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“(No) Todo es posible”: El límite de la subjetividad frente a la promesa tecnológica

por Trovato, Ignacio

Resumen:

A partir del capítulo Arkangel de la serie Black Mirror se propone establecer diferentes interrogantes y ejes de lectura en torno a los efectos tecnológicos sobre el campo de la subjetividad humana. Se realiza un recorrido de los mismos desde las coordenadas de lectura propias del terreno de la ética, abriendo una reflexión sobre las categorías de la angustia y la pérdida en la función materna; la operatoria de las funciones parentales en la infancia y en la adolescencia; su articulación con el discurso tecnológico en relación al dispositivo “Arkangel” y la incidencia del mercado. Se pondera en el desarrollo la necesidad de establecer un límite frente a los avances científico-tecnológicos y a su promesa de que “todo es posible”, en pos del resguardo simbólico de la especie humana.

Palabras Clave: función materna | angustia | tecnología | mercado

"(Not) Anything is Possible": The Limit of Subjectivity Versus Technological Promise

Abstract:

From the Arkangel chapter of the Black Mirror series it is proposed to establish different questions and reading axes around the technological effects on the field of human subjectivity. A tour of them is made from the reading coordinates of the field of ethics, opening a reflection on the categories of anguish and loss in maternal function; the operation of parental functions in childhood and adolescence; its articulation with the technological discourse in relation to the "Arkangel" device and the incidence of the market. The development considers the need to establish a limit in the face of scientific-technological advances and its promise that "everything is possible", in pursuit of the symbolic protection of the human species.

Keywords: maternal function | anguish | technology | market

Introducción [1]

La producción inglesa Black Mirror inaugura un abanico de escenarios distópicos en donde los desarrollos científicos y tecnológicos se entrecruzan con cuestiones propias del campo de la subjetividad humana. Como no es novedad en materia de ciencia ficción, muchas veces estos escenarios producen una estremecedora resonancia con cuestiones de nuestra realidad cotidiana, abriendo múltiples interrogantes, muchos de ellos factibles de ser abordados desde el campo de la ética. Tal es el caso del capítulo Arkangel [2], el cual nos permitirá trazar una lectura respecto al entrecruzamiento entre los desarrollos tecnológicos, el mercado y la operatoria de la función materna, al mismo tiempo que reflexionar sobre ciertos aspectos del trabajo subjetivo en la etapa adolescente y sobre los límites el campo de la subjetividad impone frente al avance tecno-científico.

La angustia y la pérdida en la función materna

Todo comienza con una escena del capítulo en la que el personaje de Marie pierde de vista a su hija Sara en un parque. La niña, de tan solo tres años de edad, siguiendo a un gato que cautivó su atención, coincidiendo con un momento de distracción de su madre, se aleja del sitio en el que se encontraba jugando. Ésta, absorta por una angustia inmensa, emprende su búsqueda, encontrándola ilesa. Escena seguida aguardan Sara y su madre en una deslumbrante sala de espera, en la que se lee el cartel “Arkangel” sobre una de las paredes revestidas de un mármol imponente. Las recibe una joven mujer, vestida con una bata blanca, quien le explica a Marie que su hija Sara entrará dentro del “programa de prueba”, aclarando, tras las inquietudes de la madre respecto a la seguridad del dispositivo a implementar en su hija, que se trataba de algo “totalmente probado y seguro”. La profesional hace referencia a las virtudes de Arkangel, aludiendo que proporcionará “seguridad” y “paz interior”.

Cabría empezar por la pregunta de qué es “Arkangel”. Se trata del nombre comercial que en la ficción recibe una empresa que ofrece una tecnología de microchip diseñada para ser implantada en el cerebro de un niño, al servicio de proveer información “útil” a los padres o a los adultos que asuman la función de crianza del menor. Su nombre nos dice mucho: el prefijo “arc” (“superioro”) remite en la tradición religiosa a aquellos ángeles de alto rango que cumplirían la función de cuidado y protección frente a las asechanzas del mal. Tal es la propuesta con la que el mercado presenta a Arkangel: como una tecnología que -supuestamente- aportaría cuidado y velaría por la seguridad en la infancia. El micro implante es insertado en el cerebro Sara y sincronizado con un dispositivo de pantalla (denominado “unidad parental”) similar a una tablet, el cual queda en poder de su madre, permitiéndole acceder a distintas funciones, tales como conocer la ubicación de su hija en tiempo real, ver a través de sus ojos (el implante puede servirse de los ojos de Sara para, al modo de un lente de una cámara de filmación, arrojar imágenes a la pantalla en poder de Marie pudiendo ésta ver todo lo que su hija está viendo), activar filtros para evitar que la niña visualice o escuche ciertos contenidos que puedan generarle “estrés emocional”, entre otras funciones.

Así las cosas, la secuencia hasta aquí relatada nos permite trazar una conexión entre la angustia de una madre y la urgencia de colmarla a la brevedad recurriendo a un “auxilio” tecnológico, en tanto inferimos que Marie acude a Arkangel en un intento por disminuir la insoportable desazón que le provoca la posibilidad de volver perder a su hija, tal como había sucedido en el parque. Nos interesa situar aquí estos dos aspectos sobre los que el capítulo nos invita a reflexionar y sobre los que procuraremos avanzar en nuestro desarrollo: el lugar que juegan la angustia y la pérdida en la asunción de la función de materna, y su articulación con el discurso tecno-científico.

Remitámonos brevemente a un momento cronológicamente anterior a los previamente relatados: el capítulo comienza con una escena en donde Marie, estando despierta y gozando de plena conciencia, se encuentra dando a luz a Sara a través de una cesárea. Luego de ver que extraen a la niña de su vientre, los médicos se alejan con la recién nacida y, al no explicarle qué estaba sucediendo ni tampoco escucharla llorar, se angustia profundamente presumiendo que algo no estaba bien con la niña. Es una escena sumamente interesante ya que nos permite visualizar, de modo muy gráfico, cómo la angustia se hace presente en quien Marie desde el momento mismo de dar a luz a su hija, en este caso, ante la incertidumbre de no saber si esa hija vive o no.

Ubicamos, a partir de ambas escenas, a la función materna como una función inherente a la presencia de angustia, angustia con la que será necesario maniobrar en pos de que dicha función pueda sostenerse en su operatoria. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de “función materna”? Aludimos al modo en que se posiciona quien asume el rol de los cuidados (el cual no necesariamente es encarnado por la madre biológica) y la incidencia de dicha posición en los procesos de subjetivación de un hijo. Ninguna teoría en el campo de la psicología desconoce el hecho de que un ser humano, para constituirse como sujeto hablante, requiere de la presencia de un otro que apuntale dicho proceso. A diferencia de otras especies mamíferas, los seres humanos nacemos desvalidos y requerimos por ende de un sostén externo para poder desarrollarnos.

La teoría psicoanalítica se ha ocupado desde sus albores en investigar y producir saber sobre dichas operaciones, postulando a las funciones materna y paterna como constitutivas en este proceso. Lo esperable sería que, en la medida en que un sujeto va creciendo y se va desarrollando, ese otro sostenedor se vaya “retirando” de su función, facilitando el espacio para que el niño se despliegue en toda su singularidad. Cuando hablamos de “retirarse” lo hacemos entrecomillado, en tanto dicho retiro no remite a una sustracción absoluta sino que consiste, esencialmente, en el soportar la pérdida en tanto factor estructural de la función materna. Tal como nos enseña el psicoanálisis, se trata de una función cuyo fundamento radica en un acto de renuncia. Nos referimos por “renuncia” a la posibilidad de ceder, a poder asumir la pérdida de ese hijo, el cual, lejos de constituir una suerte de “objeto de pertenencia” de la madre, reviste toda la potencia de una subjetividad deseante. Carlos Gutiérrez propone ilustrar la función materna apelando a una interesante metáfora a partir de una referencia bíblica: la parábola del rey Salomón. El autor propone que sería posible ubicar tal renuncia propia de la función materna en aquella mujer que, ante la amenaza del rey Salomón de partir en dos mitades a un niño cuya “pertenencia” se disputaban dos presuntas madres, acepta cederlo con tal de preservar su vida: en esa renuncia -señala el autor- sería posible advertir una madre en función (Gutiérrez, 2000).

Ambas escenas hasta aquí referenciadas -la del parque y la del nacimiento- nos permiten entonces pensar que la asunción de la función materna conlleva, inevitablemente, el soportar una cuota inevitable de angustia, así como el desafío de tolerar distintas pérdidas. El campo científico-tecnológico, en su afán totalizador de poderlo todo, pareciera crearnos la fantasía de que podemos vivir una vida carente de angustia, una vida en la que nada se pierde. Tal es la propuesta de Arkangel, ilustrando un escenario en el que, para asumir la función materna, la tecnología promete que no sería necesaria renuncia alguna.

La resistencia de una niña, la rebelión de una adolescente

En tan sólo cincuenta minutos el desarrollo del capítulo recorre de manera sucinta -aunque con una intensidad que no merma- las distintas etapas vitales de Sara, transitando por diferentes experiencias de vida en las que Arkangel siempre está presente. Nos centraremos en dos escenas -una referente a su infancia y otra a su adolescencia- que nos permitirán pensar en las distintas respuestas que va formulando el personaje de esta niña ante el avance intrusivo de su madre, siempre vehiculizado por el dispositivo que oferta Arkangel.

Remitámonos a la primera escena: cuando Sara tenía aproximadamente 10 años descubre el efecto de los filtros del dispositivo, los cuales distorsionaban el visionado de cualquier situación estresante, como ser el contacto visual con la sangre. La niña pone a prueba dichos filtros lastimándose un dedo con el propósito de ver qué sucedía ante la sangre, ante a lo cual se encuentra con que el implante injertado en su cerebro “pixela” la imagen, al mismo tiempo que la tableta arroja un advertencia a Marie indicándole que su hija estaba en contacto con un contenido “estresante”. Dicha advertencia la lleva a ir de prisa a la habitación de Sara, arrancándole violentamente el lápiz de la mano, a lo cual la niña reacciona agrediéndola físicamente. A partir de esto consultan con un terapeuta infantil, quien vincula lo sucedido con el uso de Arkangel y sugiere -ante la imposibilidad de extraer el microchip de la cabeza de la niña- deshacerse de la tableta, a modo de suspender definitivamente el uso del dispositivo. Se observa en esta escena el primer intento de introducir algún tipo de legalidad simbólica destinada a regular el uso -hasta entonces desregulado- de la tecnología Arkangel. Resulta interesante la reacción de Marie: siguiendo el consejo del terapeuta hace un intento por deshacerse de la “unidad parental”, pero algo más fuerte la lleva a conservarla…

Esta escena, en la que se observa a una niña de 10 años denunciando el exceso de su madre (y de la tecnología), a la vez que a una madre no pudiendo renunciar a ella, da al espectador la pauta de que el encuentro de Sara con Arkangel en una pronta adolescencia no estará exento de mayores conflictos… Detengámonos un instante a hacer una referencia a dicha etapa vital. Ante todo, sabemos que la adolescencia es el momento en donde sujeto emprende la difícil tarea de abandonar la posición infantil que hasta entonces ocupaba en la economía familiar, para iniciar el camino hacia la condición adulta. Se trata de un proceso no solo biológico sino simbólico, en tanto requiere de ciertas operaciones de carácter subjetivo, las cuales atañen tanto a quien transita por dicha instancia como a quienes encarnan las funciones parentales. El psicoanálisis nos enseña que el trabajo de los padres en la adolescencia radica en poner a jugar de un modo distinto lo que hemos señalado previamente en relación a las categorías de angustia y pérdida, soportando el corrimiento necesario que habilite el despliegue simbólico de un hijo. Hablamos de un “trabajo” debido a que efectivamente implica una labor de reposicionamiento, reposicionamiento que -en el mejor de los escenarios- abrirá el espacio necesario para no obstaculizar el despliegue de un sujeto que comienza a tomar decisiones propias y a poner en juego la dimensión deseante con niveles de autonomía cada vez mayores.

Volvamos ahora sí al capítulo, para ubicar el abordaje que esta ficción ofrece en torno a la adolescencia. La escena nos muestra que, ya con 15 años, Sara le dice a su madre que iba a juntarse en la casa de su amiga y, en cambio, se reúne con unos amigos junto al lago. La madre, al descubrir accidentalmente que su hija no se hallaba donde le había dicho, se angustia ante la incertidumbre de no lograr contactarla y sucumbe en la tentación de desempolvar la “unidad parental” de Arkangel -guardada en una caja en el altillo de la casa- para obtener información respecto a su paradero. Al encender la pantalla Marie descubre que, naturalmente, Sara no estaba en lo de su amiga sino en el lago y accede a los “ojos” de su hija para ver qué estaba haciendo, ante lo cual se encuentra con un primer plano de Sara teniendo relaciones sexuales con un chico.

Resulta una escena interesante ya que, una vez más, refleja la falla en la función materna por la imposibilidad de soportar la angustia ante el encuentro con una mentira de un hijo adolescente y la imposibilidad de renunciar al deseo de “estar ahí”. Una vez más, Arkangel le ofrece a Marie esta ilusión: poder estar dentro de su hija. Una madre que encuentra en la tecnología el medio para obturar su angustia y para no ceder en su goce, goce mortífero que aplasta a Sara, des-subjetivándola y cosificándola. Sabemos que, cuando dicho goce parental no tiene freno, no tiene límite, requiere de algún tipo de intervención que introduzca un borde. Ante la falta de este límite, la respuesta de Sara, al enterarse de que su madre había vuelto a usar Arkangel y había tenido acceso a su intimidad de la manera más descarnada posible, pierde los estribos y arremete brutalmente contra ella, estallando la tableta contra su cabeza y abandonando la casa, signando así el fin de Arkangel.

Las dos escenas dan cuenta de reacciones similares de Sara, aunque en diferentes etapas de su vida. En ambas, el arrebato de violencia se apodera de ella en un intento de resolver, por la vía de la acción impulsiva, la “apropiación gozosa” de su cuerpo y de su intimidad por parte de su madre y de la tecnología encarnada en Arkangel. La violencia se presenta aquí como un modo de intentar hacer frente al sofocamiento habilitado por la falta de un corte simbólico que impide separar los lugares. En términos de como Silvia Bleichmar propone pensar al Edipo, se observa en esta secuencia una severa falla en la operación de prohibición, entendida como el modo en que “cada cultura pauta el acotamiento de la apropiación del cuerpo del niño como lugar de goce del adulto. En este sentido, la problemática ética pasa (…) por el modo en que el adulto se emplaza frente al niño en su doble función: inscribir la sexualidad y, al mismo tiempo, pautar los límites, no de la acción del niño, sino de su apropiación sobre el cuerpo del niño” (Bleichmar, 2006). El cuerpo de Sara nunca deja de estar apropiado, sistemáticamente, por su madre y por Arkangel.

“(No) Todo es posible”

Por último, resulta pertinente remitirnos a la ética en pos de abrir una reflexión en torno a los efectos de la tecnología sobre el campo de lo humano. Tomando como referencia lo desarrollado por Armando Kletnicki (2000), cabría detenernos ante el interrogante ético que el autor introduce en referencia a cuándo una tecnología viene a promover el desarrollo y despliegue de la subjetividad humana, y cuándo -por el contrario- degrada y trasgrede las categorías simbólicas que nos definen como especie. En el caso de Arkangel nos vemos frente a un recurso tecnológico que, tal como venimos sosteniendo, tras el aparente propósito de apuntar al cuidado y protección de los niños, pareciera hallarse al servicio de mitigar la angustia de Marie y de darle rienda suelta a su goce, arremetiendo con categorías referentes a la subjetividad de Sara. Hemos situado cómo a partir de la intervención de Arkangel la vida de la niña pasa a estar inundada de una presencia materna excesiva, fagocitante, que, sin velo alguno, le arrebata la posibilidad de encontrarse con los avatares -siempre inanticipables- de la vida. Si bien el mercado oferta su producto bajo el argumento del “cuidado”, sosteniendo el beneficio de implantarle el chip a la niña para que no se pierda o bien aplicarle filtros para que no se angustie, sostenemos, una vez más, que la angustia que se pretende tapar no es la de la niña sino la de la madre.

Resulta asimismo un claro ejemplo de lo que Gutiérrez ubica como la confluencia de tres factores que el autor propone pensar en articulación: el desarrollo tecnológico, las condiciones mercantiles y el narcisismo parental (Gutiérrez, 2000). En este caso es la madre quien recurre a un objeto tecnológico que el mercado le ofrece, persiguiendo el fin narcisista de obturar su falta, de mitigar el insoportable abismo al que se ve confrontada cuando su hija se va subjetivando y desplegando como un ser autónomo, distinto a ella, pretendiendo quedar exenta de la cuota de angustia propia de quien encarna la función materna. En términos de lo que propone Jorge Alemán, la propuesta ficcional que oferta Arkangel bien podría leerse como un objeto más de consumo en clave de lo que denominó la "industria de la felicidad” [3], en tanto oferta mercantil destinada a velar la angustia, produciendo un acceso rápido y garantizado a una felicidad que rápidamente se licúa.

Frente al interrogante de cómo limitar el avance tecnológico, en apariencia irrestricto, e impulsado y amparado por las leyes del mercado, resulta oportuno ubicar la necesidad de la intervención de una legalidad simbólica en el afán de regular lo excesivo. En este caso, lo excesivo de un goce materno que encontró en el dispositivo Arkangel su cauce para desplegarse sin limitaciones. Sostenemos, finalmente, que en esto radica la importancia de pensar la articulación entre el campo subjetivo y tecno-científico: en la necesidad de erigir ese límite ante el avance desenfrenado de los desarrollos tecnológicos cuando estos -como vimos en el caso de Arkangel- conllevan el riesgo de afectar la esencia de la condición humana en su carácter simbólico.

Referencias:

Bleichmar, S. (2006). “Cuando hablas está menos oscuro”. En https://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-90109-2007-08-23.html#:~:text=El%20concepto%20de%20Edipo%20debe,lugar%20de%20goce%20del%20adulto.

Gutiérrez, C. (2000). Restitución del padre. En La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños, Lumen/Humanitas, Buenos Aires, 2000.

Gutiérrez, C. (2000). “Saber creacionista y ficción fundadora”. En La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños, Lumen/Humanitas, Buenos Aires, 2000.

Kletnicki, A. (2000). “Un deseo que no sea anónimo. Tecnologías reproductivas: transformación de lo simbólico y afectación del núcleo real”. En La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños, Lumen/Humanitas, Buenos Aires, 2000.


NOTAS

[1En la escritura de este artículo se procurará utilizar las formas inclusivas que ofrece el rico idioma español, aunque, por razones de fluidez y para facilitar la lectura, en ocasiones se recurrirá al genérico de la lengua. El espíritu será siempre contribuir al ejercicio de formas discursivas que sean respetuosas de la diversidad.

[2Segundo capítulo de la cuarta temporada de la serie Black Mirror, estrenado en el año 2017.

[3Referencia propuesta por el psicoanalista Jorge Alemán en una entrevista radial de fecha 07/03/2022 en radio AM 750 (https://750.am/2022/03/07/jorge-aleman-el-coaching-ha-generado-un-aumento-considerable-de-la-infelicidad/)




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COMENTARIOS

Mensaje de Nicolás Genovecio Lucía  » 30 de octubre de 2022 » nicolasgenovecio@gmail.com 

Arkangel es la manifestación literal del más alto grado de utilitarismo benthiano al que aspira uno de los usos posibles de la tecnología. La búsqueda del mayor grado de placer y el menor grado de sufrimiento como un faro moral. No solo un hedonismo exacerbado, sino la pérdida de importancia en el reconocimiento del límite entre realidad y fantasía. No pretendo hablar de una realidad externa material propia de la modernidad, pero sí de una realidad consensuada, real en cuanto compartida. Si bien pueden ensayarse en este aspecto reparos éticos, a fin de cuenta son las decisiones que el individuo toma para su vida, que compartidas o no, no deberían despertar mayores intervenciones que críticas teóricas siempre y cuando no afecten a los demás. El problema recae en que no se trata de un individuo que elige el utilitarismo y el placer frente al contacto con lo real, sino la imposición de una vida simulada a un tercero, su hija, quien es incapaz de consentir. Vemos una versión moderna y portátil de "The Truman Show", la niña vive una existencia a medias tintas real, a medias tintas simulada, abstenida involuntariamente de conocimientos experienciales natos como un estímulo ansiógeno, impedida a su vez de la representación de esos estímulos "inhibidos". Peor aún, por la tecnología del dispositivo sabe que algo sucede, pero desconoce qué es lo que sucede, sumergiéndola en una incógnita constante, más literal y consciente que las incógnitas humanas predeterminadas (adoptando un lenguaje propio de la tecnologización de la subjetividad).



Mensaje de Natalia Bravo  » 17 de octubre de 2022 » nataliabravoa@hotmail.com 

Muy interesante la lectura de este capítulo en lo que refiere a la función matera. Se visualiza rápidamente lo que implica ser madre en la sociedad actual. A su vez nos refresca la ideas que una madre no se distingue por la diligencia de sus cuidados, sino por cómo sabe corresponder al deseo de reconocimiento de esa niña a través de su propio deseo.



Mensaje de Florencia Rondán   » 20 de septiembre de 2022 » florondan.1995@gmail.com 

Hola! Resulta asombrosa la elección de este capitulo para plasmar, con un ejemplo extremo, los alcances del discurso capitalista actual, entrelazado al también vigente discurso de la ciencia, y cómo en esta constante negación de la falta y empuje al consumo de objetos y producción de servicios para el consumo, promoviendo un goce sin límites, impactan en las funciones parentales y en las nuevas subjetividades en constitución. Dicho goce que viene a obturar en esa angustia de esa madre ante la posibilidad de pérdida de su hija, motivo por el cual acude a este auxilio tecnológico que arrasa con la posibilidad de despliegue de la propia singularidad de esa hija y da lugar, en esa madre, al despliegue de la negación de la falta, de la angustia y de la pérdida, acabando por tomar a su hija como un objeto más de goce, sin dar lugar a la constitución de su propia subjetividad, a su propia posición respecto a su experiencia con el mundo



Mensaje de Luciana Silva  » 25 de agosto de 2022 » lucianapazsilva17@gmail.com 

En primer lugar quisiera destacar la claridad del escrito ya que el autor logra abordar una temática compleja de un modo llevadero y accesible.
Por otro lado, resulta interesante el entrecruzamiento entre el psicoanálisis y las tecnologías. Puede pensarse a partir de este texto en que vivimos en una sociedad que cancela la angustia, que impone de modo casi categórico la felicidad como único modo válido de transitar la vida. La frustración, la angustia, la soledad, entre otras variables, tienen hoy en día "mala prensa", parecen no tener lugar. Las redes sociales ostentan una constante de felicidad, diversión, espontaneidad y una ilusión de que todo puede conseguirse rápido y fácil. Desde esta mirada, la función parental también se encuentra afectada, tomada por este filtro de realidad. La presión a la hora de la crianza y de sostener el rol parental también se encuadra en este nuevo imperativo de goce que se impone desde la tecnología.
Hermoso escrito, que dispara múltiples reflexiones.
Muchas gracias!



Mensaje de Elisabeth Cataldo  » 23 de agosto de 2022 » ecataldo036@gmail.com 

Es interesante, en el contexto de este episodio y el analisis muy acertado que el autor hace, retomar el ejemplo de Gutierrez al ilustrar la funcion materna con la parábola del rey Salomón; lo que me parece que este episodio ilustra muy bien es el hecho de que la perdida es una necesidad estructural, del sistema mismo. Es decir, la perdida es inevitable e inexorable, la única pregunta que cabe es ¿quien pierde? ¿Quien renuncia? La funcion materna es aquella que elige perder, perder al hijo o hija como falo, y la paterna, aunque como Salomón es agente de la pérdida, no esta exenta tampoco, porque no esta exenta de la Ley, solo la encarna.

Sin embargo, en el episodio vemos que, ante la ausencia de alguien que encarne la funcion paterna - e, incluso, podríamos argumentar que la funcion P está reemplazada por un discurso capitalista que, lejos de encarnar la Ley como límite al goce, trata sin cesar de ejecutar su desmentida - y fuerze (o aceite?) la renuncia, esta madre es incapaz de ejercer la función materna por si sola, pero esto deja una sola opcion, que es que aquel que pierde, o renuncia (o sea hecha renunciar) sea la hija. El goce falico de la madre es trocado por la magia tecnológica del discurso capitalista en una pérdida sutil pero constante, un pago que la niña hace durante toda su vida temprana (incluso, hay que decirlo, durante aquél tiempo en que la madre no la vigiló) y adolescencia para poder "comprar" la renegación que su madre hizo de la necesidad - en un sentido tanto estructural como ontologico - de que ella, y no otra persona, renuncie, como la madre Salomónica. La pérdida siempre esta, la cuestion es quien pierde.



Mensaje de Julieta Lopez  » 22 de agosto de 2022 » julietnov24@gmail.com 

Gracias Ignacio por esta lectura, me pareció sin duda muy acertada. Me quedó resonando una frase de tu escrito: "La imposibilidad de soportar la angustia ante el encuentro con una mentira de un hijo adolescente, y la imposibilidad de renunciar al deseo de "estar ahí".
Me hizo pensar en los procesos psíquicos propios de la adolescencia y especialmente el rol de los padres en ello, como lo conceptualizado por Winnicott como una madre suficientemente buena que sea capaz de ilusionar y desilusionar al bebé; la importancia de convertirse en un ambiente facilitador que en un principio conforma una unidad (díada madre-hijx) para luego, paulatinamente, ir separándose. Una madre suficientemente buena irá presentando al bebé el mundo tal cual es, y no atravesado por filtros como los que propone la tecnología Arkangel, que imposibiliten que Sara cree sus propios diques, imposibilitándole el acceso a nuevos espacios, nuevas conquistas.
También pienso en la imposibilidad de Marie de poner un corte a esa díada, se observa claramente la falta de la función paterna. Cuando Sara llega a la adolescencia, y respondiendo a procesamientos psíquicos propios de la edad, busca destronar al rey del castillo, a Marie, quien no puede tolerar "dejarse asesinar" y se convierte ella misma en la cárcel de su hija, aplastando su subjetividad. Pienso también en el final, en el único modo en que Sara consigue salir de su cárcel, una huida drástica que habla también de la incapacidad de regulación de una niña a la que se le ponían filtros para evitar todo tipo de estresores. Una niña que no aprendió a autorregularse.



Mensaje de Lara Nardini  » 22 de agosto de 2022 » larii.n16@hotmail.com 

Es interesante como se lee este capítulo de Black Mirror, las dos escenas y la causa que llevan a la madre a querer utilizar este dispositivo en búsqueda de su propia “tranquilidad”. Las funciones del dispositivo parecieran que solucionan y hacen que la vida cotidiana sea mas fácil y sencilla y la madre puede estar “conectada” a su hija en todo momento incluso invadiendo en algún momento su privacidad como en la escena de su adolescencia. Es interesante pensar que un padre sea capaz de quitarle a su hijo sus propias sensaciones (miedo, frustración, vergüenza, enojo) y experiencias en pos del propio bienestar. Me gustó la idea de la angustia en la función materna de la pérdida, causa por la que se comienza a utilizar el dispositivo. Considero también que el hecho de que la niña no pueda tener sus propias experiencias y no pueda reaccionar al mundo exterior es un arma de doble filo para su futuro, ya que no distingue lo que le hace mal de lo que le hace bien, lo que le gusta y lo que no. Considero que este dispositivo irrumpe totalmente en el crecimiento de cualquier persona, quitándole lo natural y sano de la vida y que la madre pueda despegarse de a poco de la hija es importante para que ese crecimiento sea efectivo.



Mensaje de Florencia Evelin Martinez  » 22 de agosto de 2022 » florencia_martinez93@hotmail.com 

Este film me hace pensar en cómo influye la tecnología en la época actual desde los aportes del filósofo surcoreano de Byung-Chul Han, especialmente con su texto donde aborda La sociedad de la transparencia (2012), donde plantea que hay un imperativo de que todo tiene que estar a la vista, todo debe ser visible, hasta lo
más íntimo tal como se ve en el film, donde la madre ve todo lo que su hija ve. Esta exigencia de transparencia hace que la negatividad se convierta en positividad, y así, la sociedad transparente puede
ser leída como una sociedad positiva donde se rechaza cualquier posibilidad de un no. La madre busca que su hija solo se enfrente a situaciones positivas sin dar lugar a cualquier situación que genere angustia.
El autor trata el tema de querer eliminar lo extraño, lo diferente tal como la madre busca borrar o "bloquear" aquello diferente que puede provocar temor o sufrimiento. También podemos pensar como "arkangel" a modo de dispositivo, permite sostener esa visión positivista bloqueando la capacidad, que un ser humano tiene, de complejizar todo aquello que le sucede y así le permite abandonar el goce de las situaciones traumáticas. Otra cuestión que mi suscita analizar es cómo en la madre surge esa la intención de saber dónde se encuentra su hija, ante aquella situación angustiante donde pierde de vista a la niña la cual la lleva a tomar la decisión de implantarse el chip de rastreo, vemos como la madre de ese modo logra evitar angustiarse y así tener control sobre la pequeña hasta el punto de seguir controlandola hasta su adolescencia.
Cuando la madre comienza a dudar o a sentir angustia ante la ausencia de su hija, simplemente consulta en su dispositivo y obtiene toda la información que quiera, hay una búsqueda de placer inmediato que permite disminuir al mínimo la tensión. Así la madre, en este afán de querer evitar la separación o distanciamiento con su hija, queda confinada a un estado eterno de ansiedad, en detrimento de la posición angustiosa.



Mensaje de Maria  » 22 de agosto de 2022 » marisu.g.garcia@gmail.com 

Creo que es muy interesante lo que se plantea en el articulo , ya que este capitulo de Black mirror relata muy bien como a veces desde la angustia materna, puede obturarse el crecimiento de un hijo.Muestra como desde un lugar que en principio pretende ser de protección, termina siendo un control absoluto y una anulación a la subjetividad del personaje de Sara.
El personaje de Marie es el que encarna la funcion materna, y su dificultad para tolerar la angustia que ella conlleva.Sus miedos y su necesidad de control la llevan a la desesperacion de insertar un chip a su hija, ese chip es el que va generando esa sensacion de que su hija es su pertenencia y que se puede decidir por ella lo que hay que sentir o no.
Si bien la seria aborada estos temas desde un futuro distopico, nos aporta mucho material para pensar la maternidad,la crianza y la necesidad de poder tolerar el dolor que implica dejar crecer.



Mensaje de FLORENCIA  » 21 de agosto de 2022 » florondan.1995@gmail.com 

Hola! Resulta asombrosa la elección de este capitulo para plasmar, con un ejemplo extremo, los alcances del discurso capitalista actual, entrelazado al también vigente discurso de la ciencia, y cómo en esta constante negación de la falta y empuje al consumo de objetos y producción de servicios para el consumo, promoviendo un goce sin límites, impactan en las funciones parentales y en las nuevas subjetividades en constitución. Dicho goce que viene a obturar en esa angustia de esa madre ante la posibilidad de pérdida de su hija, motivo por el cual acude a este auxilio tecnológico que arrasa con la posibilidad de despliegue de la propia singularidad de esa hija y da lugar, en esa madre, al despliegue de la negación de la falta, de la angustia y de la pérdida, acabando por tomar a su hija como un objeto más de goce, sin dar lugar a la constitución de su propia subjetividad, a su propia posición respecto a su experiencia con el mundo



Película:Black Mirror: Arkangel

Titulo Original:Black Mirror: Arkangel

Director: Charlie Brooker | Jodie Foster

Año: 2017

Pais: Reino Unido