encima.

Joe:- ¿Yo?

Mario: Eres peor que una mujer.

Más adelante:

Jo:- Desde anoche he muerto como cincuenta veces. Lo tengo metido aquí. Me veo estallar en mil pedacitos.

Mario: -Si tienes miedo puedes bajarte. No es un geriátrico, es un camión de explosivos.

Dejours (1992) describe las características de las ideologías defensivas del oficio:

En primer lugar tienen la función de contener y ocultar la ansiedad.

En segundo lugar, es un mecanismo de defensa elaborado por un grupo sociolaboral particular, con sus correspondientes características específicas.

En tercer lugar, las defensas colectivas se elaboran frente a un riesgo real, y no contra una angustia resultante de conflictos intrapsíquicos.

En cuarto lugar, para ser eficaz la defensa colectiva debe ser compartida por todos los trabajadores, y opera un mecanismo de exclusión hacia aquél que no la acepta.

En quinto lugar, la ideología defensiva debe conservar cierta coherencia, aunque ello implique no acatar las medidas de seguridad.

En sexto lugar, la ideología defensiva tiene un carácter vital, necesario y obligatorio, ya que reemplaza los mecanismos de defensa individuales.

Asimismo, Dejours (1992) sostiene que la ideología defensiva es funcional a la productividad, ya que si la ansiedad no estuviese contenida y pudiera surgir en cualquier momento bajo la representación de un peligro mortal, los trabajadores no podrían continuar con su tarea (explotación de la ansiedad o del sufrimiento mental).

A menudo los obreros agregan al riesgo propio del trabajo, otros riesgos a partir de grandes esfuerzos personales, concursos de habilidad e incluso pruebas en las que compiten entre ellos. Esto les permite simbólicamente dominar el peligro, al crearlo y agravarlo ellos mismos.

Trabajar es enfrentarse a las relaciones sociales y de dominación, ya que el trabajo se despliega en un escenario social (además de constituirse en el mundo objetivo y el mundo subjetivo). El trabajo también se desarrolla en las relaciones sociales de género, siendo la virilidad construida en el trabajo y para el trabajo (Dejours, 2012).

Referencias

Castel, R. (2010). El ascenso de las incertidumbres. Trabajo, protecciones, estatuto del individuo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Hopenhayn, M. (1988). El trabajo. Itinerario de un concepto. Pet - Cepaur.

Dejours, C. (1992). Trabajo y Desgaste Mental. Buenos Aires: Lumen.

Dejours,C. (2006). La banalización de la injusticia social. Buenos Aires: Topia.

Dejours, C. (2012). Trabajo vivo. Tomo I. Sexualidad y Trabajo. Buenos Aires: Topia

Neffa, J. C. (2003). El trabajo humano. Contribuciones al estudio de un valor que permanece. Buenos Aires: Lumen.


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