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Una puesta en abismo de la Ley

por Laso, Eduardo, Michel Fariña, Juan Jorge

Resumen

¿Qué es el honor? ¿En qué medida una lectura clínica de la narrativa contemporánea nos informa sobre los impasses de la ley y del deseo? Y, sobre todo: ¿es posible sustraernos de la alienación y el estrago cuando estos se presentan como inexorables? El primer episodio de la serie Your Honor es en sí mismo una pieza de estudio que puede ser leído de manera relativamente independiente de la trama general y que nos ofrece de manera sublime el planteo de un dilema. Abordaremos el problema a partir del concepto de “puesta en abismo”, mostrando cómo la duplicación de la escena arroja nueva luz sobre este espinoso problema.

Palabras clave: Culpa | Pena | Julio Cabrera | Psicoanálisis | Series
Abstract

What is honor? To what extent does a clinical reading of contemporary narrative inform us about the impasses of law and desire? And above all: is it possible to escape alienation and havoc when these are presented as inexorable? The first episode of the Your Honor series is in itself a piece of study that can be read relatively independently of the general plot and that offers us in a sublime way the posing of a dilemma. We will approach the problem from the concept of mise en abyme showing how the duplication of the scene sheds new light on this thorny problem.

Keywords: Guilt | Penalty | Julio Cabrera | Psychoanalysis | Series

Para Julio Cabrera

I

La expresión “your honor” es el modo usual de dirigirse a un juez en los tribunales norteamericanos. El equivalente en castellano es “su señoría”, fórmula de tratamiento que suele emplearse para con personas de alta dignidad. La traducción pierde el término honor, palabra que en la actualidad ha quedado en demérito y parece evocar tiempos ya idos. Cien años atrás, la ofensa al honor terminaba en un duelo a muerte con floretes o pistolas. El escándalo público podía conducir al afectado en su honor a una salida suicida. Y en Japón, la pérdida del honor era motivo suficiente para autoinmolarse.

Tiempos pasados, al punto que ha declinado su empleo en el habla cotidiana. Y en los juzgados es un puro formulismo. O mejor: una invocación a quien ocupa el lugar de juez para que esté a la altura de la tarea, vale decir, que le haga honor. Porque es en su nombre que alguien asume una función simbólica cuyos actos deciden el destino de otros, sea esta función la de juez, diputado, senador o presidente.

El honor se define como una determinada “cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”. Es lo que impulsa a una persona a actuar rectamente, cumpliendo su deber y de acuerdo con la moral. [1]

Deber, rectitud, moralidad, es lo que se espera de quien ocupa un lugar de juez. De ahí que se le atribuya la dignidad de alguien que se espera que sea honorable en su tarea de fallar rectamente, de acuerdo con la ley. Es que quien asume la tarea de juzgar determinados actos, no puede ser él mismo un corrupto o un inmoral en su función. El juez, como el padre, es agente de la ley. Es el soporte singular de una función universal que lo implica y lo trasciende. Por lo que se espera que su acto se realice no desde el capricho que impone una regla arbitraria, sino desde un lugar que, por estar atravesado por la ley, no puede no cumplirla ni tampoco dejar de hacerla cumplir. Y los modos mismos en que realice su acto, tienen efecto de transmisión, no sin un resto fallido siempre. Por eso un juez –y un padre– siempre “falla”. Y las fallas retornan en forma de síntomas: en los hijos, en la sociedad.

Si la serie que protagoniza Bryan Cranston lleva por título Your Honor, no es solamente porque su personaje sea un juez honorable, sino porque dicha honorabilidad estará puesta en jaque. Michael Desiato es un juez que efectivamente hace honor a su cargo: no sólo hacer cumplir la ley sino también –como se dice en el Derecho– su espíritu. Al punto de poner el cuerpo para verificar si es sustentable o no el testimonio de un policía que busca incriminar a una mujer humilde. Y así enfrentar al poder policial, tan propenso a fabricar criminales con falsas evidencias entre la población afroamericana pobre.

Sólo que este juez se va a topar con el límite de la ley en el duro contexto actual. Y es allí donde saldremos a su encuentro para indagar la tensión entre la fuerza de la ley y la fuerza del poder. El relato que sigue, deliberadamente detallado, resulta imprescindible para pensar la cuestión en su alcance situacional.

II

Un joven de diecisiete años pasa la noche con su noviecita y cuando ésta se va temprano a su trabajo, inicia un extraño periplo. Toma una fotografía enmarcada que está en su escritorio, escribe una breve nota, corta unas flores de su jardín y sale con su auto. Recorre los suburbios de Nueva Orleans hasta llegar a un caserío pobre. Se detiene frente a un local cerrado, baja del auto y deja en la vereda la foto y las flores, en lo que ahora advertimos es un improvisado memorial, el recordatorio de una muerte. Es un barrio peligroso, y se acercan varias personas con actitud amenazante. El joven sube nuevamente a su auto e intenta escapar… Se angustia y comienza a respirar entrecortadamente mientras huye de sus perseguidores, da la vuelta a la manzana y cuando pasa nuevamente frente al local, la fotografía y las flores han sido vandalizadas. Los perpetradores ahora parecen seguirlo en otro auto. El muchacho acelera, y huye raudamente, en medio de un desborde emocional.

En otro lugar de la ciudad, un matrimonio rico está desayunando. Cuando llega a la mesa el hijo menor, el padre señala afectadamente un objeto extraño en el jardín. Bajan al generoso parque y se encuentran ante una motocicleta de colección que han decidido regalarle a su hijo como sorpresa anticipada de su cumpleaños número diez y seis. El adolescente está visiblemente emocionado. Se sube a la moto y sale a dar un paseo inaugural.

La toma vuelve al primer joven que sigue huyendo de sus perseguidores, pero en el trayecto tiene un ataque agudo de asma. Cuando intenta recoger su inhalador para darse oxígeno distrae un instante su vista del camino, se desvía ligeramente y embiste al joven de la motocicleta que venía en dirección contraria. El choque es espectacular. El conductor sale disparado y rueda por el asfalto, mientras la moto se incrusta bajo el guardabarros del auto, que se detiene. El joven asmático está en el paroxismo de su crisis. Sigue sin encontrar su puf y casi no puede respirar. Baja del auto y se aproxima al cuerpo del otro, que está agonizando en medio de un charco de sangre. Toma su celular y llama a emergencias, pero en medio de su jadeo no logra articular palabra. Intenta hacerle respiración boca a boca, pero el otro vomita un coágulo sanguinolento y tiene un último estertor antes de la muerte. El joven entra en pánico, mira a su alrededor y no hay nadie a la vista. Sube a su auto y huye del lugar en medio de una nueva crisis de asma. Ha olvidado su puf junto al cuerpo e inicia un torpe intento por borrar sus huellas: se deshace del celular, regresa a su casa, lava sus ropas ensangrentadas y queda postrado, abatido ante lo sucedido.

Una tercera escena transcurre en los tribunales. Estamos en una audiencia y vemos el desempeño de un juez ejemplar. Un hombre sabio, que conoce su oficio y que no duda en poner todo su empeño para que el caso que está siendo ventilado se resuelva con justicia. Termina su labor del día y regresa a su casa. Al llegar, reconocemos la casa y el auto estacionado: se trata del padre del joven que atropelló al motociclista. Encuentra a su hijo presa de un mutismo apesadumbrado y cuando lo interroga, escucha de sus labios la confesión de lo sucedido. Estando al tanto de la gravedad de los hechos, lo tranquiliza, le hace saber los atenuantes: era el primer aniversario del asesinato de su madre, estaba en una crisis asmática y finalmente se trató de un accidente. Su hijo es lo que más ama en la vida y entonces lo persuade de acompañarlo a la policía para declarar y ponerse a disposición de la justicia. Lo hace con dolor, pero a la vez con convicción. En el viaje le adelanta que va a quedar detenido, y lo prepara para afrontar la cuota de responsabilidad que le toca en el desgraciado episodio.

Conociendo por su profesión de Juez el procedimiento y al personal de la comisaría, ingresa primero, dejando a su hijo esperando en el auto. Pero en la antesala, se encuentra cara a cara con los padres del chico muerto, que evidentemente han sido convocados para informarles lo sucedido. La mujer llora desconsoladamente y el hombre la abraza. El juez lo reconoce: se trata de un conocido mafioso de la ciudad, que lidera el crimen organizado en Nueva Orleans.

¿Qué debería hacer un padre, que además es juez, en este caso? Conoce los métodos de la mafia y la impotencia de la justicia frente a ella. Sabe que, de confesar, su hijo está automáticamente condenado a muerte. Pero negar lo sucedido y borrar las huellas que lo involucran, también condena a su hijo y a él mismo a vivir de por vida en la ilegalidad. A descalabrar la existencia de ambos en torno a un siniestro pacto de silencio. A borrar, en nombre de la supervivencia, el legado vital que un padre eligió para un hijo: la verdad y la justicia.

III

El dilema del juez Michael Desiato es presentado en el episodio a través de una curiosa puesta en abismo [2]: una película dentro de la película. Este hombre vuelve sobre sus pasos y emprende una prudente retirada. Sale por la misma puerta por la que entró, se acerca al auto y le indica a su hijo que no baje. En el viaje de regreso le informa la situación: ha atropellado al hijo de la persona más peligrosa de la ciudad. Ahora deben conversar nuevamente sobre qué hacer.

Solos en la oscuridad del living de la casa, ambos permanecen en silencio, mientras suena de fondo un aria de ópera: es el dueto de Las bodas de Fígaro, de Mozart. Aparentemente se trata de música incidental, para ambientarnos en el clima patético de la situación. Pero el travelling de la escena muestra a los dos personajes hundidos, uno junto al otro en un sillón, frente a la luz de un televisor encendido. Y el breve paneo por la imagen en pantalla permite reconocer la película que están viendo.

Se trata del film The Shawshank Redemption (Frank Darabont, 1994), conocida entre nosotros como Sueños de libertad. Ambientada en los años 50 del siglo pasado, narra el largo cautiverio de dos reclusos, Andy (Tim Robbins) y Red (Morgan Freeman), ambos condenados a cadena perpetua en la prisión estatal Shawshank, de Maine, en Estados Unidos.

En una recordada escena del film, justamente la que padre e hijo están viendo en el televisor, Andy está en la oficina del Alcaide ordenando libros y discos que llegaron a la prisión como parte de una donación. El guardia se ausenta momentáneamente para ir al baño y Andy aprovecha la ocasión para poner en el tocadiscos una versión de Las bodas de Fígaro, de Mozart, que reproduce amplificando el audio a través de los altavoces de toda la prisión. Así, mientras suena el duettino "Sull’aria", con el fondo de la voz de las sopranos, las imágenes se detienen en los gestos de asombro de reclusos y personal de seguridad, que asisten al inesperado espectáculo musical.

Se trata de una grave transgresión y Andy será castigado duramente por ello, pero la escena marcará un punto de inflexión en la historia. Y para indicarlo, mientras se reproduce el fragmento de ópera, el director Frank Darabont nos ofrece el monólogo en off del personaje de Morgan Freeman:

“Hasta el día de hoy no tengo idea de qué estaban cantando esas damas italianas. La verdad es que tampoco quiero saberlo. Hay cosas que es mejor no saber. Prefiero pensar que era algo tan hermoso que no puede expresarse en palabras y que por ello mismo alcanza al corazón. Les digo que esas voces se elevaron más alto y más lejos de lo que nadie se atrevería a soñar en un lugar gris como ese. Fue como si un pájaro hermoso entrara en nuestra pequeña jaula monótona e hiciera que las paredes se disolvieran. Por un breve momento, todos los hombres de la prisión de Shawshank se sintieron libres.”

En suma, The Shawnshank redemption trata de la dignidad y honor de un hombre inocente, encerrado injustamente, que logra no sucumbir a la adversidad y construir su libertad. Primero interiormente, y luego efectivamente, aprovechando las debilidades y miserias de sus captores (desde los crueles guardiacárceles al director corrupto de la prisión). La puesta en abismo de esa escena en la que Andy, a través de Mozart, les devuelve a todos los prisioneros su dignidad, es el contrapunto de lo que debe enfrentar el juez Michael Desiato: salvar a un hijo que sabe culpable, de la venganza de otro padre, sacrificando en ello su propio honor ante la ley y ante los ojos de su amado hijo.

IV

Veamos el problema desde una segunda puesta en abismo, en este caso narrativo-conceptual. En su artículo, “Cine atropellado: de Wim Wenders a Lucrecia Martel”, el filósofo Julio Cabrera ofrece una fascinante galería de películas que tienen en común el atropellamiento automovilístico. Por cierto, este primer episodio de Your Honor merecería integrar esa serie. No sólo porque su trama argumental así lo indica, sino por el núcleo existencial que anida detrás del acto en cuestión. Dice Cabrera en su artículo:

No hay ninguna distracción o casualidad o negligencia que no se apoye dolorosamente en el tejido del “ser-en-el-mundo” de los humanos. Una primera constatación filosófica, delante de las “películas atropelladas”, es que, en ninguna de ellas, interesa centralmente el hecho del atropello. Podemos decir sin tapujos que lo más notable del cine atropellado es que él no trata realmente del atropello; cuando ese hecho es mostrado, eso toma tan sólo unos pocos segundos. Toda la enorme extensión de las películas trata de otras cosas que tienen al atropello como fondo desdibujado, borroso o confuso. En estas películas, paradójicamente, los accidentes son siempre accidentales. Lo que importa es lo que ellos son capaces de producir en el registro de las acciones, pasiones y reacciones de los involucrados, o en lo que el impacto emocional del atropello ayuda a desvendar, con total independencia del contenido específico de los atropellos en cada filme. [3]

Siguiendo el argumento del filósofo, aportaremos entonces el suplemento analítico: la narrativa de la que se vale Sigmund Freud para abordar el trasfondo ético-clínico de la cuestión. Se trata del mito de Tótem y Tabú, en el que se narra el asesinato del protopadre, cometido entre los hermanos de la horda primitiva.

A partir del relato, Freud hace del nudo entre falta, culpa y pena el fundamento del orden social. Es la culpa retroactiva por ese asesinato primordial el que a posteriori funda las leyes de prohibición del incesto. La función de la ley, heredera del padre, oficia de terceridad simbólica que anuda falta, culpa, deuda y pena. Nudo estructural sobre el que se montan las leyes particulares e históricas que han organizado las sociedades.

Pero ocurre que este nudo está siendo cada vez más desanudado en nuestra contemporaneidad. Cabe entonces la pregunta: ¿qué efectos sociales produce este desanudamiento de la relación entre falta, culpa y pena? Una falta sin culpa que tiene por consecuencia la desrresponsabilización; una falta sin condena, que vuelve a la ley impotente por inaplicable. El anudamiento puede alterarse si quien ocupa el lugar de agente de la ley en vez de hacer lugar a su función, hace lugar a su goce. Es el clásico caso del juez corrupto o venal, cuyos fallos no son dictados por deseo de justicia, sino por conveniencia, favores económicos, vínculos de amistad o simple oportunismo personal.

La serie Your Honor propone un giro menos obvio y más dramático: ubicar a un juez efectivamente honorable en una relación de desigualdad de poder ante un padre poderoso que no se rige por la ley sino por la venganza personal. Una situación de vel alienante en la que, si Desiato elige por el honor y transmite a su hijo la ley haciéndola cumplir, ayudándolo a que asuma un homicidio culposo, se topará inevitablemente con la venganza del padre de la víctima. Un padre terrible para quien la ley como medida no alcanza ni importa, y sólo espera que la sangre se pague con sangre, retrotrayendo la fuerza de la ley a la ley de la fuerza.

De modo que, si este padre y juez opta por hacer cumplir la ley para con su hijo Adam, paradójicamente lo arrojará a un exceso fuera de ley. La alternativa para Desiato no es “pena legal o venganza”, ya que, si elige la ley, no podrá evitar de todos modos la venganza. Y para salvar a su hijo no de la ley sino de su impotencia para acotar el exceso de goce del Otro que encarna el capomafia como Uno de excepción, él mismo se verá en la situación de tener que actuar por fuera de la ley y así perder su honor ante sí mismo y ante su hijo.

Con la declinación del Nombre del Padre y la impotencia de la ley para introducir una medida fálica frente al capricho del Otro, se abre el abismo sin límite de la venganza. Y el esfuerzo de este padre para salvar la vida del hijo sacrificando su honor, afectará también al hijo por salvar, que verá a su padre derrapando como agente de la ley. [4]

V

Volvamos a la pregunta inicial: ¿es posible sustraernos de semejante vel alienante? ¿Puede la historia tener otro destino que el de un estrago inexorable?

Your Honor propone el choque entre dos padres: uno, que se ve impedido de hacerse agente de la ley; el otro, que hace de su capricho y su sed de venganza, la única ley. El conflicto ético nos enfrenta a una alternativa cruel: ¿es posible hacer entrar a este segundo padre –ubicado como Uno de excepción– dentro de la ley del “para todos”, o su exceso arrastrará al juez honorable fuera de la ley que pregona? Y esto segundo en una dinámica de déficit e impotencia, o incluso de un exceso equivalente al del agresor.

La serie nos confronta así al eclipse de la función paterna, sea por la figura del padre brutal que está por encima de la ley, sea por la figura del padre que, ante la imposibilidad de hacerla valer, amenaza derrapar su honor para evitar una injusticia mayor.

En esta disyuntiva es donde cobra todo su valor la lectura ético-clínica. La función de la narrativa cinematográfica es justamente la de abrirse al abismo de lo imposible. Así pensada, la serie Your Honor no es otra cosa que el intento desesperado por hallar una salida; una salida que, por estar estructuralmente desencontrada, requiere de un movimiento singular: hacer del dolor por un hijo atropellado la pregunta por el atropello de la función del padre.


NOTAS

[1Como veremos más adelante, el honor causa, impulsa, obliga al sujeto a comprometerse en cierta vía, que es aquella que comanda el Ideal del Yo como heredero del Complejo de Edipo, dándole una dirección al deseo en el que el Yo ideal queda comprometido al hacerlo sentirse en falta.

[2La expresión francesa "mise en abime", o "mis en abyme" cuya traducción literal es «puesta en abismo», es una figura retórica tomada de un motivo de la heráldica que designa un dibujo en el centro del escudo de armas que reproduce, en menor escala, los contornos exactos de ese mismo escudo. La expresión se utiliza para referir a una obra que se muestra en el interior de otra, que habla de ella, cuando la identidad entre los dos sistemas significantes les permite entrar en interlocución. Una pintura representada en una pintura, un relato dentro del relato. En este caso nos interesa destacar el valor clínico de este recurso estético

[3Cabrera, Julio, En La cueva de Chauvet https://lacuevadechauvet.com/cine-atropellado-de-wim-wenders-a-lucrecia-martel/ . Otros escenarios que podrían integrar este repertorio de “cine atropellado” y sobre los que hemos trabajado son el episodio “Cocodrilo” de la serie Black Mirror y el film “Historias mínimas”, de Carlos Sorín. En el primero, dos jóvenes atropellan a un ciclista (Cambra Badii, 2020); en el segundo un anciano atropella a un perro (Michel Fariña y Zimmerman, 2002). En ambos, la interpelación (o la ausencia de ella) resulta el eje excluyente de la trama.

[4Ver al padre desnudo, sólo puede incentivar en el hijo la culpa y la necesidad de castigo, en un círculo infernal en el que ambos arriesgan quedar atrapados.






COMENTARIOS

Mensaje de Mara Fernández Sena  » 23 de agosto de 2021 » mara.fernandezsena@gmail.com 

Los autores analizan el dilema que se le presenta a un Honorable Juez, de intachable moral, cuando su hijo atropella al hijo del líder del crimen organizado de la ciudad. Entonces ¿Entrega a su hijo siguiendo sus convicciones y se enfrenta a la venganza del padre de la víctima, o encubre a su hijo en contra de su moral?
Tal como mencionan los autores, los padres transmiten la ley y la hacen cumplir, al igual que el juez. A su vez las fallas en esa transmisión producen síntomas en los hijos o en la sociedad. En esta serie se nos presentan dos padres diferentes. Por un lado, un mafioso que infringe la ley, del que se puede suponer una falla en la función paterna. Por otro lado, el juez que, por su alta moral, se infiere que ha podido transmitir la ley paterna a su hijo. Sin embargo, se puede observar que el hijo del Juez padece de asma. Las enfermedades autoinmunes se pueden encuadrar dentro de los Fenómenos Psicosomáticos. Según Lacan, el significante del nombre del padre es el que funda la cadena de significantes (S 1 ,S 2,…), dando cuenta de la falta en el Otro. Esta Operación permite que el sujeto se pregunte por el deseo del Otro y se produzca una separación. Es en el intervalo entre los significantes donde adviene el sujeto del inconsciente. Cuando existe una falla en la función paterna no hay posibilidad de separación constitutiva del sujeto y por lo tanto no puede asociar y dialectizar para crear nuevos significados. En consecuencia, el significante que viene del Otro se descarga en el cuerpo (asma, psoriasis, urticaria, etc).
Volviendo al dilema planteado, es evidente que ambos son particularidades de una época. Por un lado, el juez que debe apegarse a la ley y por el otro, un líder del crimen organizado con poder e intocable.
El juez deberá intentar resolver el dilema buscando una solución desde su singularidad trascendiendo los particulares



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Película:Your Honor

Titulo Original:Your Honor

Director: Peter Moffat

Año: 2020

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