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Trabajo y deseo, desencuentros encontrados

por Cebey, María Carolina, Nápoli, María Laura

Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires

Resumen

Más allá de los aspectos materiales que puede otorgar un trabajo en términos de supervivencia, seguridad y bienestar, todo trabajador intenta en su tarea poner en juego su deseo. El deseo en el ámbito laboral encuentra sus posibilidades y límites de expresión en un entorno organizacional, histórico y cultural determinados. En una danza de encuentros y desencuentros, los deseos de los actores laborales se expresarán en el escenario complejo de los desafíos presentes a cada momento en el trabajo así como latentes en la historia personal de cada trabajador. Jessie representa la dialéctica entre trabajo y deseo en un ambiente de apoyo emocional que le permitirá hacer realidad su sueño laboral.

Palabras Clave: trabajo | deseo | subjetividad | expectativas

El amor –por el trabajo – no es para siempre

El pájaro que creías domesticado
bate las alas y remonta vuelo...
El amor está lejos y tú lo esperas;
ya no lo esperas ¡y aquí está!
A tu alrededor, rápido, muy rápido,
viene, se va y luego regresa...
Crees que lo tienes y se te escapa,
Crees escaparle y él te tiene.

La Habanera, Carmen. Bizet (1875)

Brooks -Pierson Fode- suplica a Jessie -Debby Ryan- que suelte su mano ya que le está por romper los dedos. Esta joven niñera que no solamente ha logrado conseguir un trabajo sino que además lo ha mantenido y se ha desarrollado en el mismo durante tres años, se enfrenta repentinamente a unos importantes cambios en su vida. Como en todo cambio, las resistencias no tardan en aparecer, unas resistencias que en este caso se esfuerzan –como las manos de Jessie – en hacer todo lo posible por continuar con esta labor: cuidar a cuatro niños. Cuidados, vínculos y amor, tal ha sido la esencia de este trabajo que ya no puede continuar debido al viaje que Brooks, el futuro esposo de Jessie, debe realizar a África para dirigir un refugio de animales salvajes, una oportunidad muy importante en su carrera laboral (episodio veinticuatro de la tercera temporada). Sin embargo, estos niños se han convertido en el centro de la vida de Jessie, como ella misma le dice a Brooks: se imaginó cuidándolos hasta que Luke -Cameron Boyce- terminara la secundaria –algo que en sus palabras podría durar para siempre, teniendo en cuenta su disgusto por la escuela.

La subjetividad laboral (Filippi, 2010) se configura a partir de una historia personal y un contexto cultural determinados, los cuales se expresan en una relación de influencia dialéctica. Si bien en diferentes momentos históricos el trabajo ha adquirido distintos significados (Meda, 1998), indudablemente en el contexto actual adquiere una centralidad muchas veces asociada al medio de supervivencia que permite, en una segunda instancia, el bienestar familiar y el desarrollo personal, tal como lo demuestran algunas investigaciones (Filippi, 2010). Jessie se encuentra en un momento de quiebre en su historia personal, y en esa transición la sorprende un evento laboral que dejará una huella en su subjetividad.

Brooks es un joven apuesto, exitoso, hijo de la millonaria señora Chesterfield –Carolyn Hennesy-, vecina en el lujoso edificio en el que trabaja Jessie. En una improvisada despedida de soltera organizada por Zuri -Skai Jackson- y Emma -Peyton List- en el parque, las niñas –mediante unas fotos editadas a futuro – le reclaman a Jessie que ya no estará más presente en los eventos importantes de sus vidas, mientras la señora Chesterfield –quien despectivamente llama a Jessie ‘Bessie’– le muestra el pastel que ha comprado para su boda, todo cubierto con una gran foto de Brooks, mientras la foto de Jessie solo puede observarse detrás de una de las pequeñas flores que decoran el pastel. Además de un muy buen desempeño y una gran autonomía, Jessie ha tenido siempre un gran apoyo en este trabajo. Así lo demuestra Bertram -Kevin Chamberlin, el mayordomo de la familia Ross – en esta escena en la cual, cansado de sostener el pastel y seguir escuchando a la señora Chesterfield, se lo arroja en la cara al grito de: ‘¡Abejas!’. Teniendo en cuenta la perspectiva de los riesgos psicosociales en el trabajo (Neffa, 2015) más allá de los determinantes estructurales (condiciones de trabajo), los determinantes individuales se refieren a la capacidad de adaptación que tiene cada trabajador, relacionada no solamente con la formación que posee para una labor determinada, sino también con el nivel de apoyo de su grupo en el contexto laboral. Luego de la traviesa despedida de soltero que le realizan Luke y Ravi -Karan Brar- a Brooks, Bertram les da un sermón a los niños en una actitud solemne casi única en la serie así como inusual para este mayordomo, quien también se encuentra conmovido por la repentina partida de la niñera.

Estoy decepcionado por ustedes. Jessie dejó su felicidad por la de ustedes durante los últimos tres años. Los ha levantado cuando cayeron. Los hizo reír cuando estaban tristes. Hasta logró convertirlos en jovencitos que yo no encuentro totalmente insoportables. Bueno, casi todos… Es hora que le devuelvan el favor. Cuando vaya al altar mañana, necesita saber que la aman y la apoyan.”

Tal como es referido por Jessie y por el propio Bertram en distintos episodios, el salario que reciben por su trabajo no es alto; sin embargo, poseen muchos beneficios por su labor: pueden usar las instalaciones del lujoso penthouse, como la cocina tan anhelada por el mayordomo, con todos los elementos sofisticados que él toma y cuida como propios, o el spa que disfruta Jessie. Pero estos aspectos no serían suficientes para dar cuenta de la motivación que poseen ambos empleados en términos intrínsecos: como plantea Herzberg (citado en Ferrari, 2010a), aquellos factores higiénicos tales como las condiciones de trabajo, el salario y los beneficios, las buenas relaciones con los compañeros de trabajo y con los jefes, no son en sí mismos motivadores. En este sentido, el autor mencionado sostiene que los verdaderos factores motivadores en el trabajo son el reconocimiento, la posibilidad de asumir responsabilidades y de progresar, así como las exigencias en términos de desafíos que plantea la labor, aspectos que se encuentran presentes en estos dos trabajadores protagonistas de la serie.

Teniendo en cuenta la jerarquía de necesidades planteada por Maslow (citado en Ferrari, 2010b) podría postularse que tanto Jessie como Bertram poseen satisfechas sus necesidades fisiológicas, de seguridad (un empleo seguro en todos los aspectos que puedan imaginarse, incluso por un tiempo prolongado que abarca, como ellos mismos refieren, un período que recién finaliza cuando los niños comiencen la universidad), necesidades de afiliación o necesidades sociales (reflejadas en el buen vínculo que poseen entre ambos, con los niños y con Tony –Christopher Galya-, el botones del edificio) y hasta necesidades de reconocimiento, expresadas a cada instante por los niños y, cuando están presentes, también por los padres. No obstante, la necesidad de autorrealización definida por Maslow como la capacidad para desplegar todo el potencial que cada uno tiene, no aparece satisfecha en estos personajes: Jessie persigue incansablemente su deseo de ser actriz, mientras Bertram es un amante de la ópera.

Decisiones laborales: desojando margaritas

En su papel de villana, Chesterfield es depositaria del conflicto intra-psíquico que atraviesa Jessie en el relato del film: su trabajo y su relación con Brooks. Un conflicto que se reedita en su relación con Tony, el joven y humilde botones del edificio, despreciado por Jessie una y otra vez a pesar de los incondicionales apoyos que le ha otorgado como compañero de trabajo. Tony está enamorado de Jessie pero, a pesar de la relación amorosa que han mantenido, ella será para él un objeto inalcanzable aunque, como sorpresivamente se empeña en mostrar el relato de la serie, también lo será para todos, incluso para Brooks. Tal como sostiene Dejours (1992a) a diferencia de la angustia que representa un conflicto intra-psíquico entre dos mociones inconciliables, la ansiedad en el ámbito del trabajo surge cada vez que el sujeto debe enfrentarse ante una situación concreta de la realidad laboral frente a la cual construye sistemas defensivos específicos. Podemos afirmar que tanto el mayordomo como la niñera se enfrentan permanentemente a signos directos y también indirectos de la ansiedad en su trabajo, generados por las múltiples situaciones de estrés que deben afrontar diariamente, caracterizadas por cambios permanentes en la programación, los ritmos y la carga laboral (Deitinger, citada en Sicardi, 2010).

A pesar de ello, algo del orden de la subjetividad y de la historia personal comienzan a expresarse en Jessie: su padre, un marino de guerra, le ha transmitido valores asociados a la disciplina así como habilidades para el control de las emociones y hasta la distancia emocional cada vez que sea necesario, tal como es referido por la joven en diferentes episodios. Unas competencias muy adecuadas para una niñera teniendo en cuenta que se trata de un trabajo que implica una relación laboral limitada al crecimiento de los niños. Las competencias laborales (Filippi, 2016a) poseen como elementos constitutivos los conocimientos, las habilidades y las actitudes. Las actitudes incluyen “…comportamientos repetitivos…estilo personal de afrontamiento de los problemas y la forma de resolverlos, situaciones en las que influye el tono emocional” (Filippi, 2016b, p. 116). Si bien Jessie en los primeros episodios se muestra inexperta frente a los conocimientos y habilidades que debe poseer para este nuevo trabajo, cuenta con la motivación y la actitud necesarias para asumir este rol laboral.

Como no podía ser de otra manera, el casamiento de Jessie con Brooks se celebra en el penthouse de los Ross, la familia para quien –o “en la” – que trabaja Jessie, en presencia de los niños, Bertram, que la lleva hasta el altar en lugar de su padre –quien no pudo asistir a la boda porque su trabajo como oficial de la marina lo requería ese mismo día – y unos pocos invitados (episodio veinticuatro de la tercera temporada). Jessie se prepara para la boda en su habitación, junto a ella se encuentran Emma y Zuri. Llega Tony cubriéndose los ojos y diciendo que es mala suerte que el ex novio vea a la novia. El reverendo que iba a celebrar la boda avisa a Jessie a último momento que debe asistir a un funeral y Tony se ofrece para hacerlo. Refiriéndose a la licencia que posee para realizar bodas, Tony explica que la obtuvo, ya que se equivocó de formulario cuando quería obtener la licencia por internet para árbitro de bolos. Dice que, además el mismo equívoco de formulario lo llevó a convertirse en notario público y en alcalde de un pequeño pueblo, en una ironía sobre los procesos burocráticos y las acreditaciones para los trabajos.

Tony le da un obsequio a Jessie: el menú y el programa de su debut en un show de un restaurante, algo muy relacionado con un deseo y que permanecerá latente en el corazón de Jessie hasta que pueda tramitarse: ser actriz. Y, como dice el refrán “donde hubo fuego, cenizas quedan”: Jessie abraza a Tony, un abrazo que será la antesala del “no” de Jessie en la boda y del “sí” a este trabajo que la hizo tan feliz. Sin embargo, donde hubo un deseo de ser en lo laboral, esa fuerza no dejará de pujar. Un deseo que no puede frenarse con la fuerza de una mano pero que puede develarse con la calidez de un abrazo. Tal fue el acierto de Tony, aunque, como remata Zuri al final de la escena, “Debió jugar su carta de Alcalde hace mucho tiempo”, refiriéndose a la representación social sobre los trabajos.

Sin embargo, la simpleza representada en la frase de Zuri no podría trasladarse a aquellas decisiones cruciales, las que alcanzan el ámbito del ser y no solamente aquel del hacer. A diferencia de la labor cuyo único fin es la satisfacción de las necesidades biológicas, una actividad que se consume en su misma realización sin dejar huella, el trabajo implica una destreza a través de la cual el sujeto trasforma, se transforma, crea (Arendt, 1958; 2010). En el “desojar margaritas” de su vida laboral, Jessie se encontrará alternativamente frente al ser o no ser reconocida en su trabajo, tal como lo demuestran respectivamente las dos escenas que presentamos a continuación.

En el episodio once de la primera temporada, Emma avisa a Jessie a último momento que debe hacer una tarea escolar, para lo cual debía visitar una feria de ciencias. Teniendo en cuenta el escaso tiempo que quedaba antes de que cierre la feria, Jessie decide ir en subterráneo con Emma, Ravi y Zuri (Luke estaba castigado). Los niños comienzan a percibir una situación que para ellos es totalmente nueva: los olores, los empujones de los pasajeros, una mujer con ropa exótica, un varón que corta su cabello en pleno viaje, la voz del altoparlante que anuncia la próxima estación –y que sólo entienden quienes conocen el nombre de la estación–, descender en la estación equivocada, la música que interpretan unos artistas mezclada con la tos de un pasajero, un dragón chino, no tener un baño cerca, viajar parado, perder el mapa, perderse… Finalmente no pueden llegar a tiempo a la feria de ciencias, pero Emma se da cuenta que puede hacer su tarea de ciencias sociales tomando sus experiencias en este viaje. Las conductas de Jessie en este episodio demuestran que posee una inteligencia emocional asociada a ciertas habilidades relacionadas tradicionalmente al género femenino así como al contexto familiar e íntimo, unas características que están siendo cada vez más valoradas en el mundo laboral actual (Zubieta, 2016). La contención y la búsqueda del bienestar de los otros, así como la armonía en las relaciones interpersonales son las notas distintivas características de este tipo de inteligencia emocional.

En el octavo episodio de la cuarta temporada, Jessie mantiene una conversación con Ravi, ya que está preocupada porque el niño está muy pendiente de sus estudios pero tiene pocos amigos. En una reunión de intelectuales en el parque, Ravi conoce a una niña, Madeline, con quien rápidamente entabla una relación estimulada por Jessie. Sin embargo, Madeline y su hermano mayor resultan ser unos ladrones que asaltan a los niños y a Jessie. Los niños culpan a Jessie por el robo y en ese momento ella se queja por tener que hacer tanto trabajo, recibir un sueldo bajo y ni siquiera un agradecimiento. En medio de su enojo, Jessie simula unirse a los ladrones para ser liberada –se encontraba maniatada con los niños–, algo que los niños no perciben como un engaño y comienzan a desconfiar de ella. Con un truco Jessie logra atrapar a los ladrones, debiendo soportar la suposición de traición de los niños y hasta de Bertram. Bertram y Luke llegan a la casa luego de una salida a la feria de antigüedades en la cual ambos manifiestan haberse divertido y haber compartido cosas más allá de la relación formal que mantienen. La percepción y la confianza como factores clave del vínculo se presentan en un primer plano en este episodio.

Encuentros y desencuentros laborales

Jessie no para de hablar, y esta situación no es una excepción: el taxista que la recibe en su llegada a Nueva York no puede hacer otra cosa que escucharla, él quiere conducir, ese es su trabajo: pero ¿quién trabaja todo el tiempo de su trabajo?, ¿quién pone su deseo todo el tiempo en el trabajo?, ¿quién es feliz todo el tiempo en el trabajo? Jessie y el taxista se presentan claramente desencontrados con sus trabajos, más específicamente con sus deseos en el trabajo. Y en ese desencuentro se encuentran, entre la verborragia de Jessie y el fastidio del taxista. Ante la pregunta de Jessie al taxista: “¿Sabe dónde puedo conseguir un buen trabajo?”, el taxista cierra una pequeña ventanilla que separa al conductor del pasajero y luego, cuando Jessie le dice que le han robado la billetera, literalmente la arroja fuera del taxi.

Esta escena pretende resaltar aquellos trabajos descalificados en los cuales los sujetos trabajan en contra de sus deseos, con la alienación asociada que estas actividades implican (Dejours, 1992b). “Nueva York, nueva niñera” es el nombre del primer episodio de esta serie sobre unos trabajos muy especiales: niñera y mayordomo a cargo de unos niños revoltosos cuyos padres siempre se encuentran de viaje a causa de su trabajo. Un desencuentro y encuentro de deseos entre padres e hijos, empleadores y empleados, taxistas y niñeras [1].

Zuri, la más pequeña de los niños, se encuentra junto a Tony en la puerta de entrada del lujoso edificio donde vive la familia Ross. Al ver a Jessie en el suelo –luego de ser arrojada del taxi por el taxista –, Tony le tiende su mano y le dice “Le habrás dejado una pésima propina”. Sucede que Tony también se encuentra desencontrado con su trabajo, un botones tan amable y sin embargo tan poco reconocido. Zuri se acerca a Jessie y le alcanza un sostén que había caído de su valija. Jessie le agradece y le dice que es una honda, mientras Zuri, riendo a carcajadas, lo mira a Tony y le dice: “No sabe que es un sostén”. En ese momento, una señora sale corriendo y gritando del edificio; Zuri le dice: “Adiós niñera, como sea que te llames”. En un pseudorol adulto (tal es la esencia del personaje de Zuri) [2] la niña comienza a dirigir lo que podría percibirse como un “proceso de selección” de nueva niñera. Ante la simple y aniñada pregunta de Zuri: “¿Quieres ser mi nueva niñera?”, Jessie le responde que no viajó hasta allí para ser niñera sino para hacer realidad sus sueños. ¿Y cuáles son los sueños de Jessie? ¿Qué son los sueños o las ilusiones y qué relación pueden tener con el trabajo? “Sí claro, me gusta el emparedado en triángulos y el tutu almidonado”, responde Zuri a Jessie, presentándole una suerte de golpe de realidad aún más duro que su caída del taxi. Zuri toma de la mano a Jessie y la lleva corriendo al interior del edificio.

Zuri representa para Jessie los obstáculos característicos de toda relación laboral, aquellos que se presentan al sujeto a cada instante, entre su deseo y la realidad, entre sus habilidades y las resistencias del objeto, entre sus expectativas y las de los otros. Desde una perspectiva psicodinámica (Dejours, citado en Napoli y Koffsmon, 2016a), todo trabajo, más allá de su nivel de calificación, presenta obstáculos que deben ser enfrentados por el sujeto a través de la inteligencia práctica que supone una técnica corporal, tradicional y eficaz (Dejours, 1998).

Jessie llega al lujoso departamento de los Ross, observa todo deslumbrada. Bertram le dice que pronto llegarán los padres para entrevistarla, mientras Luke, Ravi y Emma (los hermanos mayores de Zuri en orden de edad) irrumpen en la sala corriendo, golpeándose con almohadones y arrojándose sobre Jessie. “¿Suelen pelear así enfrente de sus padres?”, pregunta Jessie a Zuri, quien responde: “A veces, pero nunca lo notan porque están siempre ocupados”. Morgan y Christina Ross llegan al departamento, al abrirse el ascensor que tiene un acceso directo a la sala, todos los observan en medio de un beso apasionado. La súper modelo empresaria y el director de películas son reconocidos inmediatamente por Jessie, quien anonadada intenta verificar la información sobre la identidad de los recién llegados con Bertram. El mayordomo en un tono irónico –el cual le ha sido útil en este trabajo como estrategia defensiva –, le dice a Jessie que Morgan y Christina crían ovejas.

Los padres corren a abrazar a los niños; la madre les dice que los extrañaron y el padre, que les trajeron regalos. Zuri le dice a los padres “Ella es Jessie, quiero que sea la nueva niñera”. Para Jessie este trabajo será un gran desafío ante los “asesinos de niñeras”, tal como Bertram denomina a estos niños luego de la renuncia reiterada de las anteriores niñeras. Sin embargo, a Jessie se la observa fascinada y hasta ilusionada, asumiendo un rol laboral aún inmaduro e incipiente, se encuentra frente al riesgo de dejarse llevar por un efecto de halo en términos de percepción laboral (Cebey, Trotta & Howie, 2016): suponer que conoce su trabajo a partir de un solo atributo del mismo.

Cuando Morgan muestra un juguete en forma de espada que según dice le regaló George Lucas, Jessie le pregunta si es un sable láser real. Morgan le responde que es utilería, pero cuando comienza a jugar con el sable, quema un sillón. Algo del orden de lo imprevisto –aunque al mismo tiempo previsto – comienza a asomarse en esta familia: la utilería que no es tal, las niñeras que no duran por mucho tiempo en este trabajo. Y también algo imprevisto comienza a expresarse en Jessie. Lo no planificado y la intuición se elevan a un plano primordial en este capítulo. Aquello que se presenta en la realidad como imprevisible, aleatorio, cualitativo, requiere la puesta en marcha de estrategias características del pensamiento complejo (Serieyx, citado en Gelaf, 2016a). Al ver el sillón quemado Morgan grita: “¡Increíble!”.

El trabajo que me quiere –y yo quiero –

Because we were just kids

when we fell in love

not knowing what it was

I will not give you up

this time…

…and in your eyes you’re

holding mine.

Perfect, Ed Sheeran

En la intención de encontrar al empleado perfecto para cada puesto laboral y quedando muchas veces atrapadas en el hipnotismo y la tentación de lo inmediato, muchas organizaciones fracasan en la selección de personal suponiendo que la misma no implica un proceso sino una respuesta automática ante una demanda determinada. En ese proceso que se conforma a partir de una serie de etapas, es fundamental el conocimiento de las expectativas del cliente así como del contexto de trabajo. Tal como plantean Correa y Ferrari (2016a) “El objetivo del proceso de selección es encontrar de manera eficiente a las personas más adecuadas para cada puesto de trabajo, teniendo en cuenta la cultura organizacional, las variables del mercado y la información aportada por el cliente (solicitante de la búsqueda)” (p.80). Presentaremos a continuación la entrevista que mantienen Christina y Jessie para destacar el alcance limitado pero al mismo tiempo ilimitado de las intuiciones y el conocimiento del cliente en este tipo de procesos, una dimensión ética que como profesionales debemos abordar.

Christina y Jessie mantienen una entrevista en la cocina del departamento, ambas se encuentran relajadas, bebiendo café mientras charlan. Christina comienza a abrir cada vez más sus ojos y mira fijamente a Jessie mientras le dice que ha averiguado que es donante de sangre universal y que para ella eso es muy importante, además de no tener ningún antecedente –salvo ir al baño sin permiso en tercer grado. Mientras Jessie le explica la causa de la “falta escolar” Christina la mira aún más fijamente, se acerca a ella, se frota las manos, toma las de Jessie. Jessie le pregunta qué hace y Christina le dice que la está leyendo y que hizo una fortuna con su intuición.

A pesar de las averiguaciones del costoso y sofisticado equipo de seguridad que contrató Christina para indagar los antecedentes de quien será la niñera de sus hijos, ella termina confiando en su intuición, en la cocina de su casa, en un contexto informal, empático y generador de confianza con Jessie. Las cocinas, a diferencia de las salas, albergan lo íntimo y los momentos de compartir no solamente las comidas sino el día a día con la familia. Christina suelta las manos de Jessie y le dice sonriendo “Estás contratada”. Jessie se muestra contenta y sorprendida. Anteriormente Christina, en una charla con Emma sobre la feria de ciencias, le dijo a la niña que estarían allí con su padre pero luego de un viaje que debían realizar para la filmación de “Galapulpos”, el film preferido de Jessie.

Tal como fue referido anteriormente, las intuiciones de Christina serán siempre insuficientes ante un proceso de selección de personal formal, sin embargo deberían ser escuchadas por el profesional, ya que suponen, en este caso imaginario, uno de los elementos fundamentales que permitirá la construcción de los pilares de dicho proceso: el análisis de la necesidad y el relevamiento del perfil de búsqueda (Correa & Ferrari, 2016b). Como plantea Sennett (2012a), “en las fases superiores de la actividad, hay una constante interrelación entre el conocimiento tácito y reflexivo, el primero de los cuales sirve como ancla, mientras que el otro cumple una función crítica y correctiva” (p. 69).

A la hora de la cena, Jessie va a buscar a los niños a su habitación, el lugar en el que cenaban hasta entonces. Ella les dice que a partir de ese momento van a cenar juntos, como una familia. Jessie reúne a los niños para cenar en la cocina y les pide que cuenten cómo fue su día, pero todos presentan excusas para levantarse de la mesa y regresar a su habitación: Ravi debe cuidar a la señora Kipling (su mascota, un lagarto), Emma debe terminar su proyecto de ciencias, Luke se siente rechazado por Jessie –en lo que considera una cena de amor prohibido con la niñera – y Zuri se ofende cuando Jessie le dice que Millie la sirena, su amiga imaginaria, no es real. En una suerte de contrato psicológico (Schein, 1965), Christina y Jessie comienzan a lograr intercambiar sus expectativas: la madre ha logrado transmitirle a la niñera la confianza necesaria para cuidar a sus hijos, aunque también la inteligencia aplicada al trabajo (Filippi, 1992) que se presenta a través de las intuiciones y un saber no solamente cognitivo sino también social, emocional y hasta corporal. Un tipo de inteligencia que Jessie, en su incipiente rol laboral, aún no ha podido desarrollar.

Todo sorprende a Jessie en este nuevo trabajo: piensa que sólo cuidará a Zuri, pero luego conoce a sus hermanos; pretende cambiar los hábitos de los niños en la cena, pero todos se niegan a aceptar las nuevas reglas y finalmente Bertram le da una nota que le dejaron los niños en la cual escribieron que escaparon porque la odian. Betram ya ha construido sus defensas ante la ansiedad que le genera este trabajo y se lo demuestra claramente a Jessie, en lo que podría considerarse una invitación a compartir dichas defensas y pequeñas faltas para adaptarse al mismo. Mientras Jessie se desespera pensando cómo les dirá a los padres que ha perdido a los niños en su primer día de trabajo, el mayordomo se muestra contento y descansando en el sofá, leyendo una revista y realizando comentarios irónicos sobre lo sucedido. No obstante, a pesar de estas defensas, puede observarse en Bertram un vínculo muy intenso con los niños, sobre todo con Zuri, emocionándose ante su crecimiento. Cuando Zuri le lee una composición que realizó en la escuela sobre él y su trabajo, Bertram se emociona, así como también cuando “muere” Millie la sirena, la amiga imaginaria de la niña.

Pero Jessie, a diferencia de Bertram, tiene aún mucho por recorrer y aprender en términos laborales. Jessie le pregunta a Tony si ha visto a los niños, pero el botones, al igual que Bertram, también se encuentra leyendo una revista y le responde a Jessie que no mira mucho a quienes entran y salen del edificio, demostrando un inocente desinterés por su tarea. Ante la desesperación y la urgencia, Jessie se asoma a la puerta de entrada del edificio, mira hacia afuera y dice que los niños deben estar en algún lugar, como si sus dichos pudieran atraerlos. Mientras tanto, Tony con un tono calmo le avisa a la niñera que los niños están en la azotea del edificio pretendiendo conducir el helicóptero familiar –algo que puede observar desde su monitor que posee acceso a las cámaras de seguridad del edificio. Tony, a diferencia de Jessie, ya conoce su trabajo y sabe a qué debe estar atento, como puede observarse en esta situación. Jessie se da cuenta que en su nuevo rol laboral debe poner un límite a los niños y lo hace recurriendo a sus aprendizajes previos: los ejercicios cuerpo a tierra que le hacía hacer su padre. El saber artesanal (Sennett, 2012b) implícito en muchos trabajos parte de una dialéctica entre pensamiento y acción, que permite identificar un objeto, analizar sus cualidades y extender su significado.

Un libreto para una niñera

Hacer que, a veces pone de manifiesto la existencia de un actor que trasciende la dimensión del personaje que interpreta en situación de trabajo y que otras veces oculta. Actuar que genera –y es generado – por una distancia de rol (Goffman, 1959) que aliena cuando es muy grande y también cuando es más pequeña” (Schvarstein, 2015, p. 35).

Tal como demuestra la escena en el set de filmación de “Galapulpos”, no todos los primeros pasos de Jessie son firmes en este trabajo. Cuando observa a Emma apesadumbrada luego de una video-llamada con sus padres en la cual le avisan que no podrán estar en la feria de ciencias, Jessie en un intento de orientarse por su deseo de ser actriz y al mismo tiempo concebir una moral en su trabajo, viaja hacia el set de filmación y se hace pasar por uno de los actores extras. Ante su actuación Christina y Morgan quedan deslumbrados, aunque en realidad Jessie no está simulando, tal como lo haría un actor sino que realmente pretende escapar de los brazos del gigantesco pulpo mecánico. Christina y Morgan descubren que la actriz es Jessie: la actriz se ha convertido en su personaje y ha quedado sujeta al mismo. Jessie se apresura, intenta alcanzar su sueño de ser actriz sin escalas, así como también busca prematuramente romper las normas en este nuevo trabajo: cuando es descubierta por Christina y Morgan, les dice que fue hasta allí para convencerlos de que deben estar en la feria de ciencias con Emma. Tal como la niñera expresa a los padres: “¿Jamás se preguntaron por qué se van las niñeras? Sus hijos las espantan porque quieren llamar su atención, los extrañan.”

Pero Morgan y Christina, lejos de aceptar la sugerencia de Jessie, deciden despedirla. Jessie en un acto intuitivo y sorpresivo para los otros pero también para sí misma, dejará una huella indeleble en esta familia y probablemente también en su carrera laboral como actriz en el futuro. Frente a lo real que se presenta en el trabajo y la inevitable falla humana, el sujeto puede optar por una salida activa frente al sufrimiento y arriesgarse a tantear por distintos caminos para intentar encontrarse con su deseo a través del placer en el trabajo y el reconocimiento de los otros (Napoli & Koffsmon, 2016b).

El cartel de “Bienvenidos padres” presenta la escena de la feria de ciencias. Los padres de los alumnos aplauden, sus rostros reflejan el orgullo al observar el trabajo de sus hijos. Llega Jessie y al advertir que Emma [3] estaba desanimada le dice que piense que si bien sus padres no están allí es como si estuvieran con ella y, expresando una metáfora que compara las relaciones familiares y la maqueta, un modelo del sistema solar, le explica que aunque los planetas estén lejos entre sí, se encuentran unidos por una fuerza gravitacional. En palabras de Jessie: “El amor es así, supera cualquier distancia y es tan fuerte que no se rompe”. Emma sonríe, comienza la exposición de su trabajo y en ese instante sus padres entran apresuradamente al salón de clases y se ubican detrás de Jessie. Emma al verlos se sorprende y les hace un gesto de saludo con su mano, con una alegría que alcanza hasta su voz en un efusivo suspiro. Jessie no se da cuenta de la llegada de los padres y responde al saludo de Emma como si estuviese dirigido a ella. En la presentación Emma alude a la gravedad como la gravidez [4], en un equívoco o acto fallido del lenguaje referido probablemente a la enseñanza sobre el amor que le había transmitido Jessie hacía algunos instantes y que la llegada sorpresiva de sus padres ratifica en el relato de la serie. Jessie le señala a la niña con un gesto que debe corregir la palabra, y en el momento en que Emma dice “Gravedad” Christina le dice a la niñera “También conocida como Jessie”. Christina ha percibido la motivación de Jessie por este trabajo, el sentir que pudo resolver un problema actuando, no solamente en “Galapulpos” sino también con Emma: ella puede hacer el personaje de los padres aunque no lo sea. Tal como plantea Filippi (1998), el liderazgo se basa en el poder de influencia aunque también en la capacidad de articulación de deseos de los empleados que deben poseer los líderes, tal como puede observarse en Christina cada vez que está atenta a aquello que entusiasma a Jessie.

Emma gana el premio por demostrar que Plutón ya no es considerado un planeta, una celebración de la novedad en consonancia con el relato de este primer episodio. Los entornos laborales que favorecen la creatividad de sus empleados estimulan la libertad, la autonomía y la responsabilidad necesarias para auto-organizarse en contextos y organizaciones complejas, características de la realidad laboral actual (Gelaf, 2016b). Un contexto laboral de cambios vertiginosos permanentes que impregna las vidas de Morgan y Christina y también la de Jessie. Cuidar niños; sabemos que no hay libretos para padres, pero ¿podrán lograr estos padres construir juntos un libreto con la niñera? El relato de la serie representa los intentos subjetivantes de Jessie en el “Do-Re-Mi” de su actuación laboral de cada día.

Let’s start at the very beginning

A very good place to start

When you read you begin with A-B-C

When you sing you begin with Do-Re-Mi

Do-Re-Mi, The Sound of Music (Wise, 1965)

Bibliografia

Arendt, H. (1958; 2010). La condición humana. Buenos Aires: Paidós.

Cebey, M. C.; Trotta, M. F. & Howie, A. M. (2015). El papel de la percepción en las organizaciones. En: Filippi, G.; Ferrari, L. & Sicardi, E. (Comp.). Psicología y trabajo, una relación posible. Tomo II (pp. 21-43).Buenos Aires: Eudeba.

Correa, A. M. & Ferrari, V. A. (2015). Selección de personal: un proceso complejo y desafiante. En: Filippi, G.; Ferrari, L. & Sicardi, E. (Comp.). Psicología y trabajo, una relación posible. Tomo II (pp. 79-95).Buenos Aires: Eudeba.

Dejours, C. (1992). Trabajo y ansiedad. En Dejours, C. Trabajo y Desgaste Mental (pp. 75-93). Buenos Aires: Lumen Humanitas.

Dejours, C. (1992). Introducción a la psicopatología del trabajo. En Dejours, C. Trabajo y Desgaste Mental. Buenos Aires: Lumen Humanitas.

Dejours, C. (1998). De la tecnología al concepto de trabajo. En Dejours, C. El Factor Humano (pp. 39-50). Buenos Aires: Lumen Humanitas.

Ferrari, L. (2010). Breve reseña sobre las direcciones de la investigación en torno a la motivación como concepto y como proceso en organizaciones.En: Filippi, G. & Zubieta, E. (Coord.).Psicología y trabajo, una relación posible(pp.149-170). Buenos Aires: Eudeba.

Filippi, G. (1992). Temas Prácticos de Psicología del Trabajo. ¿Hay una lectura diferente de la inteligencia aplicada el trabajo? Buenos Aires: Ficha de Cátedra de Psicología del Trabajo I, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

Filippi, G. (1998). El aporte de la Psicología del Trabajo a los procesos de mejoraorganizacional. (3era. Ed.). Buenos Aires: Eudeba.

Filippi, G. (2010). El significado del trabajo en un escenario post crisis. En: Filippi, G. & Zubieta, E. (Coord.). Psicología y trabajo, una relación posible (pp. 33-49). Buenos Aires: Eudeba.

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NOTAS

[1Cabe recordar el personaje del taxista interpretado por John Travolta en “Look who´s talking” cuya sobre-implicación con su pasajera en pleno trabajo de parto lo condujo, en el relato de la película, a asumir el rol de niñero –del niño por nacer-.En “Look who’s talking too”, el personaje retoma aquel trabajo que alguna vez debió abandonar pero que –a diferencia de trabajar como taxista- él mismo eligió: ser piloto de avión.

[2El personaje de Zuri nos recuerda aquel de “Matilda”, en el film de Danny DeVito, basado en el libro de Roald Dahl. La protagonista es una “niña genio” que ante la grotesca falta de atención de sus padres, intenta tomar las riendas por sí sola, al punto de adquirir poderes mentales que le permiten manejar objetos a distancia, unos poderes que le otorgan un dominio imaginario sobre los adultos.

[3Salvo Emma, los otros tres niños fueron adoptados por Morgan y Christina. Si bien este tema está presente en el relato, no será analizado en este trabajo dado que excede la perspectiva del mismo.

[4Si bien en el doblaje al español la niña dice “navidad” preferimos respetar el guion original en inglés en el que expresa “gravid”.




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