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"Heisenberg" o sobre una verdad de Walter White

por Reos, Francisco

Introducción

En Enero del 2008 sale al aire el primer episodio de la serie televisiva “Breaking Bad” (de aquí en más, BB) protagonizada por Bryan Cranston en el papel estelar de Walter White y Aaron Paul como Jesse Pinkman. La misma está ideada y producida por Vince Gilligan. En la última mitad del año 2013, se lanza el último capítulo contando así la serie con 5 temporadas.

Es destacable que BB ha llegado a estar en la más alta estima tanto del público en general como de la crítica más exigente. Tal vez la fuerte atracción que esta serie genera en tan heterogéneo público se debe –como a todas las otras grandes piezas del séptimo arte- a que los temas y las situaciones que se desenvuelven en la trama van más allá de los parámetros particulares y circunstanciales en los que se sostienen, tocando las fibras propias de la condición humana. Esto permite que un amplio público se sienta íntimamente representado.
Desde esta concepción surgen el siguiente análisis que aborda una situación concerniente al protagonista Walter que pueden ser meditada a la luz de ciertas cuestiones (Bio)éticas [1]. Este análisis toma como punto de partida la tradición de analizar filmes y otras piezas audio-visuales desde una mirada ética y psicoanalítica para poder resaltar dilemas propios de la condición humana haciendo énfasis en la singularidad del sujeto siempre en situación.

“Estoy despierto”

“Se trata de impedir que la sanción social, el castigo, le permita al sujeto parapetarse en el campo de la responsabilidad moral únicamente, y le sirva de refugio para sustraerse a la responsabilidad subjetiva, la cual lo confronta al campo de la verdad que lo determina”
(Domínguez, M. E.: La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006).

Jesse- Tú no eres como te recuerdo en las clases
Walter- Debo irme
J- Espera…dime por qué estás haciendo esto. Dime la verdad
W- ¿Por qué tú lo haces?
J- Principalmente por dinero
W- Ahí tienes mi razón también
J- ¡No! Vamos dime la verdad. ¿Alguien tan correcto y formal como tú de repente cuando cumple 50 se convierte en malo? Es raro todo esto. Simplemente no cuadra. Si te volviste loco o deprimido es algo que yo necesito saber. Eso me afecta
W- Sólo digamos que estoy despierto.
(Extracto de un dialogo entre Walter y Jesee durante el primer capítulo)

La serie toma como inicio a un Walter nada especial: vive en una zona de EE. UU. limítrofe con México; ejerce como profesor de química en un colegio secundario y es empleado en un lavadero de autos para ganar dinero extra. Skyler (Anna Gunn) es su esposa y está embarazada, además tienen un hijo adolescente con una parálisis cerebral leve que le dificulta su marcha y su habla.

Sin embargo, hay pequeños elementos que nos permiten empezar a sospechar que el escenario va a tomar un cambio brusco: Walter poseía un prometedor futuro en la química que no pudo dar frutos. Además unos ataques de tos esporádicos lo invaden.

Poco tarda este último elemento (la tos) en mostrar su verdadera naturaleza: debido a un desmayo durante el trabajo se le aplican diversos estudios revelando que posee un cáncer de pulmón inoperable. Las esperanzas de un tratamiento satisfactorio son desalentadoras: aplicando quimioterapia podría llegar a vivir dos años. Es muy interesante –si bien no hace al núcleo del presente análisis- detenerse en la reacción del personaje al recibir la funesta noticia de parte del médico: la cara se mantiene inexpresiva y de repente su atención se fija plenamente en una mancha en el delantal blanco del médico. Pareciera que la noticia de su cáncer poco (o nada) lo conmueve ya que al preguntar el médico si había entendido bien su delicada situación, Walter repite todo con exactitud; había entendido perfectamente pero ninguna reacción emocional o afectiva lo invadió. La noticia de su muerte no parecería comprometer su ánimo.
Ahora bien, es posible entender esta reacción (o ausencia de ella) como un mecanismo de defensa del aparato psíquico que se basa en separar la representación –en este caso el saber de su cáncer terminal- con el monto de afecto correspondiente. Este divorcio permite dejar libre al sujeto de la angustia y el malestar psíquico que tomar conocimiento de su inminente muerte puede generar. Es interesante resaltar las diferencias que Freud –en su escrito sobre el “hombre de las ratas”- establece entre este mecanismo psíquico y represión secundaria. En el primero, la representación continúa en la conciencia –mientras que en la represión secundaria es desterrada de allí- lo que ahorra mucho esfuerzo psíquico; pero al no tener un afecto adherido, no juega un papel de atormentador para el Yo. Ahora bien, Freud nos advierte que el monto correspondiente a tan significativa representación a algún lugar debe dirigirse y adherirse. La pregunta es ¿a dónde?

Dejemos este breve paréntesis para seguir con nuestro análisis principal.

Ya tenemos a un Walter White advertido de su propia muerte. ¿Qué piensa hacer con el tiempo que le queda? La serie no nos hace esperar para comenzar a tejer una respuesta: decide presenciar cómo su cuñado -miembro de la una fuerza especial anti drogas de Estados Unidos (DEA)- allana una cocina clandestina de metanfetaminas. En esa situación descubre que un ex alumno suyo - Jesse Pinkman- está involucrado en el negocio. Esa misma noche, Walter pone a Jesse entre la espada y la pared: o comienzan a cocinar y vender metanfetaminas juntos o bien él lo entrega a la policía. Jesse opta por asociarse con él.
Antes de saber de su inminente muerte, Walter era una persona completamente sometida a las condiciones y términos del Otro (familia, trabajo, máximas morales, etc.) ninguna verdadera satisfacción o acto propiamente subjetivo tenía lugar ya que el escenario y el libreto en los cuales su vida se desarrollaba ya estaban de antemano escritos; se encontraba completamente gozado por ese Otro. Entonces, como una marioneta, jugaba el papel que le dieron sin tener las agallas para correrse una milésima de lo establecido. ¿No es esta posición una clara muerte al menos en los términos subjetivos? ¿Qué le depara a un sujeto que lleva adelante su vida con un texto ajeno? (Ariel, 1994).

Es en este punto donde se elabora uno de los primeros pilares del presente análisis: la muerte inminente de Walter White es lo que –paradójicamente- lo devuelve a la vida. El cáncer terminal, visto desde el punto de vista de la necesidad (Mosca, 1998), es un elemento que se presenta ya determinado y con una sentencia inmodificable: tarde o temprano le provocará la muerte a nuestro personaje. Dicha necesidad no puede nunca agotar la explicación de por qué Walter decide hacer que su vida cambie drásticamente de rumbo. En este sentido, es posible tildar al azar (Mosca, 1998), que comprende aquellos elementos circunstanciales que se presentan de manera sorpresiva e inesperada, como igualmente insuficiente ya que haber encontrado “por casualidad” a un ex alumno suyo involucrado en el negocio de metanfetaminas tampoco logra explicar satisfactoriamente la decisión de Walter. Es justamente en la grieta entre el azar y la necesidad donde se cuela el acto del sujeto: cocinar metanfetaminas es, para nuestro personaje, una proclamación netamente subjetiva ya que tal decisión puede leerse más allá de los límites morales. Suspender juicios sobre lo correcto o incorrecto, dejaría poder apreciar la dimensión subjetiva y singular que esta decisión tiene. Para Walter, producir metanfetamina de la más alta calidad es lo que le permite correrse del guión impuesto al que se había sometido.

En este sentido, es posible apreciar cómo los distintos aspectos de su vida que le deparaban frustración y displacer –muestras de aquella parte del sujeto que no cedió al goce del Otro- comienzan a ser tramitados desde un nuevo ángulo.

Como químico profesional no había logrado una carrera satisfactoria, renunció entonces a ella y se convirtió en profesor de una escuela secundaria. A través de la manufacturación de las metanfetaminas, Walter logra canalizar todo su potencial produciendo así un resultado químicamente perfecto que lleva durante toda la serie su sello personal. Todos los logros y reconocimientos que no obtuvo como científico e investigador los recibe dentro del mundo del tráfico de drogas. Logrando demostrar a los demás, pero sobre todo a sí mismo, que es un extraordinario químico.

Para dar aún más consistencia a esta hipótesis es pertinente considerar cuál es el motivo que desde el Yo Walter da a su costado más moral (su Superyo): teniendo en cuenta su inminente muerte quiere asegurarse de dejar suficiente dinero para que su familia pueda sustentarse sin él. ¿Qué diría su analista (en el caso en que tuviera uno) sobre esta motivación? Es evidente que producir dicho psicoestimulantes, sumado a tener que venderlos en un negocio del que él nada sabe; dónde los riesgos de vendetta o “ajustes de cuentas” en los que se involucra a la familia son muy comunes, no es la única opción para resolver los “posibles” y futuros problemas económicos. Es importante resaltar que además existe el riesgo de ser descubierto en todo momento, en cuyo caso todos sus esfuerzos y dinero se dilapidarían, dejando a su familia en peores condiciones e involucrada con el delito y la clandestinidad. Claramente la elección de Walter no puede ser entendida con la lógica de causa-consecuencia o acción y reacción mecánica, hay algo más.

Su situación desesperada, ser un padre de familia abnegado que desea lo mejor para ella y querer asegurarle un futuro próspero son razones que rápidamente pierden consistencia para dar lugar a una mirada más singular y desprendida del eje particular al cual Walter quiere limitar la situación. El cáncer abre para él una grieta en el Otro, una fisura por la cual se filtra un haz de luz singular que le permite cambiar radicalmente de posición. Dicha grieta no es nada más ni nada menos que una condición universal: la castración simbólica (Michel Fariña, 1998). La alienación en la que se encontraba, en la cual había cedido su deseo, trastabilla y tambalea, el aspecto más real del cáncer tiene estatuto de golpe que aturde el universo particular devolviéndole un margen de decisión. Es entonces desde esta nueva situación en la que Walter agujerea para siempre al Otro, pasando del sueño a la vigilia –recordemos la respuesta de Walter (“estoy despierto”) citado al principio del presente análisis. Es por esto que el acto de Walter posee un importante rasgo ético: en la nueva vida clandestina que lleva adelante, recupera una fracción de su deseo que no tiene lugar en el campo del Otro, por eso: “Deseo que, justamente, localiza aquello que, al pretendido todo de saber, agujerea” (Dominguez, 2007). Walter, como sujeto, se enfrenta a una dimensión ética que anteriormente, como buen neurótico, esquivaba: “El Yo no es propietario del deseo, pero sí diremos que el Sujeto es responsable de su puesta en acto.”(Salomone, 2007). La pregunta “¿él ha actuado según el deseo que lo habita?” obtiene un peso singular en esta situación.

Es importante aclarar que no se trata de justificar a Walter sobre su obrar; no interesa contemplar si lo que hizo está bien o mal ya que tales juicios solo pueden ser dados desde una lógica moral y particular. Lo que verdaderamente importa es rescatar la sustancia subjetiva de su acto que es siempre en situación y no se puede transpolar a otro escenario: “Se trata del sujeto y el sentido singular de su acto. Acto cuya constitución misma resiste a toda fórmula genérica” (Michel Fariña, 1998).

Ya los valores morales no priman como máximas en su vida, su familia –si bien tiene un gran peso para él- no logra agotar completamente lo que lo impulsa a Walter a ser un productor de metanfetaminas. Explotar todo su potencial como químico, lograr manipular la materia a su voluntad gracias a sus profundos conocimientos y su gran capacidad, son ahora las nuevas fuentes de satisfacción subjetiva para Walter o, como se hará llamar más adelante, “Heisenberg”.

De ahora en adelante, Walter se propone llevar dos vidas: en la primera él sigue jugando un papel de sumiso y marioneta del Otro y sus demandas: sigue adelante con su rol de profesor, de esposo y padre; es decir, trata de que nadie sospeche ni el más mínimo cambio en él (hasta pretende ocultar su cáncer). En la segunda vida, Walter es el productor de la metanfetamina más químicamente pura del mercado negro y comienza a expandir el consumo de su producto entablando negocios con diferentes traficantes que se muestran muy atraídos y seducidos por su producto único –llamado: Cristal Azul debido su color. Es de esperar que sostener estas dos vidas tan diferentes de forma paralela y mutuamente ocultas depare un esfuerzo enorme. Surge además la imposibilidad de ocultar cabos sueltos tanto para una vida como para la otra, haciendo que las mismas se rocen inexorablemente.

Ahora bien, es importante aclarar –como conclusión- que este análisis de ninguna forma pretende ser solipsista sosteniendo que la única motivación de Walter es obtener reconocimiento como gran químico y hasta alquimista. El interés por garantizar a su familia cierta estabilidad económica posee su grado de verdad. El presente ensayo pretende mostrar cómo por debajo de las intenciones conscientes y Yoicas del individuo siempre se tejen elementos inconscientes y subjetivos que también están operando y es fundamental tenerlos en cuenta.

Es por esta postura que el presente análisis deja en suspenso los “Bios” que en esta situación están presentes: el cáncer posee aspectos biológicos muy importantes. Sin embargo, centrarnos en ellos nos llevaría a un callejón sin salida ya que sólo nos limitaríamos a los aspectos orgánicos y médicos colaborando así en oscurecer aún más la dimensión subjetiva de nuestro personaje.

No faltarán aquellos que pretendan leer el acto de Walter como un trasgresión a las leyes y el orden social, condenándolo así a ser objeto de las más severas críticas. De ningún modo el psicoanálisis se adhiere a esta lectura. En sus reflexiones sobre la responsabilidad, Freud sostenía que “el médico dejará al jurista la tarea de instruir una responsabilidad artificialmente limitada al yo metapsicológico”. Es decir, más allá de las sentencias morales, es posible tejer otro punto de vista que permite ver la dimensión singular y subjetiva que siempre está opacada por las concepciones, leyes y “buenas costumbres” particulares.

Todas las posibles lecturas conviven en el mismo personaje y tienen cada una sus grados de verdad. Lo importante a destacar en este artículo es que ninguna de las lecturas aplaste a las demás y se declare la única, bloqueando así otras posibles que permitirían enriquecer la complejidad de nuestro personaje. Teniendo en cuenta la postura ética del psicoanálisis, estamos advertidos que las lecturas morales jamás nos conducirían a la verdad subjetiva. Entender el acto de Walter como una “trasgresión” sólo nos dejaría perdidos en los bosques de lo imaginario.

Referencias

Ariel, A. (1994). “Moral y Ética. Una poética del estilo". En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires.

D’Amore, O.: Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Domínguez, M. E.: (2007) "El acto de juzgar entre el dilema y el problema ético". Inédito.

Domínguez, M. E.: La singularidad en los códigos de ética: ética y deontología. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.

Freud, S.: (1925) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. Obras completas. Tomo XIX, Amorrortu editores. 1984.

Freud, S. (1909). A propósito de un caso de neurosis obsesiva. En Obras Completas, Vol. X. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Lewkowicz, I. (1998). Particular, Universal, Singular. En Ética: un horizonte en quiebra. Cap. IV. Eudeba, Buenos Aires.

Michel Fariña, J. J. (1998). Qué es esa cosa llamada ética. (Cap. II); Lo universal-singular como horizonte de la ética. (Cap. III). El interés ético de la tragedia (Cap. V). Del acto ético (Cap. VI). En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Michel Fariña, J.J. (2012). (Bio)Ética y Cine. Tragedia griega y acontecimiento del cuerpo. Buenos Aires: Letra Viva.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra. Eudeba, Buenos Aires.

Salomone, G. Z.: El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos. Letra Viva, 2006.



NOTAS

[1Escribimos (bio)ética siguiendo a Michel Fariña (2012), quien señala que es necesario poner entre paréntesis el “bios” de la situación, lo que implica poner en suspenso el marco puramente biológico, médico, que proviene del marco de la ciencia, para poder adentrarnos en el recorte de distintas situaciones dilemáticas, en términos éticos.



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COMENTARIOS

Mensaje de Maitra  » 23 de septiembre de 2014 » maitra_11@hotmail.com 

Muy intersante y claro el posicionamiento adoptado por el autor. En consonancia con las lineas de apertura que del escrito se habilitan comparto algunos interrogantes éticos que la lectura a suscitado en mi. ¿Qué relación existe entre los movimientos deseantes del protagonista y los lazos que establece con otros? ¿Qué puede ser dicho de la responsabilidad subjetiva de Walter en los vínculos (intersubjetivos) que habita? ¿Son estos teñidos por cierto carácter manipulador? y, de ser así, ¿qué estatuto otorgar a la manipulación en la producción subjetiva?




Película:Breaking Bad

Titulo Original:Breaking Bad

Director:

Año: 2008–2013

Pais: Estados Unidos